Alfonso De la Vega

Ensayos

Subtítulo de los ensayos

El Greco a su maniera: Locura, amor y apostolados.

Cuando El Greco llegó a España de la mano de sus amigos Benito Arias Montano y Luis de Castilla, y profundizó en el conocimiento del español, empezó a comprender, como luego lo haría Schopenhauer, las consecuencias éticas y estéticas de la revelación que supone el que en esa lengua tan sabia querer signifique igualmente “amar” y “tener voluntad de”.

Dominico se enamoró en Toledo y de Toledo, la antigua y entonces ya decadente ciudad visigótica, islámica y hebrea, solar del primer Renacimiento europeo,  y que de modo algo paradójico en quien procedía de la Venecia o Roma renacentistas, se convertiría en la sede de su residencia de la segunda mitad de su vida.

Toledo le plantea a Dominico la visión de los misterios del Amor. Su relación erótica con Jerónima de las Cuevas, la madre de su hijo, Jorge Manuel, la voluntad de superarse  como pintor y como hombre, de construir a su maniera, la técnica para expresar lo inexpresable. Poseer un método o ser poseído por el Arte que se entrega cuando quiere a sus elegidos. Siente el mismo desafío que Juan De Yepes, quien intuye desde el exilio de la libertad que constituye su reclusión en la prisión toledana, dónde está la fuente que mana y corre, y da forma al agua clara que surge del manantial oscuro, indecible e infinito, con su prodigioso Cántico a través de cuarenta liras como cuarenta chorros maravillosos.

El Greco busca un método, su propia forma correcta de hacer las cosas para suplir con él adonde la genialidad no llega, para dar cuenta de la posesión de lo amado. La realidad nos revela decires infinitos. El lenguaje nos limita en su finitud. Sobre todo en la semántica cuando queremos expresar el universo total del Ser, pero sólo contamos con criaturas. La cábala sefardita nos enseña que las letras tienen un alma que les da sentido espiritual, además de cuerpo con sentido literal, y se relacionan con los números. Pitágoras explicaba a sus discípulos que el universo es un conjunto de números e ideas. Construir la arquitectura del cuadro conforme con las leyes de la armonía según nos dice Platón en el Timeo, Fra Luca Pacioli en De Divina Proportione, su obra pitagórica renacentista ilustrada por Leonardo, o como hacia Andrea Palladio en sus hermosos edificios en que la luz mediterránea se serena en la piedra, no le basta a El Greco: Dios “geometriza”, es verdad, pero hay algo más en la experiencia de la Vida y la Libertad, que es el arquetipo de lo sagrado.

Cuentan que sólo dicen la verdad los locos, los niños y los desesperados.

Su hijo Jorge Manuel, en su Entierro del señor de Orgaz nos señala, con resonancias de los antiguos misterios griegos que describe Apuleyo, o cabalísticas, masónicas y rosacrucianas, un misterio, el de la Vida tras la Muerte. Vuela el alma, como dice El Zohar, en las manos de un ángel durante el sueño. El sueño tras la vigilia cotidiana o durante la noche de la muerte.  Pero hay quien sólo mira al dedo del niño guía y no se fija en lo que le enseña.

En sus series de Apostolado, Dominico se inspira en los locos o enajenados del Nuncio, el manicomio toledano de su tiempo. Las revelaciones del daimon de Sócrates, los paradójicos monólogos de Hamlet y luego de Segismundo.

Flammarion en su ensayo “Dios en la naturaleza” reflexiona acerca de la locura y de sus relaciones con el espíritu: “A propósito de deducciones no podemos dejar de admirar cuán fácil es sacar de los mismos hechos consecuencias contrarias. Todo depende de nuestra disposición de ánimo, y era cosa de desesperar de los progresos de la teoría, si la  mayoría de los hombres tuviese el carácter mal formado. Por ejemplo se ha hecho la experiencia de que algunos enajenados habían recobrado a veces la conciencia (como el mismo don Quijote) y la razón poco antes de su muerte. Los espiritualistas habían deducido de aquí que las almas de estos desventurados volvían después de un dilatado aislamiento al conocimiento de si mismas y a la libertad de acción sobre el cuerpo, y que en este momento supremo les era permitido abrir la  mirada de su conciencia, sobre el tránsito de esta vida a la otra. Los materialistas invocan al contrario este argumento a su favor, diciendo que la cercanía de la muerte libra al cerebro de las influencias penosas y morbíficas del cuerpo.”

Platón en el Fedro o diálogo sobre la Belleza, también hace hablar a Sócrates acerca de la locura, alguna de cuyas formas tiene origen divino. “los antiguos que pusieron nombres a las cosas no consideraban la locura (manía) como algo vergonzoso ni como un oprobio, pues de ser así no habrían enlazado ese nombre a la más hermosa de las artes, la que juzga el porvenir, llamándole maniké, adivinación. Por el contrario, le dieron ese nombre juzgando que la locura es una cosa hermosa siempre que tiene origen divino.  Los modernos, privados del sentido de lo bello, le han dado una t y la llaman mantiké. Del mismo modo, a la indagación del porvenir llevada a cabo por hombres en su sano juicio mediante las aves la llaman oinostiké. Es más hermosa la locura que procede de la divinidad que la cordura que tiene su origen en los hombres. Incluso las enfermedades y pruebas más horribles que afligen a algunas familias, encontró la locura profética una liberación, al producirse en los que a ellas estaban condenados, recurriendo a oraciones y servicios en honor de los dioses, y por este medio llegó a descubrir purificaciones y ritos de iniciación, e hizo indemne, para el presente y el futuro, al que participaba de ella, encontrando una liberación de los males presentes para aquel que rectamente enloqueciera y alcanzara la posesión.

