Alfonso De la Vega

Ensayos

Subtítulo de los ensayos

Energía, sostenibilidad y sistemas agrarios

Este texto fue publicado en junio de 2004 por la Revista del COIAG.

 “contra los progresistas y su ingenua fe en un mañana mejor descubrió Carnot el segundo principio de la termodinámica. O acaso fueron los progresistas quienes para consolarnos de ella decidieron hacernos creer que todo será para bien, como si el universo entero caminase hacia una inevitable edad de oro”

                                                                                         (Juan de Mairena, 1936)

 

“en agricultura, sólo 1/3000 horas de trabajo humano por unidad de producto se necesitan comparadas con 1840…no respondo de la exactitud de estas cifras. Los tecnócratas de quienes proceden son demagogos y, por tanto, gente sin exactitud, poco escrupulosa y atropellada”

                                                                                     (José Ortega y Gasset, 1939)

 

Energía y sistemas agrarios

 

Don Pascual Carrión, nuestro ilustre compañero, antiguo catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid, afirmaba en tiempos tumultuosos de nuestra Historia, con ocasión de los intentos republicanos de promover una Reforma Agraria, que “la solución del problema social agrario es fundamental para la vida de los pueblos y especialmente para España”. Muchas cosas han cambiado desde entonces, y aunque lamentablemente del planeta no se ha erradicado aún el hambre, en España ya no existe la antigua y dramática presión sobre la tierra pues la población empleada en la agricultura y residente en el mundo rural ha descendido enormemente, de modo que muchas extensiones de nuestros campos se hallan solitarias, abandonadas, y  los sistemas agrarios se han simplificado, perdiendo gran parte de su complejidad y riqueza ecológica, cuando no desaparecido. Detrás de tan profunda transformación existen muchas causas pero querría centrarme hoy en una de singular importancia como es el papel de la energía en los sistemas agrarios y su influencia en la actividad y la ordenación del territorio.

El asunto no es nuevo ni en los hechos ni en su tratamiento metodológico o científico y por su gran interés estratégico para la sociedad y para nuestra profesión, hubo una época en que pude dedicar tiempo a estudiarlo con cierto detenimiento. Ya en la Asamblea Nacional de Ingenieros Agrónomos de 1980 escribía una comunicación titulada “Consideraciones acerca del estudio energético de la agricultura española” en la que entre otras muchas cuestiones proponía la conveniencia de promocionar la investigación desde la perspectiva energética, perfeccionar las técnicas más adecuadas y promover el empleo de los análisis energéticos y el desarrollo de proyectos inspirados en estos criterios. Y en la exposición de una ponencia del III Simposium nacional sobre Combustión celebrado en Valencia en 1982 o en el Seminario sobre La agricultura en la ordenación del territorio y el medio ambiente, desarrollado por el IRYDA en 1981, tras las anteriores crisis energéticas, afirmaba que la crisis de la energía implica una cierta crisis también de confianza en instituciones como la llamada ciencia económica. Pues para saber en que fases del proceso productivo resulta posible sustituir petróleo y / o ahorrar energía es preciso conocer cuales son los flujos reales en términos de materia de los sistemas de producción. Hay que emplear unidades físicas, ya no bastan las monetarias y es preciso conocer las leyes de funcionamiento de los procesos de transformación de la materia y de la energía: hay que recurrir  a la Termodinámica, a la Ecología, a la Biología, a la Edafología. Y entonces resulta pues, que el sistema de asignación de recursos agrícolas, ganaderos y forestales basados en criterios simplemente pecuniarios, se muestra insuficiente: hace falta una visión global del problema. Definiendo las limitaciones ecológicas al desarrollo del proceso económico y reencontrándose con el mundo físico. Tarea en la que deberíamos participar con especial dedicación los ingenieros agrónomos si tratamos de recuperar un discurso propio y diferenciado, o al menos, como mal menor, sobrevivir en un cierto “nicho ecológico profesional”.

