Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Elegía por la laurisilva gomera

El espantoso incendio de la preciosa isla de la Gomera me trae recuerdos agridulces de hace ya casi treinta años, cuando participé como agrónomo dentro de un grupo interdisciplinario internacional en la fase previa de la elaboración del llamado Ecoplan de la isla canaria. Un intento de sondear y plantear  alternativas distintas al turismo arrasador de guiris, sol, playa y cemento a mayor gloria de constructores, especuladores, caciques y concejales de urbanismo. Un modelo dominante al que entonces se oponían algunas pocas personas. Gentes como César Manrique, benefactor en especial de la isla de Lanzarote, artista multifacético y activista proteccionista que fallecería unos años más tarde en un extraño accidente de tráfico, aunque oportuno para ciertos intereses poco recomendables.

Eran los primeros meses de la ambiciosa administración González y entonces muchos españoles creíamos ingenuamente que las cosas podrían cambiar a mejor.  Conocido el lamentable precedente de la explotación de otras islas canarias, se trataba de evitar los excesos de turismo depredador, de la construcción desaforada que se apropia de la devastación del patrimonio natural transformándola en renta más o menos pasajera. El lamentable modelo que, al cabo, el socialismo no sólo no terminaría combatiendo sino que potenciaría como fuente de negocio, poder y botín.

Y también de ofrecer otras alternativas socioeconómicas complementarias basadas en el respeto y disfrute racional y verdaderamente “sostenible” de la riqueza natural de la isla, tanto de la joya singular del Garajonay, cuanto de la belleza “incaica andina” de sus terrazas para el cultivo, un esfuerzo de siglos de la laboriosa y sufrida población gomera.  Con este fin consultamos la opinión de antiguos campesinos, algunos ancianos ya retirados que guardaban memoria de otras formas de hacer las cosas, en los que la escasez aguzaba el conocimiento del medio y el ingenio. Una de las líneas propuestas era fomentar la integración de la ganadería tradicional en régimen adehesado tanto para obtener proteína animal sana y barata en términos energéticos como para controlar el matorral, que tan malas consecuencias suele tener para el desarrollo de los incendios.

Otra cuestión era el posible fomento del cultivo de especies menos ávidas por el agua que la platanera. El aguacate, emparentado con algunas de las especies de la laurisilva, requiere solo un tercio de agua para crecer, cuestión de gran importancia ecológica cuando precisamente el agua puede resultar el principal factor limitante de los cultivos, aún más que la superficie agraria útil. Pero factores económicos y administrativos como la organización y conjunto de intereses ligados a la actividad platanera constituyen un obstáculo al fomento de otros cultivos alternativos, mejor adaptados ecológicamente a las Canarias.

Sin embargo, hay que reconocer que la preocupación dominante de muchos de los entrevistados o contactados era saber si íbamos a aconsejar o no la construcción de un aeropuerto para “no ser menos que el resto de las otras islas” y no depender en lo posible del monopolio turístico de Gran Canaria o Tenerife.  En esa época la comunicación con la Gomera se realizaba por el ferry Benchijigua que unía la capital San Sebastián con el puerto tinerfeño de Los Cristianos. Paradójicamente, las dificultades de acceso a la isla constituían una forma de protección.

En el plano político, desactivado el independentista MPAIAC de Cubillo, el viejo caciquismo isleño se rearmaba para evitar la posible influencia benéfica jacobina de malvados godos como nosotros. Era el embrión del sectario, necio, inepto y despilfarrador nacionalismo canario actual que manda en las islas. Sin olvidar hazañas de la competencia en el resto del espectro político como las famosas del inefable don Casimiro Curbelo, prohombre socialista, conocido por sus hazañas madrileñas como putero, embustero, bronquista, y paradójico señero representante hoy de los gomeros en el cabildo isleño. Y al que ahora se le achaca especial responsabilidad en que el incendio devastador haya alcanzado tan descomunal magnitud al darle por controlado antes de tiempo y no reclamar ni asignar suficientes medios para combatirlo.

Recuerdo como uno de los más grandes placeres estéticos de mi vida la travesía con el resto del equipo de profesionales junto al director general de ICONA y la directora general de Medio Ambiente por el corazón del parque de Garajonay. Tesoro de la flora macaronésica. Uno de los ejemplares del bosque relicto de laurisilva más notables del mundo. La luz se filtraba entre la floresta, logrando tamizados contrastes, mientras un concierto de trinos nos hacía sentir que morábamos en un mundo inefable, virginal, de creación no hollada por el hombre.

La laurisilva es un bosque especial, en cierto modo puede considerarse una reliquia de la Era Terciaria, formado por la combinación de fayal-brezal y otras especies. El brezo, matorral en la Península ibérica, es aquí arbóreo. Es curioso porque el visitante de repente parece haber encogido entre sus masas y la naturaleza parece enseñar al hombre cual es su dimensión real. Con otras especies como el viñátigo, del mismo género del aguacate, forma intrincadas masas forestales, cuyas especies han de reconocerse más por sus troncos que por las hojas, intrincadas y enmarañadas en una densa y bella floresta.

Los isleños dicen que el bosque “ordeña las nubes”. En efecto, la combinación de precipitación y condensación de la humedad arrastrada por los alisios que choca en la vertiente nor-occidental de la isla por encima de las cotas de los ochocientos metros de altitud y es recogida por las hojas del bosque da lugar a pluviometrías aparentes en el suelo superiores a las registradas en observatorios meteorológicos como el de Santiago de Compostela.

Aún no sabemos el alcance real de la destrucción, ojalá la capacidad de renovación y recuperación de la naturaleza permita superar pronto los desatinos del hombre, pero cuando se ha conocido en todo su esplendor tal paraíso botánico queda un regusto amargo, la conciencia que esta cuestión como en otras muchas que acontecen en España, otro mundo fue y quizás aún es posible. Con el monstruoso desarrollo autonómico y su fatal corrupción asociada muchas esperanzas se han arrojado al ocaso. Hoy son cenizas lo que otrora fueron árboles ejemplares.

A veces da pena volver a ciertos parajes. Acaso como decía Platón el verdadero conocimiento está en el recuerdo.

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