Alfonso De la Vega

Ensayos

Subtítulo de los ensayos

El mito de Psiquis

El conocido como Mito de Psiquis expresado por Apuleyo en El Asno de oro y del que existen antiguas versiones en la literatura caballeresca española no sólo ha tenido influencia en el pensamiento filosófico occidental sino también muy alta relevancia e inspiración de grandes obras artísticas como por ejemplo el Lohengrin wagneriano.

El caballero Lohengrin con su reluciente armadura acude a la llamada de la calumniada Elsa en una barquilla tirada por un cisne por el río Escalda. La ópera Lohengrin  es uno de los primeros dramas musicales wagnerianos en que las reformas estéticas del genial artista y el logro de un lenguaje propio y revolucionario empiezan a brillar con todo su esplendor.

Tras los retrasos provocados por la revolución de 1848 en la que el republicano Wagner participó, fue estrenada por primera vez en Dresde en 1850, con más incomprensión que éxito, y luego en Viena (1866),  Nueva York (1871), Londres (1875). Y en Madrid el 31 de octubre de 1889, seis años y medio después de la muerte del genial maestro en el  bello palacio Vendramin en la orilla derecha del Gran Canal veneciano.

Wagner fue un artista genial de modo que su obra no siempre ha sido bien comprendida por todos. Suele ser incomprendida, tanto en Francia por razones de histórica rivalidad política, como en España donde el consumidor habitual de óperas y conciertos suele preferir los más lights enredos italianos o como mucho a Mozart, cuando se pone más filosófico. Y eso pese a que entre Alemania y España hay muchos temas tradicionales comunes y que los citados Wagner o Mozart recurren a temas con sabor o geografía españoles en algunas de sus obras más famosas, incluido Lohengrin que plantea el mismo tema del cuento Flor de Amores o de El Caballero del Cisne.

Lohengrin, paradigma del romanticismo, suele considerarse en España la más “soportable” de las obras de Wagner. Conocida del gran público por su famosa marcha nupcial, repetida en tantas bodas, además de expresión del romanticismo caballeresco, es la bellísima versión wagneriana y la mejor desde el punto de vista estético de uno de los mitos más sugestivos del arte occidental, el conocido como mito de Psiquis.

En esta obra sigue la senda iniciada por Gluck, quien puede considerarse el pionero de la renovación de la ópera, es decir, de su transformación de un conjunto de números mejor o peor hilvanados por libretos mediocres, en un auténtico drama musical y en el empleo de leit motiv.  Wagner también busca el modo de lograr una forma del arte total capaz de aunar, el teatro, la danza y por supuesto, la música. De algún modo trata así de recuperar, y con los mismos fines, la reforma del hombre y de la cultura a través del arte, el antiguo arte griego, expresado en el mundo sublime de los antiguos Misterios.

Y uno de estos temas es el del cumplimiento de un requisito ú obediencia a una prohibición, tanto en los Misterios de Eleusis como en los órficos. Así, y no por casualidad pues, Gluck recupera el mito de Orfeo, el gran héroe civilizador de Grecia en su hermosa ópera Orfeo y Eurídice. Y Wagner también recurre a otro de los grandes mitos mistéricos ligados a los rituales de Isis, logrando la más hermosa versión de El mito de Psiquis, que ya varios siglos antes había descrito el neoplatónico Apuleyo en El Asno de Oro o La Metamorfosis.

Aunque esta primera versión del mito se recoge en los capítulos IV, V y VI de la obra de Apuleyo, traducida al español por el arcediano erasmista de Sevilla, Diego López de Cortegana, y en la que se basa Cervantes para su cuento El curioso impertinente, existen otras muchas versiones en la cultura popular española como el cuento Flor de Amores y en versiones cultas como la recogida en La Gran Conquista de Ultramar en la corte del rey sabio con el nombre del Caballero del Cisne. También el auto sacramental de Calderón: Psiquis y Cupido o la comedia Ni Amor se libra de amor. O Psyque del humanista Juan de Mal Lara.

Pero ¿qué importancia tiene todo esto ahora?