En este orden de cosas y de los estudios de diferentes sistemas agrarios se deduce que, durante las últimas décadas, la agricultura española ha experimentado un cambio de modelo muy acelerado pasando de lo que pudiera definirse como tradicional, semi-industrial, al común a los países industrializados. El resultado ha sido un incremento del output agrícola financiado por un mayor consumo de energía fósil, y un descenso en los rendimientos energéticos del proceso productivo.

Este descenso se deriva de la sustitución de recursos propios, entre los que también pudiéramos incluir el mismo trabajo, por energía fósil en sus diversas formas: fertilizantes nitrogenados, combustibles para producción y transporte, capital en forma de maquinaria, cuya obtención no hay que olvidar tiene también una importante base energética fósil.

En este conjunto de transformaciones tiene singular importancia el desarrollo de la ganadería intensiva alimentada con productos agrícolas propios del consumo humano como el maíz o la soja. Sus importaciones de varios millones de toneladas anuales deberían formar parte de la partida de importaciones energéticas pues constituyen importantísimas aportaciones de energía al sistema alimentario español. Y un combustible diferente, por cierto, del que usaban las “máquinas vivientes” de nuestra cabaña autóctona, más resistentes y mejor acomodadas al medio natural y capaces de aprovechar mejor los propios recursos pascícolas y la fotosíntesis no subsidiada con energía fósil.

Algunos diagnósticos

Como resultado de todo este proceso de trasformación cabe afirmar que no podría mantenerse el actual de régimen de proteína animal en la dieta española en el supuesto de régimen de autoabastecimiento. Y de modo mucho más preocupante para la alimentación de la humanidad en el futuro esta cuestión puede generalizarse puesto que el modelo agrario y de consumo alimentario de los países accidentalizados plantea una importante presión sobre los recursos energéticos no renovables a nivel mundial. Estas consideraciones deben tenerse en cuenta muy especialmente ahora que los superpoblados países orientales emergentes están contribuyendo a aumentar la demanda mundial de energía fósil.

Pero hay otros espejismos en los que no se debe caer.

Uno de ellos es la tentación de aumentar la oferta de energía promoviendo la producción de biomasas. Suele ser un espejismo en muchos casos, puesto que, como hemos apuntado antes, gran número de cultivos de los sistemas agrícolas occidentales tienen rendimientos energéticos casi negativos. Es decir, que su producción requiere inputs energéticos iguales e incluso mayores según los casos, que su valor expresado en unidades energéticas. De modo que la generación de, por ejemplo, de metanol o etanol, salvo en procesos de fermentación de gran especificidad enzima sustrato, o se reemplee energía térmica de cogeneración, suelen ser procesos endotérmicos, consumidores más que generadores de excedentes de energía útil.

Otro es pensar que flujo de energía que sustenta la agricultura de los países industrializados se gasta sólo en los predios y no también en las ciudades para fabricar abonos, refinar crudo de petróleo, construir maquinaria, lograr mejoras genéticas, o transgénicos ¿pasará con éstos como con el DDT?, obtener productos fitosanitarios, así como alimentar el transporte, la organización social, Administraciones públicas, empresas industriales, servicios en general. Todo ello permite el mantenimiento y la reproducción en el tiempo del sistema agrario, éste a su vez, los del sistema productivo global, al sustentar la de su parte más importante: la gente.

La visión economicista neoclásica

Otro espejismo, conceptual y metodológico, es el olvido de los postulados en que se basa el concepto de riqueza social y del objeto propio de lo económico en los planteamientos de la teoría económica neoclásica, modelo que es el habitualmente estudiado y se emplea en la toma de decisiones.

El llamado sistema económico surge tras la Ilustración como un todo coherente de relaciones lógicas, dotado de una entidad propia de funcionamiento, que se mueve por sus propios automatismos, inspirado matemáticamente en el modelo de la mecánica Newtoniana, mediante criterios de optimización y de completa sustituibilidad de los diferentes recursos.  Frente a los planteamientos de sir Francis Bacon de que “el modo de dominar la Naturaleza es obedeciéndola”, nuestro Jovellanos en su famoso Informe sobre la Ley agraria patrocinaba luchar contra la Naturaleza, vencerla y mejorarla, con el concurso de la protección del interés individual.

