Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Energía, recursos y Sociedad

La Teoría económica suele moverse en el mundo abstracto de los conceptos y los modelos matemáticos y a veces no tiene en cuenta de modo suficiente la realidad física del territorio en que se asienta su actividad.

 Ya León Walras en sus planteamientos sobre la riqueza social establecía claramente cuales eran los postulados en los que el objeto de “lo económico” tenía su asiento: “el valor de cambio, la industria, la propiedad, tales son los tres hechos generales de los que toda riqueza social es el teatro”.

El problema conceptual se plantea cuando no están disponibles métodos y estadísticas sobre otros aspectos de la actividad económica que tienen que ver con el territorio. Cuando se carece de un “enfoque ecointegrador” como dice José Manuel Naredo, ni existen estadísticas que reflejen la realidad de las cuentas de patrimonio natural, ni su relación con las estadísticas económicas usuales o walrasianas. En la Contabilidad de empresas se distingue entre los resultados de explotación y los obtenidos por enajenación de patrimonio. En el caso de los recursos no renovables esta distinción no suele tenerse en cuenta, de modo que en términos monetarios no se distingue entre flujos y fondos, entre rentas y patrimonio natural. Ha habido intentos de relacionar las cuentas empresariales con los entornos sociales y naturales de su actividad como los del pionero William Kapp con su Social cost of business enterprise, (1963) o los desarrollados por el Banco mundial, con la aplicación de los métodos de evaluación de proyectos que han tratado de interpretar  mejor estas cuestiones, diferenciando entre la perspectiva económica y la financiera, entre el efecto renta de creación de valor y el efecto redistribución, es decir, cómo se distribuye ese valor entre agentes y territorios.

 Evaluación que puede matizarse y complicarse con la determinación y aplicación de los llamados precios sombra. O con las evaluaciones energéticas, realizadas en unidades de energía, que indican la idoneidad y eficiencia de una fuente o convertidor energético.

Pero no se puede olvidar que desarrollo de civilización y aprovechamiento de energía están íntimamente ligados a lo largo de la historia, de modo que las instituciones no pueden perdurar sin ella. Y que muchos logros de la civilización, y el bienestar de la gente, descansan en la entrada de energía al sistema y en la invención o mejora de los convertidores energéticos y en el buen uso de los recursos naturales además del único teóricamente inagotable como es la inteligencia. A veces estas cuestiones de geopolítica elemental se olvidan, sobre todo entre los que carecen de formación científica o técnica.

 Cuando ya hace un cuarto de siglo realizaba los balances de energía primaria en España para cierta publicación oficial, se consideraba deseable que aumentara el componente renovable, siempre que el convertidor fuera eficiente desde el punto de vista energético y tuviera un Valor Actual Neto cuantificado en unidades energéticas positivo. Que era recomendable potenciar la energía hidráulica, y, casi agotada la posibilidad de grandes embalses, habría que recurrir a las mini centrales además de a otras fuentes renovables como la eólica, solar o geotérmica. Entonces, el PSOE entendía que lo prioritario era sustituir las térmicas convencionales en la generación eléctrica: por razones de rendimiento termodinámico, dependencia exterior, efecto invernadero y contaminación. Y en cuanto a la política nuclear estaba dividido, más por razones políticas y de poder que técnicas, en dos facciones: la que entonces encabezaban Boyer / Solchaga y Guerra / Rodríguez Ibarra.

Pero, ahora se ha puesto en cuestión el desarrollo hidráulico y se deriva hacia la energía eólica o los huertos solares, de los que habría que conocer su VAN.  

Otro aspecto a considerar es el del reparto social e los costes de modo que los propietarios de terrenos donde se vayan a instalar convertidores energéticos no vean menoscabados sus legítimos derechos de propiedad.

En su momento se emplearon instituciones como la expropiación forzosa por razón de utilidad pública para remunerar los factores o recursos asociados. Se consideraron y valoraron como bienes fondo pagando el correspondiente justiprecio, cuando pudieran haberse buscado otras soluciones como aportaciones en especie más relacionadas con la renta que con el capital.  Pero estamos en un estado de derecho, en un país de la Unión europea, de modo que es preciso exigir transparencia. Las reglas de juego deben estar claras y los legítimos derechos de los diversos actores deben ser respetados.

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