Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Facultad de Ciencias de la Corrupción

Dentro del régimen de autonomía universitaria que disfrutamos en el Reino de España se vienen implantando nuevas titulaciones o adaptación de otras a las exigencias de las nuevas tecnologías. Es bien conocido, por lo que no resulta preciso insistir en ello, que la promoción de la ciencia y de la cultura siempre ha sido motivo de orgullo y satisfacción para la Corona. Cabe recordar entre otros hitos famosos asombro de propios y extraños, la creación de la Escuela catalana de Tauromaquia por parte del insigne rey Fernando VII, el Deseado, que sirvió para llenar el vacío creado tras el cierre de las universidades a fin de aislarnos de la perniciosa difusión de las ideas disolventes liberales provenientes del otro lado de los Pirineos.

Los Monipodios y garduñas forman parte de nuestras más acendradas tradiciones patrias, pero, objeto de literaturas y de todo un género especializado como el de la picaresca, faltaba el honor académico de su enmucetado. Promovidas por los más íntimos desvelos del régimen del que nos han dotado los próceres, y que no nos merecemos, se han ido creando durante los últimos años del reinado facultades de Ciencias de la corrupción no ya, por supuesto, en cada una de las diecisiete autonomías sino en muchos de los ocho mil y pico municipios de toda España que hacen las delicias de tanto concejal de urbanismo. Todo sea por tratar de cubrir la ingente demanda así como la vocación de servicio público de muchos súbditos de Su Majestad.

Envidia de países vecinos y foco de atracción de Eramus de todas las nacionalidades, se había instalado todo un loable modelo de integración del saber en la propia vida cotidiana de nuestros próceres y aspirantes al cacicazgo.  Los estudiantes disfrutaban de prácticas aseguradas de modo que el codiciado título de licenciado en Ciencias de la corrupción acreditase no ya solo un conocimiento teórico de las más modernas técnicas de saqueo y desfalco de las instituciones públicas y privadas, sino también cómo defraudar a Hacienda, acogerse a las amnistías fiscales y de blanqueo de capitales del gobierno de Su Majestad, disimular visitas a los paraísos fiscales y de vicio, etc.

Así, no era de extrañar que los nuevos universitarios fueran muy solicitados en partidos, monopolios saqueados al sector público, sindicatos, casas imaginarias, de juego y del pueblo, ayuntamientos, fundaciones, prostíbulos, ONGs, entidades de crédito, escuelas de negocios, etc.

Pero, al cabo, la preocupación se extiende. Aunque el gobierno explica que no hay que desanimarse que para el otoño habrá mucha más actividad, las últimas promociones de licenciados ya no pueden colocarse como antes. Incluso existen importantes restricciones para las prácticas estudiantiles en entidades acreditadas.

No es de extrañar, en consecuencia, que se sucedan las manifestaciones de protesta a lo largo y ancho de todo el reino. Un decano protesta por no poder llevar a cabo el convenio de colaboración suscrito entre su facultad y el filantrópico y puntero Instituto Nóos: “No hay derecho. Estábamos en vanguardia, toda una referencia científica internacional. La corrupción genera empleo. Nos están quitando nuestro pan y el de nuestros hijos”.

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