Posteriormente León Walras en su gran obra “Elementos de Economía Política Pura o Teoría de la Riqueza Social”, de 1870, define la riqueza social, el ámbito en que se va a mover su sistema mecánico: “yo llamo riqueza social al conjunto de las cosas que son raras y nos son útiles, de una parte, y de otra, no existen más que en cantidad limitada”. Y más adelante explica la naturaleza de las cosas que forman parte de la riqueza social:

“el valor de cambio y la propiedad recaen sobre la riqueza social y toda ella”

“las cosas útiles tienen valor de cambio e intercambiabilidad”

“las cosas útiles limitadas en cantidad son industrialmente productibles o multiplicables”

El mismo Walras lo resume así: “el valor de cambio, la industria y la propiedad son los tres hechos generales de los que toda riqueza social es el teatro”.

Como resultado de esta breve incursión entre las más importantes fuentes del pensamiento económico establecido, cabe resaltar por su especial interés para nuestra profesión, que los criterios de la economía política neoclásica no deberían seguir siendo los únicos, ni siquiera quizás los más importantes para la asignación y gestión de los recursos naturales. Ni por la realidad objeto de estudio ni por su optimización en unidades monetarias y no físicas.

Conclusiones 

A modo de conclusión voy a intentar resumir un conjunto de planteamientos o enfoques inspirados en las consideraciones anteriores, en los que los ingenieros agrónomos deberíamos participar no sólo como ciudadanos sino como resultado de nuestra propia reflexión sobre el resultado del buen hacer profesional:

Escasez

Frente a los planteamientos subjetivos, la ophelimité  de Pareto o la rareté de Walras, y el criterio de que “la ciencia económica hace abstracción de lo útil en sentido de bueno convirtiéndolo en lo deseable”, nos corresponde el estudio de la escasez como algo objetivo, es decir la escasez real, medible o estimable en unidades físicas, atendiendo a valores vitales obtenidos de los conocimientos de bromatología, ecología, biología, etc.

Valor

Frente al valor de cambio, medido en unidades monetarias es preciso considerar también el valor de uso y por tanto la idoneidad de la cantidad y calidad de los alimentos

Unidades

Frente a las unidades monetarias las de materia y energía expresadas en unidades físicas.

Renta

Frente a la consideración únicamente como variable flujo la averiguación de hasta que punto esta variable flujo se encuentra derivada de una variable fondo o stock.

A este respecto, es muy importante la protección de nuestro patrimonio natural, y por tanto la introducción de cuentas de patrimonio natural, en que se considere el recurso Tierra, así como sus pérdidas provocadas por la erosión, contaminación o destrucción de ecosistemas naturales. La ley del suelo debería incluir un catálogo de suelo fértil o de suelos de especial protección atendiendo a sus especiales características agronómicas.

Gestión de recursos

En vez de basarse sólo en valores monetarios, es decir subjetivos, deberá tener en cuenta también el estudio y conocimiento de los ciclos de materia y energía de los ecosistemas.

Producción

Debido a que enmascara la destrucción de facto de recursos no renovables es preciso tratar de de identificar lo que la actual producción supone de destrucción, diferenciando los inputs renovables de los no renovables.

Crecimiento

Frente al crecimiento ilimitado que probablemente sea una aspiración cultural que nunca se da en la Naturaleza, la consideración de que en ésta se encuentra limitado por la materia y la energía, de modo que su representación matemática son las curvas sigmoides en vez de las geométrico exponenciales.

Plazo

Frente a las consideraciones a corto o muy corto plazo hay que tratar de recuperar una cierta visión histórica de los procesos y de las civilizaciones, de modo que se contemple las consecuencias previsibles de las decisiones en el ámbito de varias generaciones.

Contexto

Frente a la concepción de un sistema económico considerado autónomo (mundo cultural, sociológico, cerrado, en el que no se valoran las deseconomías externas, es necesario recuperar una visión antropológica, el mundo de los valores vitales, el hombre situado dentro del mundo ambiente, y la consideración de las deseconomías externas al estudiar el sistema en su conjunto.

