Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

La entropía insostenible

Uno de los mantras de los demagogos políticamente correctos actuales es la superstición esa de la “sostenibilidad”. Ha habido épocas en la historia de la Humanidad en que las civilizaciones eran más o menos sostenibles, no ya en lo político, social o ideológico, sino en lo que a la utilización de recursos naturales: agrarios, forestales, pesqueros, navales, mineros etc. se refiere. La clave era que los recursos renovables representaban la parte fundamental, casi única, de su presupuesto energético, basado fundamentalmente en la fotosíntesis no asistida, y, luego, en un convertidor energético tan eficiente como la vela, que sustituyó al remo.

 Esta clase de presupuesto energético implicaba una gran masa de gentes que trabajaba en condiciones más o menos precarias, y con una economía próxima a la de subsistencia para sostener el nivel de vida superior de una reducida, en términos absolutos y relativos, clase dirigente. En los tres últimos siglos, el empleo creciente de combustibles fósiles gracias al descubrimiento de convertidores energéticos permitieron los profundos cambios en la sociedad y también en la forma de interpretarla que ahora conocemos.

Uno de esos cambios importantes es el de la emancipación metodológica y conceptual del llamado “sistema económico” como algo abstracto, basado en modelos matemáticos desligados del medio físico en que tenía su asiento. De tal modo que el “sistema económico” se convirtió en algo autónomo, creador y satisfaciente de nuevas necesidades, cada vez más artificiales o separadas de la estricta supervivencia, que empleaba unidades monetarias en lugar de unidades físicas y que era servido por una nueva y abstrusa casta sacerdotal o chamánica: los economistas. El concepto de escasez también se convierte en algo artificial, relativo, desligado de las unidades físicas.

Una consecuencia por lo que se refiere a la PAC o política agraria comunitaria es el cambio en la asignación de recursos agrícolas y ganaderos. Antes inspirados más o menos en razones técnicas o sociales. Producir de modo eficiente con los medios y recursos naturales disponibles los cultivos o producciones ganaderas (rotaciones con especies y razas bien acomodadas al entorno) necesarias para satisfacer las necesidades bromatológicas de la población. Y ahora según lo que diga Bruselas, burocráticamente reproducido en el BOE o DOGA correspondiente.

Con carácter más general, el aumento del llamado PIB se convirtió en un nuevo dogma, en el que no se solía distinguir que parte de ese PIB correspondía a la destrucción de la energía útil de recursos de carácter no renovable, acumulados durante millones de años.

La llamada ciencia económica ya emancipada de la Teoría Moral de sus orígenes, se intentaba establecer de modo isomorfo con el aparato matemático de la Mecánica Newtoniana. Así León Walras, en su Tratado de la Riqueza Social establecía los postulados de validez del desarrollo matemático de la Ciencia económica. Y aclaraba que el mundo de lo económico es el mundo de lo útil apropiable, de lo intercambiable, y de lo reproducible industrialmente. Evidentemente los recursos energéticos eficientes que soportan físicamente la economía actual no son reproducibles industrialmente, salvo, con matices, la hidroelectricidad.

¿Puede funcionar una economía moderna sin energía y sin recursos fósiles?

En el estado actual del conocimiento de las leyes de la Naturaleza y de la Termodinámica, no.

 No puede funcionar ni siquiera la agricultura, convertida en los países industrializados una rama más de la industria en lo que a eficiencias energéticas se refiere.

Para el público en general y para muchas gentes que proceden del Derecho o la Economía tal como ahora se entiende, la civilización y la organización social es cosa de simples leyes políticas, que pueden cambiarse con decisiones parlamentarias o ejecutivas. Se ignora que sin presupuesto energético y convertidores eficientes las instituciones no pueden funcionar, al menos en el grado que pretenden.

El desarrollo político y económico de una sociedad (y el aumento de la clase media) dependen de la posibilidad de utilizar recursos energéticos y convertidores eficientes.

La ineficiencia energética de un convertidor significa poca o nula energía útil en relación a la total o a la energía degradada, entropía. En la práctica, digan lo que digan las leyes parlamentarias más o menos democráticamente adoptadas, representa la necesidad de subvenciones energéticas de otras fuentes o convertidores más eficientes y subvenciones monetarias que se detraen del sistema vía impuestos o déficit. La supuesta sostenibilidad resulta imposible si no existen recursos energéticos y convertidores eficientes (fósiles o hidroelectricidad) que subvencionen los ineficientes. Y que la baja productividad debe apoyarse también con subvenciones monetarias detraídas de la economía real.

Para los políticos ignorantes o sin escrúpulos del actual momento de degeneración entrópica de la civilización, a nivel internacional, nacional y autonómico, el ensanchar las subvenciones y el presupuesto supone más poder clientelar, un modo de favorecer a amigos y redes cleptocráticas asociadas que medran de las delicias del presupuesto y que protegen y se reparten el poder político como meros directores comerciales de sus actividades monopolísticas más o menos útiles o fraudulentas.  Ya veremos qué pasa con esta nueva burbuja que parece tan a propósito para sustituir a la anterior.

La Teoría de Sistemas pretendía obtener sistemas que pudieran explotar eficientemente intramuros de los mismos la energía útil y arrojar o excretar extramuros de ellos el desorden o entropía generados necesariamente por la actividad.  Ahora, la entropía se pretende explotar como fuente de ordeño presupuestario intramuros del sistema, engordando una nueva gusanera.

El ciclo de la demagogia, y de la pobreza, se cierra vendiendo la idea a la llamada ciudadanía (antes populacho) desinformada con la publicidad y la mohatra de los medios de manipulación, de que, con estas cosas tan sostenibles, se está protegiendo al medio ambiente y se elude “el cambio del clima climático” que diría el inefable Moratinos.

Pero dice la segunda Ley de la Termodinámica, de momento fuera de la influencia de la casta política española e inmodificable en el BOE o DOGA de turno, que “la entropía aumenta” y sin energía útil no puede funcionar ningún sistema ni físico, ni social, ni intelectual.

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