La forma de posesión y de locura, la que procede de las Musas, al ocupar un alma tierna y pura, la despierta y lanza a transportes báquicos que se expresan en odas y en todas las formas de poesía, y celebrando miles de gestas antiguas educa a la posteridad. Pero cualquiera que, sin la locura de las Musas, accede a las puertas de la Poesía confiando en su habilidad bastará para hacerle poeta, ese es él mismo un fracasado, de la misma manera que la poesía de los locos eclipsa a la de los sensatos.

Todas estas son las bellas obras, y aún podría nombrarte más, de la locura que tiene su origen en los dioses.

El hombre tiene que comprender según lo que se llama idea, yendo de numerosas sensaciones a una sola comprendida por el razonamiento. Esto no es sino la reminiscencia de aquello que en otro tiempo vio nuestra alma cuando marchaba en compañía de la divinidad, y mirando desde arriba a lo que ahora decimos que es, levantaba su cabeza hacia lo que verdaderamente es. Por esta razón es justo que sólo eche alas la mente del filósofo, en efecto, mediante el recuerdo y en la medida de sus fuerzas, no se aparta de aquello que hace que un dios, por no por apartarse de ello sea divino. Por consiguiente, el hombre que sabe servirse de tales recuerdos, iniciado continuamente en los misterios perfectos, es el único que llega a ser verdaderamente perfecto, pero como se aparte de las ocupaciones de los hombres y se consagra a lo divino, el vulgo le reprende como si estuviera fuera de sí, y no se da cuenta que está poseído de un dios.

La justicia, la templanza, y todas las demás cosas para el alma, no poseen ningún resplandor en sus imágenes de este mundo. La belleza en cambio pudimos verla en todo su esplendor… y celebramos ese misterio en nuestra integridad y sin haber experimentado todos los males que luego hemos sufrido, siendo a su vez simples, íntegras, inmóviles y beatíficas las visiones que durante nuestra iniciación y al término de ella contemplábamos en un resplandor puro, puros nosotros y sin la marca de este sepulcro que ahora llamamos cuerpo, que nos rodea, y al que estamos encadenados como la ostra a su concha. …pero solo a la belleza le ha caído en suerte ser lo más manifiesto y lo más susceptible de despertar el amor.”

Las heroicas locuras del desocupado hidalgo Alonso Quijano que le convierten en el caballero Don Quijote por amor a Dulcinea, su alma. Ese  ideal que el siniestro Avellaneda en su pretensión de burlar a Cervantes y lo que él representa para la educación de la humanidad, convierte en mujer “del trato”, mientras encierra definitivamente al caballero precisamente tras los muros del hospital del Nuncio. Burla fallida como nos indica el hecho de que, casi tres siglos después, el joven Freud, aún estudiante en Viena, aprendiera español para poder comprender mejor las desusadas razones de los locos más sublimes. Los sabios que investigaban la naturaleza humana en los mismos tiempos en que la figura de El Greco comienza a ser nuevamente reivindicada en  Europa, indicaban que la mente aparece como una bola de luz sutil que vuela cerca de la cabeza del individuo pero fuera del cuerpo. La mística representa un amoroso arrebato, la enajenación del teresiano vivo sin vivir en mí, del que está fuera de sí, de la razón y de los sentidos.

No sabemos si El Greco empleaba como modelos a los locios del Nuncio toledano simplemente porque eran accesibles o bien porque conocía bien el  neoplatonismo. Me inclino por lo segundo. Pero, ¿Cuál es la verdad de El Greco?  ¿Es su maniera una forma desesperada de buscar el sentido de la Vida, gracias a la Pintura y el Arte?. Más allá de los criterios criptográficos de Juan Bautista Porta en “De occultis literarum notis” o iconográficos de Cesare Ripa, El Perugino, El Greco, como luego Cervantes, desarrollará su propio lenguaje artístico, más interesante aún por lo que sugiere acerca de los decires ocultos, prohibidos o inefables, que por lo que claramente expresa.

Son varias las ciudades relacionadas con El Greco: Fódele y Candía en la lejana Creta, Venecia, la perla del Adriático, Roma, Toledo, o la Sevilla ilustrada de Pacheco o del doctor Montano.

Pocos artistas más misteriosos que el genial pintor que apareció por España en busca de la gloria oficial como pintor del rey  prudente, pero que se quedó hasta su muerte en el fascinante heterodoxo Toledo, cuna de la cultura española moderna.

LOS APOSTOLADOS

El Greco y su taller desarrollarían a lo largo de los últimos años de la vida del artista varias series del tema Apostolado.