Concepción

Complementando la visión sectorial dominante, la especialización más o menos exacerbada y disjunta del saber, y la concepción antropocéntrica de que “el hombre es la medida de todas las cosas”, gracias a nuestra formación tan variada, casi “renacentista” o enciclopédica en algunos planes de estudio, podemos aportar una visión sistémica, global u holística, en la que “el todo es más que las partes”.

Para terminar una invitación a la genuina reflexión geopolítica. Que tenga en cuenta tanto la evolución de la Gea como de la Idea. Pues el auge y decadencia de las civilizaciones  pasa por la búsqueda de equilibrios abiertos entre la Gea y la Idea.

En un mundo de recursos limitados y cada vez más deteriorados lo único menos finito es el espíritu humano. Así, las consideraciones anteriores no deberían hacernos caer en el pesimismo sobre el futuro, sino, por el contrario, motivarnos a la creación de nuevas ideas fuerza capaces de modificar las relaciones geopolíticas, en el desarrollo de un nuevo ciclo de civilización de acuerdo con nuestros condicionantes naturales, geográficos, culturales y sociales en los que la energía y la agricultura tienen un papel fundamental.

 

Agricultura industrializada y sostenibilidad

Uno de los mantras de los demagogos políticamente correctos actuales es la superstición esa de la “sostenibilidad”. Ha habido épocas en la historia de la Humanidad en que las civilizaciones eran más o menos sostenibles, no ya en lo político, social o ideológico, sino en lo que a la utilización de recursos naturales: agrarios, forestales, pesqueros, navales, mineros etc. se refiere. La clave era que los recursos renovables representaban la parte fundamental, casi única, de su presupuesto energético, basado fundamentalmente en la fotosíntesis no asistida, y, luego, en un convertidor energético tan eficiente como la vela, que sustituyó al remo.

 Esta clase de presupuesto energético implicaba una gran masa de gentes que trabajaba en condiciones más o menos precarias, y con una economía próxima a la de subsistencia para sostener el nivel de vida superior de una reducida, en términos absolutos y relativos, clase dirigente. En los tres últimos siglos, el empleo creciente de combustibles fósiles gracias al descubrimiento de convertidores energéticos permitieron los profundos cambios en la sociedad y también en la forma de interpretarla que ahora conocemos.

Uno de esos cambios importantes es el de la emancipación metodológica y conceptual del llamado “sistema económico” como algo abstracto, basado en modelos matemáticos desligados del medio físico en que tenía su asiento. De tal modo que el “sistema económico” se convirtió en algo autónomo, creador y satisfaciente de nuevas necesidades, cada vez más artificiales o separadas de la estricta supervivencia, que empleaba unidades monetarias en lugar de unidades físicas y que era servido por una nueva y abstrusa casta sacerdotal o chamánica: los economistas. El concepto de escasez también se convierte en algo artificial, relativo, desligado de las unidades físicas.

Una consecuencia por lo que se refiere a la PAC o política agraria comunitaria es el cambio en la asignación de recursos agrícolas y ganaderos. Antes inspirados más o menos en razones técnicas o sociales. Producir de modo eficiente con los medios y recursos naturales disponibles los cultivos o producciones ganaderas (rotaciones con especies y razas bien acomodadas al entorno) necesarias para satisfacer las necesidades bromatológicas de la población. Y ahora según lo que diga Bruselas, burocráticamente reproducido en el BOE o DOGA correspondiente.

Con carácter más general, el aumento del llamado PIB se convirtió en un nuevo dogma, en el que no se solía distinguir que parte de ese PIB correspondía a la destrucción de la energía útil de recursos de carácter no renovable, acumulados durante millones de años.

La llamada ciencia económica ya emancipada de la Teoría Moral de sus orígenes, se intentaba establecer de modo isomorfo con el aparato matemático de la Mecánica Newtoniana. Así León Walras, en su Tratado de la Riqueza Social establecía los postulados de validez del desarrollo matemático de la Ciencia económica. Y aclaraba que el mundo de lo económico es el mundo de lo útil apropiable, de lo intercambiable, y de lo reproducible industrialmente. Evidentemente los recursos energéticos eficientes que soportan físicamente la economía actual no son reproducibles industrialmente, salvo, con matices, la hidroelectricidad.