El asunto plantea el eterno problema del Amor y el Conocimiento. El propio Wagner explica que “el interés de Lohengrin reposa enteramente sobre una peripecia que se efectúa en el corazón de Elsa y que toca a todos los misterios del alma. La duración de un hechizo que esparce su felicidad maravillosa e infunde en todo la más plena seguridad, depende de una sola condición: que jamás se pregunte: ¿de dónde vienes?”

En su declaración final, el mismo Lohengrin nos explica:

Hay en lontananza un mundo inaccesible un lugar sagrado llamado Monsalvat…donde se conserva con misterio un vaso augusto que los ángeles entregaron a la custodia de los caballeros más puros. Una paloma cruzando el espacio, acude cada año a renovar su esplendor. Es el Graal que infunde en sus caballeros inextinguible ardor…aun cuando haya de trasladarse a lejanas tierras para proteger el derecho y la virtud su poder subsiste y su fuerza es sagrada, mientras su título es ignorado de todo el mundo. Más tan sublime y maravilloso misterio no debe ofrecerse a la mirada vulgar. Si se descubre su incógnito debe regresar. Parsifal es mi padre, suya es la corona. Yo soy Lohengrin”.

El caballero proviene del mundo del Graal el reino de la Voluntad libre donde espacio y tiempo se confunden, el mundo de “la cosa en sí”. Y en Monsalvat el rey es su padre Parsifal el vencedor de sí mismo, que nos dice Cervantes que es la mayor victoria del caballero.

Antes de su regreso al mundo del Graal, Lohengrin nos deja el cuerno, la espada y el anillo como testimonios de que una vez bajo el Espíritu y habitó entre nosotros.

Pero el mejor testimonio del Espíritu es la propia música, a cuyo son divino el alma, que en olvido está sumida, torna a cobrar el tino y memoria perdida de su origen primera esclarecida. En la sociedad de ahora, en que es tan grande el contraste entre la grandeza de nuestras aspiraciones fundacionales y la impotencia y el escepticismo que nos encadenan, el caballero del Graal se mantiene atento para paliar el sufrimiento de la humanidad y ayudarnos a luchar por la Verdad, el Amor y la Justicia.

Cervantes debía conocer bien “El Asno de oro” pues lo cita expresamente en sus Novelas ejemplares, en concreto en el pasaje del “El coloquio de los perros” en que descubren al perro sabio que, en realidad, es un hijo encantado de la bruja Montiela, de modo que, al igual que le sucedió al mismo Apuleyo convertido en asno y luego desencantado tras tomar una rosa consagrada a la diosa Isis, quizás pueda también recuperar su forma primera.

Es probable que el conocimiento cervantino de la famosa obra neoplatónica, más que de su etapa de estancia en Italia, sea gracias, como ya se ha indicado a la citada versión española de don Diego López de Cortegana cuya primera edición es de 1513.

Ya Thomas Mann se preguntaba sobre las relaciones entre Cervantes y Apuleyo ¿no le viene esto como conocimiento directo de la literatura novelística de la Antigüedad clásica? ¿Le han llegado quizá los motivos a través de Italia y por medio de Boccaccio? Pero para el Premio Nobel alemán las influencias de Apuleyo se refieren a la aventura del rebuzno. La considera una reminiscencia al mundo religioso e imaginativo greco oriental. El asno es “la bestia del Tifón Set, del hermano malo de Osiris…..el concepto del apaleo estaba íntima y sagradamente ligado a esta naturaleza fálica”.

A nuestro entender la novela intercalada en la primera parte de El Quijote conocida como “El curioso impertinente” puede considerarse también como una variante del mito de Psiquis también intercalado y desarrollado en los citados libros de la obra de Apuleyo.

Pero el mito de Psiquis no es sólo un mito del helenismo tardío, sino que es un mito recurrente en varias leyendas españolas. Así, el cuento infantil de Flor de Amores o, dentro de la literatura caballeresca española, las versiones del Libro del Conde Partinuplés con varias ediciones desde el siglo XVI y la leyenda del Caballero del cisne que forma parte de La Conquista de Ultramar y es una forma española de la leyenda de Lohengrin, asociada a la del santo Grial en el “Parzival” de Wolfram de Eschenbach, maravillosamente expresada luego por el gran Ricardo Wagner en la ópera Parsifal, la última que compuso antes de morir en el majestuoso palacio Vendramin de Venecia.