El Greco pintó dos Apostolados mayores, junto con el Salvador, que se conservan en la catedral y museo del Greco en Toledo, y otros de menor formato de los que se conserva integro la colección del marqués de San Feliz de Oviedo, con figuras de medio cuerpo. La serie de la catedral es completa con figuras hasta la rodilla.

Para Elías Tormo el San Lucas de esta serie es el más auténtico autorretrato del pintor cretense.  La más uniforme y mejor de las series conservadas probablemente sea la del Museo del Greco. El taller del pintor realizó también otros Apostolados como el de Almadrones (Guadalajara). Su hijo Jorge Manuel prestó un Apostolado al Hospital Tavera de Toledo unos años después de la muerte del pintor. Las series suelen constar de los doce apóstoles más la figura del Salvador, realizada al gusto bizantino. Como en una especie de Tabla Redonda cada uno de los doce apóstoles sugiere una virtud, o representa a un color.

El Salvador está en posición frontal, levanta su mano derecha en la actitud de bendecir, mientras apoya la izquierda sobre un globo terráqueo.

San Andrés lleva la cruz en forma de X, aunque en alguna serie como la de Almadrones sólo presenta un palo de la cruz.. Suele vestir túnica azul y manto verde.

San Bartolomé sujeta a un demonio encadenado, la pasión domeñada por la voluntad. En el serie de San Feliz se llama San Bartolomé a San Simón. En la mejor representación, la del museo, aparece vestido de blanco.

Santiago el Mayor, en esta misma serie del museo, empuña el bastón de peregrino en su mano izquierda y gesticula con la derecha abierta. El color de la túnica suele ser azul claro con el manto verde vivo. A veces sin el manto su representación se confunde con la de

Santiago el Menor, cuyos atributos varían en las diferentes series.

Especial mención por su alcance simbólico merece la figura de San Juan Evangelista, que suele ser representado vestido con túnica verde recubierta de manto rosa, o bien azul con manto rojo con un cáliz en la mano que muestra a un dragón surgiendo de su interior. De acuerdo con la antigua gnosis las siete ciudades del Apocalipsis, que significa revelación en griego, representan simbólicamente no ya las conocidas ciudades de Asia Menor, hoy en territorio turco, sino cada uno de los siete chacras o centros psíquicos por los que se eleva la energía (el dragón, la serpiente) atrapada en la materia hasta resolverse en un nimbo de luz junto a la cabeza o se muestra iconográficamente en forma de bastón florecido.

En otras pinturas grequianas de santos, figura junto a San Juan Bautista, es decir representando a los dos solsticios cuyas traducciones cristianas son los dos juanes, como juntos aparecen ambos también, mirando hacia el sur, en el Pórtico compostelano del maestro Mateo.

San Judas Tadeo aparece como un anciano de expresión poco amistosa con una alabarda y vestido con paños rojizo anaranjados.

El San Lucas de la serie de la catedral toledana, muestra un libro abierto y se considera el patrono de los pintores, por lo que adopta la cara del propio autor. En su mano derecha tiene un pincel y viste siempre una túnica verde. En el de la serie de San Feliz el libro está cerrado.

San Mateo suele confundirse. Aparece con un libro abierto en la mano izquierda y un a pluma en la derecha y parece reflexionar acerca de la redacción de su evangelio. Suele llevar un ropaje rosa que cubre una túnica azul.

San Pablo lleva espada, también con el mismo vestido que San Mateo.

San Pedro viste túnica azul con manto amarillo y se reconoce fácilmente por las llaves que porta.

El San Felipe de las dos series toledanas viste de amarillo y azul.

San Simón aparece siempre leyendo un libro abierto que sujeta con ambas manos. Porta ropajes amarillos con túnica azul.

Santo Tomás lleva una escuadra de carpintero en la representación de la catedral, símbolo también del aprendiz masón, que aparece doblemente en el Entierro. En la serie del museo lleva una lanza y viste  de azul pálido sobre rojo anaranjado.

La identificación de los apóstoles o asociación mediante los colores probablemente fuera aprendida por El Greco en Italia. En el antiguo tratado de Manuel Panselinos adoptado por los pintores de iconos se establecía cómo debían ser los colores de los vestidos y actitudes de todos los santos de la Iglesia. Atendiendo a las impresiones indicadas por los clarividentes, las auras humanas poseen diversas tonalidades que se asocian a estados mentales o emocionales. Así por ejemplo, el rosado se asocia a la dulzura y amabilidad. El anaranjado al amor por la vida, y a altos y apasionados ideales. El amarillo a la sabiduría intuitiva, misticismo y metafísica. Si más pálido a los poetas y soñadores. El verde a la virginidad, esperanza y desarrollo espiritual. Al odio, la envidia y a los celos si fuere muy oscuro. También la tonalidad oscura del azul se asocia al psiquismo superior. El azul al pensador amante de la verdad y de la justicia. El claro, a la razón tolerante y bondadosa. El rojo y el castaño oscuros se asocian al apasionamiento material, la intolerancia y la mezquindad. El negro se identifica con la malicia y odio.

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