¿Puede funcionar una economía moderna sin energía y sin recursos fósiles?

En el estado actual del conocimiento de las leyes de la Naturaleza y de la Termodinámica, no.

 No puede funcionar ni siquiera la agricultura, convertida en los países industrializados una rama más de la industria en lo que a eficiencias energéticas se refiere.

Para el público en general y para muchas gentes que proceden del Derecho o la Economía tal como ahora se entiende, la civilización y la organización social es cosa de simples leyes políticas, que pueden cambiarse con decisiones parlamentarias o ejecutivas. Se ignora que sin presupuesto energético y convertidores eficientes las instituciones no pueden funcionar, al menos en el grado que pretenden.

El desarrollo político y económico de una sociedad (y el aumento de la clase media) dependen de la posibilidad de utilizar recursos energéticos y convertidores eficientes.

La ineficiencia energética de un convertidor significa poca o nula energía útil en relación a la total o a la energía degradada, entropía. En la práctica, digan lo que digan las leyes parlamentarias más o menos democráticamente adoptadas, representa la necesidad de subvenciones energéticas de otras fuentes o convertidores más eficientes y subvenciones monetarias que se detraen del sistema vía impuestos o déficit. La supuesta sostenibilidad resulta imposible si no existen recursos energéticos y convertidores eficientes (fósiles o hidroelectricidad) que subvencionen los ineficientes. Y que la baja productividad debe apoyarse también con subvenciones monetarias detraídas de la economía real.

Para los políticos ignorantes o sin escrúpulos del actual momento de degeneración entrópica de la civilización, a nivel internacional, nacional y autonómico, el ensanchar las subvenciones y el presupuesto supone más poder clientelar, un modo de favorecer a amigos y redes cleptocráticas asociadas que medran de las delicias del presupuesto y que protegen y se reparten el poder político como meros directores comerciales de sus actividades monopolísticas más o menos útiles o fraudulentas.  Ya veremos qué pasa con esta nueva burbuja que parece tan a propósito para sustituir a la anterior.

La Teoría de Sistemas pretendía obtener sistemas que pudieran explotar eficientemente intramuros de los mismos la energía útil y arrojar o excretar extramuros de ellos el desorden o entropía generados necesariamente por la actividad.  Ahora, la entropía se pretende explotar como fuente de ordeño presupuestario intramuros del sistema, engordando una nueva gusanera.

El ciclo de la demagogia, y de la pobreza, se cierra vendiendo la idea a la llamada ciudadanía (antes populacho) desinformada con la publicidad y la mohatra de los medios de manipulación, de que, con estas cosas tan sostenibles, se está protegiendo al medio ambiente y se elude “el cambio del clima climático” que diría el inefable Moratinos.

Pero dice la segunda Ley de la Termodinámica, de momento fuera de la influencia de la casta política española e inmodificable en el BOE o DOGA de turno, que “la entropía aumenta” y sin energía útil no puede funcionar ningún sistema ni físico, ni social, ni intelectual.

 

Túnez es un país con muchas contradicciones, no obstante contar con la tercera ciudad sagrada del Islam y la antigua mezquita de Kairouam parecía que había tomado un rumbo decidido por el laicismo y la prosperidad entendidos al modo occidental.

Una de las cosas que más me llamó la atención en un viaje a Túnez fue las incontables filas de niños y niñas pequeños que iban a la escuela con una curiosa bata y con una pequeña cartera o mochila.  Me preguntaba qué pasaría con sus vidas. ¿Qué futuro tendrían?  Pues si la vida no es fácil en ningún lugar del mundo la de los países pequeños o medianos sin especiales recursos y con problemas de integración cultural, en este caso el choque entre Occidente y el Islam, plantea especiales dificultades.

¿Tendrían verdaderas oportunidades de integrarse en el mundo occidental con lo que esto significa? ¿Volverían las madrassas islámicas a sustituir a las escuelas laicas?

