Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Pío Gotera y el santo Códice compostelano

Ha aparecido el famoso códice medieval robado de la catedral de Santiago dentro de una bolsa de la basura homologada para desechos orgánicos en un húmedo garaje de la pomposamente llamada capital de Galicia.  No tienen demasiada suerte muchos de nuestros códices y manuscritos.  Con motivo de la anterior revuelta minera en octubre de 1934 los socialistas hicieron una pira en el patio de la Universidad de Oviedo con libros raros, además del propio edificio. Ya en 1931, el jesuita García Villada, asesinado por el Frente Popular en 1936, lloraba de pena cuando otras hordas de salvajes quemaban además del edificio madrileño del ICAI sus miles de notas resultado de los trabajos de investigación histórica de varios decenios además del Corpus Inscriptionum Latinarum o toda una biblioteca reunida con grandes esfuerzos sobre Priscilianismo, Eteria ú Osio.

 

Pero ahora el robo del famoso códice medieval compostelano se ha resuelto de modo asaz imprevisto para los que no conocen las delicias y posibilidades de nuestro realismo mágico a la gallega. Como en un relato imposible de Cunqueiro, Wenceslao Fdez Flórez o el sin par Valle, inventor de esperpento, el robo no ha resultado fechoría del simpático bandido Fendetestas, ni de un grupo internacional especializado, ni venganza étnica de un comando vasco navarro, gentes no muy bien tratadas en el famoso texto medieval, ni de avanzadilla cultural del filantrópico Instituto Nóos, ni rocambolesca sustracción por agente interno para ocultar al modo de Beau Geste una hipotética venta anterior del verdadero original. No. Ha resultado rústica vendetta de un Pepe Gotera local ayudado por su hijo Otilio, su mujer y su nuera. Ayer, una heroica procesión con póker de vehículos oficiales ha devuelto la obra a su descuidada dueña.

Al parecer, según se ha sabido, después de asistir con pía unción a la Santa Misa nuestro beato Gotera visitaba las dependencias catedralicias privadas y pillaba alguna cosilla de recuerdo o souvenir. Relicarios con una pluma auténtica del ala derecha del arcángel San Miguel. La sangre licuada de San Orosio. Las sandalias de la  virgen Eteria usadas durante su peregrinación a Tierra Santa. Una espuela de oro del feroz obispo Gelmírez. Así durante años y años.

La Iglesia compostelana es tan rica que ni se daba cuenta que le iban faltando tesoros. Los hermanos Hernández y Fernández encargados del caso barruntaban algo raro, sobre todo porque Gotera el único español que tenía verdaderos billetes de papel para pagar sus compras, pero hasta anteayer no detuvieron al presunto y su familia.

Pero este realismo mágico también nos ofrece enseñanzas de varia lección acerca de dónde está la economía real y de la relativa fragilidad de la olímpica poltrona de nuestros próceres. Todo empezó, dicen, cuando los autores tuvieron que darse de alta como autónomos.  Luego fueron ninguneados como proveedores por el monopolio eclesiástico que preferían outsourcing moito mais sofisticados con sello de calidad AENOR incluido y nuestro osado Gotera clamó venganza.

Sin embargo, una vez aclarada su situación con la Justicia, dicen que Dívar le va poner dos padrenuestros y un avemaría de penitencia, auguramos que con su querencia demostrada el simpático Gotera habrá de tener una larga amén de brillante carrera política en nuestra sin par cleptocracia coronada. Es una pena que, con el Instituto del yerno de Su (intervenida) Majestad ahora sin actividad pública confesada, ya llegue tarde a otros similares buenos negocietes como las preferentes galleguistas o la salida a bolsa de Bankia. Pero, siendo tan pío, de misa y comunión diarias y con tales mañas apandadoras, nuestra clase política en su banda de la derecha clerical sin duda habrá de testimoniarle su admiración y respeto colocándole en la peana que tan dignamente le corresponde según sus méritos. Amén.

Publicado en ABC, en versión abreviada

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