Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Pulsaciones climáticas en la Península

Este largo y triste invierno hace un frío que pela, como si la naturaleza quisiera acompañar la desolación social y anímica que padecemos los españoles.

Al igual que otras mohatras de propaganda del Régimen cada vez cuesta más trabajo creerse la mercancía averiada del calentamiento de la tierra o cambio del clima climático, como lo llamaba el añorado por lo cómico Moratinos, difundida con fervor digno de mejor causa por mohatreros y buscavidas.

Pero más bien lo que viene ocurriendo en un horizonte temporal dilatado es la oscilación climática. Con periodos de glaciación y de interglaciación.

Según Estrabón en la España romana había “densos bosques y corpulentos árboles”,  de carácter mesófilo más que mediterráneo.

El beneficio del cobre se realizaba con carbón vegetal, muy abundante.

En el cambio de especies vegetales conviene recordar, a diferencia de la orografía americana con cordilleras en el sentido de los meridianos, las dificultades de adaptación a la aridez por las barrederas orográficas según los paralelos que impiden el “movimiento” de las masas boscosas hacia el Norte. Sin embargo quedan relictos como el hayedo de Montejo en Madrid, testigos de un pasado de predominio mesófilo, antes de que el haya perdiera la batalla contra el pino.

Durante la Alta Edad media existe un periodo de frío en toda Europa.

En la Península Ibérica se produce un periodo de aridez desde los Reyes Católicos hasta Felipe II, con un descenso de más de la cuarta parte de la pluviometría anual lo que tuvo, junto a otros factores, singular importancia en la ruina de la agricultura castellana.

Se produce una grave crisis de la industria de la seda por regresión de la morera (después en el siglo XIX padeció además una plaga, semejante a la de la filoxera de la vid).  Síntoma indicativo del progreso de la aridez hacía el norte además de los cambios en la distribución natural de especies vegetales lo constituye la sustitución del buey por el mulo como elemento de tracción.

La madera de La Alhambra era de cedro, hoy inexistente en Andalucía y en regresión en todo el Mediterráneo.

Probablemente la pulsación climática ibérica está ligada a la experimentada por el Norte de África y el Sahara en particular, con un grave proceso de desertización patente desde el siglo VII, que probablemente influyó en el avance del Islam, pues muchos habitantes de las otrora áreas agrícolas se vieron forzados a emigrar.

No se conocen bien del todo las causas de dichas pulsaciones climáticas pero muy probablemente se relacionan con las variaciones en la actividad termonuclear del sol.

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