Una década después parece que se han ido derrumbando muchas esperanzas.  Que a esos niños que tan aplicadamente iban a las escuelas se les ha negado el futuro. Frente al sentido circular, lunar del tiempo, y la vida como sometimiento a la voluntad divina propias del Islam, es más propio de Occidente la educación en ciertos valores como la individualidad, la libertad, cierta rebeldía o decisión personal de buscar la realización del mundo de los valores. La intención acaso ya engañosa en todas partes de que podemos construir el futuro trabajando mejor el presente.

Los trágicos disturbios que han producido más de un centenar de muertos, iniciados por la terrible decisión de un joven licenciado desesperado de quemarse a lo bonzo, han logrado la caída de los principales protagonistas del régimen tunecino. Un régimen personalista, autocrático, pro occidental, corrupto. La ecuación corrupción igual a occidentalización resulta un importante punto débil frente al auge del Islam.

¿Qué futuro tiene Túnez?

Cualquiera sabe. Pero crece la sensación de que las clases dirigentes, la plutocracia juega con las cartas marcadas. Que los legítimos anhelos del pueblo tunecino, de esos niños ya adultos serán otra vez sacrificados.

Pero, los sucesos de Túnez muestran que no todo está controlado. Que hay resquicios para la rebelión popular cuando se siente traicionada la población, y que a veces las causas desencadenantes son accesorias, sin aparente conexión con las más profundas.

Se está interpretando la revuelta popular en el Magreb como resultado de la frustración por la falta de resultados para satisfacer los legítimos anhelos de la población en países en que se libra la batalla ideológica, cultural y social entre el Islam y Occidente. Pero también hay otros problemas básicos relacionados con la alimentación que además no es la primera vez que ocurren. Así, ya la gran expansión geográfica del Islam originario a partir del siglo VII también tuvo una concausa ecológica o de crisis de recursos naturales además de la espiritual derivada del entusiasmo más o menos fanático de la nueva religión monoteísta. El norte de África experimentó una continuada sequía que se agravó a partir del s IV poniendo en peligro la sustentabilidad de la población que no fue ajena al fenómeno social y político de la revolución islámica.

Hoy en día, el crecimiento desmesurado de la población en países musulmanes pobres, el vientre de la pobreza es fecundo, constituye una importante concausa en las revueltas que está experimentando el Magreb.  Egipto padece una especie de bomba demográfica. Sus recursos agrarios tradicionales resultan escasos para satisfacer las necesidades alimentarias de la población egipcia. Peses a los proyectos de mejora y desarrollo apenas un cuatro por ciento de la superficie egipcia (40.000 kM 2) es susceptible de cultivo en condiciones muy intensivas y con crecientes problemas de contaminación de suelos y agua. La población crece y hoy se estima en más de ochenta y dos millones de personas. Su alimentación se ve condicionada por dos aspectos naturales básicos derivados, uno, de los rendimientos energéticos de transformación de proteína vegetal en animal, es decir, del grado de intensificación de la producción ganadera, en especial de los monogástricos, así como, dos, modernamente por otro paradójico sumidero de energía relacionado con la producción internacional de alimentos, los llamados biocombustibles, productos de transformación de cereales o leguminosas..

Normalmente el lector no especialista suele desconocer que la agricultura industrializada, el modelo agrario y de consumo alimentario de los países occidentalizados plantea una importante presión sobre los recursos energéticos fósiles a nivel mundial. Cuestión que debe tenerse en cuenta muy especialmente ahora que los superpoblados países orientales emergentes están contribuyendo a aumentar la demanda mundial de energía fósil. Para colmo, por cuestiones pseudo ecologistas que encubren intereses bastardos, se cae en el espejismo energético de aumentar la oferta de energía promoviendo la producción de biomasas, escondiendo que gran número de cultivos de los sistemas agrícolas occidentales tienen rendimientos energéticos casi negativos. Es decir, que su producción requiere inputs energéticos iguales e incluso mayores según los casos, que su valor expresado en unidades energéticas. De modo que la generación de, por ejemplo, de metanol o etanol, salvo en procesos de fermentación de gran especificidad enzima sustrato, o se reemplee energía térmica de cogeneración, suelen ser procesos endotérmicos, consumidores más que generadores de excedentes de energía útil.