Para Adolfo Bonilla y San Martín, uno de sus mejores estudiosos españoles, el mito de Psiquis tiene tres aspectos o temas: el tema de la prohibición, el de la curiosidad y el de la desgracia.

Cupido prohíbe a su esposa Psiquis ver su cuerpo. Psiquis mal aconsejada se busca una estratagema para eludir la prohibición que le ha impuesto, pero es descubierta y abandonada. No obstante, más tarde y tras muchos sufrimientos y esfuerzos, es rescatada y accede al amor y a la inmortalidad.

Para Bonilla la interpretación del mito es la siguiente: “Psiquis es la Sabiduría, que todos los hombres reverencian y aman, pero de la cual ninguno toma posesión. Psiquis se enamora del Amor, porque el Amor enlaza y une, y la unidad parece ser lo característico de la Esencia. Pero mientras Psiquis tiene aspecto humano, no le es dable percibir la esencia sin destruir la realidad que quiere disfrutar, del mismo modo que el niño, cuando rompe el juguete para ver lo que tiene dentro, se queda sin juguete. Psiquis para conseguir su objeto ha de pasar por rudas pruebas (las luchas de la Vida), después de las cuales logrará su unión con la Verdad, haciéndose de la misma naturaleza que ella, inmortal y eterna merced a la muerte y aniquilamiento de su apariencia humana.”

La pérdida del Uno en que no se puede distinguir cosas diferentes, compararlas y, por tanto, conocer, lleva a las pruebas de la vida, cuya superación permite el logro final, el reencuentro, pero ahora consciente, con el Ser.

El propio Cervantes en la moraleja final de otra de sus Novelas ejemplares, “La Española inglesa”, lo expresa con estas palabras: “esta novela nos podría enseñar cuánto puede la virtud, y cuánto la hermosura, pues son bastantes juntas, y cada una de por sí a enamorar aún hasta los mismos enemigos, y de cómo sabe el cielo sacar de las mayores adversidades nuestras, nuestros mayores provechos”.

La cosa, como se ve, nos recuerda la conocida tensión entre Amor y Conocimiento. O las relaciones entre el Uno y la Dualidad. En las preciosas palabras de doña María Zambrano: “alma y amor miden las distancias del universo, transitan entre las diferentes especies de la realidad, se alojan en ellas y las vinculan….la conciencia se agranda tras un desengaño de amor, como el alma misma se había dilatado con su engaño. Si naciésemos en el amor y en él nos moviésemos siempre, no hubiéramos conciencia”.

En “El curioso impertinente” Cervantes nos plantea una variante de este tema del Mito de Psiquis. La novela cervantina se desarrolla en Florencia, la nueva Atenas, la capital del neoplatonismo de Marcilio Ficino y los Médicis. Que sea la capital toscana y no otra, el lugar elegido por Cervantes para su historia no parece una casualidad sino que seguramente se debe a esa relación, de modo que la elección de la Florencia renacentista quizás se configura como una pista del autor para ponernos sobre aviso acerca de las intenciones más disimuladas de su cuento. Que no se desarrolle en España cabe pueda considerarse como una precaución del autor hacia la censura debido a lo escabroso del tema, al menos para las ideas de la época. Pero, aunque para su ambiente prefiriera “la libertad de Italia”, y el cuento recuerde algunas de las historias del Decamerón de Boccacio, pudiera haber elegido cualquier otra ciudad.

En la trágica historia de los amigos Lotario y Anselmo y de su esposa Camila se pueden encontrar también los tres temas de los que nos habla don Adolfo Bonilla y San Martín: el tema de la prohibición, el de la curiosidad y el de la desgracia.

Anselmo quiere probar imprudente y gratuitamente la fidelidad de su esposa. No le basta gozar del amor, desea conocer también hasta dónde llega éste. Y esa impertinente curiosidad le atraerá la desgracia. Para ello insiste a su fiel amigo Lotario a fin de que tiente una y otra vez la honradez de Camila. Quizás nos hallemos ante una de las patologías morales del honor que a veces es rica en placeres morbosos. El caso es que la prueba falla finalmente y entre el amigo y la esposa prende la chispa del amor, ayudada por la codicia de una sirvienta.

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