Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El arco iris ya no es lo era

Hoy el arco iris ha sido secuestrado bajo falsa bandera no exenta de fanatismo sectario. Pero hubo un tiempo en el que además de meteoro tenía varios importantes significados simbólicos incluso sagrados.

La acción de la luz en la Atmósfera nos presenta varios fenómenos visuales estéticamente bellísimos.  Así los halos, las auroras boreales, la luz zodiacal, los relámpagos, las coronas lunares o varias formas solares en el horizonte, incluido el rayo verde verniano.

Y el arco iris del que vamos a hablar un poco a continuación.

El arco iris se produce cuando se cumplen tres condiciones: gotas de lluvia, presencia del sol o de la luna, determinada posición del observador entre las gotas de agua y el sol o la luna.

El rayo de luz se descompone al atravesar las gotas de agua en siete colores elementales: violeta, índigo, azul, verde, amarillo, naranja y rojo.

Una de las primeras cuestiones a considerar es que el arco iris no es un fenómeno único sino que admite variantes. Así existen arcos iris simples, dobles, e incluso triples.

Los más conocidos son los solares simples o dobles pero aunque muy raros también se han observado triples o por la acción de la luna. En la ilustración de un libro del astrónomo Camilo Flammarion que reproducimos al mrgen se refleja uno de estos raros arcos iris lunares en la campiña francesa.

Pero  los arcos iris también han sido tratados en la mitología tanto bíblica como griega.

Siempre asociados a la Belleza o a un pacto entre el hombre y los dioses, como una especie de puente sutil o espiritual entre ambos. De esta visión como puente entre la tierra y el cielo por el que subirían los gigantes participa también la mitología escandinava.

En la Biblia el arco iris se considera manifestación contractual de la alianza de Jehová con Noé, tras el diluvio. Hipótesis según la cual el arco iris habría sido un fenómeno desconocido antes del diluvio, lo que dio lugar a varios debates entre teólogos y naturalistas supongo que no menos interesantes y precisos que los actuales sobre las peripecias del cambio del clima climático climatizable.

San Basilio lo consideraba un símbolo de la Trinidad. Para otros teólogos los colores azul y rojo significaban la doble naturaleza de Jesús. No obstante, el sentido científico se abrió paso gracias al monje Theodorico, el arzobispo De Dominis. Y luego por racionalistas como Descartes.

Iris, llamada también Clara Dea, es también mensajera de los dioses, pero especialmente consagrada al servicio de Juno, la diosa del Cielo. Hija del titán Taumante y de la oceánida Electra, Iris vuela como el viento o como el soplo de la tempestad.

Dice Homero, ojo que según Platón los poetas siempre mienten, que es rápida como la nieve o como el granizo al desprenderse de la nube. Baja del cielo a la tierra y en el camino que recorre quedan pintados todos los colores del arco celeste.

Así pone en comunicación la morada del hombre con la divina.

La Teogonía la pinta como una golondrina deslizándose por el vasto cristal de las olas para ir a llenar el dorado jarro que lleva en la mano en la laguna Estigia, por la cual juran los inmortales. A veces Iris era representada surcando los aires, vestida con holgado y flotante ropaje.

Sea como fuere la explicación de su origen, el arco iris siempre resulta un fenómeno hermoso, evocador de la magia y de la espiritualidad.

Lástima que ahora su simbolismo se encuentre secuestrado y envilecido. Incluso que a su vez se desdoble como la propia luz blanca en multitud de géneros, subgéneros y pintorescas especialidades binarias, ternarias, cuaternarias, trans, tordas,… Toda una tipología disparatada y descomunal reflejo del actual desvarío suicida y devastador que constituye el signo de los tiempos.

Cuando se pierde o desnaturaliza el sentido de los símbolos deviene la barbarie.

 

 

 

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