Para colmo, estos procesos que funcionan porque están subvencionados, tal como hoy están planteados drenan alimentos susceptibles de su consumo humano directo como cereales y soja. Trastornan los mercados internacionales de alimentos lo que resulta una cuestión especialmente dramática para las clases sociales más pobres de muchos países como antes fue Méjico o ahora es el caso de Egipto o Túnez. Que ven como además del competidor clásico, la ganadería intensiva, ahora tienen otro competidor los coches de Occidente que funcionan con biocombustibles.

Una forma de pacificar la población de estos países acosada por la falta de disponibilidad de alimentos es abolir los subsidios a los biocombustibles, y la gente solidaria y bienintencionada en Occidente debería dejar de consumirlos.

Una versión extractada de este texto fue publicada en ABC el viernes 11 de febrero de 2011:

Crisis egipcia y biocombustibles

«Se interpreta la revuelta popular en el Magreb como resultado de la frustración por la falta de resultados para satisfacer los legítimos anhelos de la población en países en que se libra la batalla ideológica, cultural y social entre el Islam y Occidente. Pero también hay otros problemas básicos relacionados con la alimentación que además no es la primera vez que ocurren. Así, ya la gran expansión geográfica del Islam originario a partir del siglo VII también tuvo una concausa ecológica o de crisis de recursos naturales además de la espiritual derivada del entusiasmo más o menos fanático de la nueva religión monoteísta.

Hoy en día, el crecimiento desmesurado de la población en países musulmanes pobres, el vientre de la pobreza es fecundo, constituye una importante concausa en las revueltas que está experimentando el Magreb.  Egipto padece una especie de bomba demográfica. Sus recursos agrarios tradicionales resultan escasos para satisfacer las necesidades alimentarias de la población egipcia que hoy se estima en más de ochenta y dos millones de personas. Su alimentación se ve condicionada por dos aspectos naturales básicos derivados, uno, de los rendimientos energéticos de transformación de proteína vegetal en animal, es decir, del grado de intensificación de la producción ganadera, en especial de los monogástricos, así como, dos, modernamente por otro paradójico sumidero de energía relacionado con la producción internacional de alimentos, los llamados biocombustibles, productos de transformación de cereales o leguminosas.

Normalmente el lector suele desconocer que la agricultura industrializada, el modelo agrario y de consumo de los países occidentalizados plantea una importante presión sobre los recursos energéticos fósiles a nivel mundial. Cuestión que debe tenerse en cuenta muy especialmente ahora que los superpoblados países orientales emergentes están contribuyendo a aumentar la demanda mundial de energía fósil. Además se cae en el espejismo energético de “aumentar” la oferta de energía promoviendo la producción de biomasas, escondiendo que gran número de cultivos de los sistemas agrícolas occidentales tienen rendimientos energéticos casi negativos. Es decir, que su producción requiere inputs energéticos iguales e incluso mayores según los casos, que su valor expresado en unidades energéticas. De modo que la generación de, por ejemplo, de metanol o etanol, salvo en ciertos casos, suelen ser procesos endotérmicos, consumidores más que generadores de excedentes de energía útil.

Para colmo, estos procesos que funcionan porque están subvencionados, tal como hoy están planteados drenan alimentos susceptibles de su consumo humano directo como cereales y soja. Cuestión especialmente dramática para las clases sociales más pobres de muchos países como antes fue Méjico o ahora es el caso de Egipto o Túnez. Que ven como además del competidor clásico, la ganadería, ahora tienen otro competidor los coches de Occidente que funcionan con biocombustibles.

Una forma de pacificar la población de estos países acosada por la falta de disponibilidad de alimentos y su carestía es abolir los subsidios a los biocombustibles, y la gente bienintencionada en Occidente debería dejar de consumirlo.

Biocombustibles y biomasas agroforestales.  Energía en la agricultura.

(Conferencia pronunciada en Silleda durante la Semana verde de Galicia, junio de 2007)

 

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