Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Geopolítica del hambre

 

                            “contra los progresistas y su ingenua fe en un mañana mejor descubrió Carnot el segundo principio de la termodinámica. O acaso fueron los progresistas quienes para consolarnos de ella decidieron hacernos creer que todo será para bien, como si el universo entero caminase hacia una inevitable edad de oro

                                                                                         (Juan de Mairena, 1936)

 

 

No voy a hablar de la trastienda de los ¿otrora? Opulentos países europeos que están sintiendo en sus propias carnes los desastres actuales, agravados en el caso español por un sistema político corrupto, despilfarrador, injusto, caciquil y sin verdadera libertad política ni económica. El fantasma del hambre en las capas más desguarnecidas o vulnerables de sus sociedades vuelve a los países del Sur de Europa. Vamos a tener que ir olvidando los servicios del tambaleante Estado del Bienestar al menos mientras la casta política que manda aunque no gobierna no renuncie al Bienestar del Estado. Su Estado arrebatacapas.

Y es que con ese mismo título de Geopolítica del Hambre hace ya varios años el médico brasileño don Josué de Castro publicó un sugestivo libro sobre el problema del hambre en el mundo. De acuerdo con sus investigaciones cabría establecer con carácter general una relación entre los ciclos hormonales femeninos, la tasa de fertilidad y el nivel de ingesta de proteína en la dieta alimentaria. Es decir, el hambre llama a más población y a más hambre. La mejora de la alimentación disminuye la tasa de fertilidad por razones bioquímicas más allá de los evidentes aspectos culturales y de costumbres que influyen decisivamente en la vida humana.

El asunto es importante porque mientras no haya una disminución de la población mundial no parece que exista posibilidad real de erradicar el hambre, y mientras no mejore la dieta habrá más dificultades naturales para frenar la población condenada a una pronta muerte.

Es un hecho conocido que los sistemas agroalimentarios de los países industrializados se basan en el consumo intensivo de energía fósil. A diferencia de las antiguas civilizaciones agrarias, e incluso de la organización del espacio en el feudalismo, que se basaban en la fotosíntesis y la utilización de energía renovable como es la energía solar así como de seres del reino vegetal y animal bien adaptados a las condiciones del medio natural, los logros productivos de  los modernos sistemas agrarios descansan en la introducción de cantidades ingentes de energía no renovable en forma de capital, maquinaria, combustibles, fertilizantes y criaturas especializadas en la conversión energética, pero menos rústicas y adaptadas al medio que necesitan, por tanto, mayores flujos energéticos de apoyo para sobrevivir.

En el momento presente el sistema agroalimentario occidental se ha convertido en un proceso industrial más, que demanda más energía que la que devuelve al sistema en forma de alimentos.

Las estimaciones de Pimentel en “Energy, food and society” indicaban que si se dedicara todas las reservas conocidas de petróleo exclusivamente a alimentar a la población mundial con los sistemas de producción, distribución de alimentos y dieta americanos, sólo habría petróleo para unos 11 años. Es importante la composición de la dieta, (se usan cada vez menos leguminosas).

De acuerdo con las investigaciones de Malcom Slesser, el paso de una dieta constituida por 30 kg al año de proteína vegetal a otra en que 20 es de proteína animal y los otros 10 siguen siendo vegetal, multiplica por varias veces, en función de la densidad de población, las necesidades energéticas del sistema a igualdad de otras circunstancias. La cuestión es grave y cuanto más se deriven cereales que pudieran utilizarse en la alimentación humana a la de semovientes más se agravará.

Esta, entre otras, avalarían el interés de recuperar parte de la ganadería extensiva, cuya alimentación se basa principalmente en recursos pascícolas, ricos en celulosa que no hacen la competencia a la alimentación humana y permiten explotar mejor el sistema digestivo de los rumiantes.

Para colmo, les ha salido otra competencia a los pobres en sus intentos de comer todos los días, a ser posible caliente. La de la fabricación de los llamados biocombustibles. En muchos casos, en función de los sistemas de obtención y logística empleados, esto significa en la práctica que los depósitos de gasolina o gasóleo de los coches de los ricos les quitan las proteínas a los estómagos de los pobres más hambrientos.  Una maravilla del marketing es que tal atentado contra la Humanidad se venda como algo “progresista”.

Los ciudadanos y los profesionales preocupados por el porvenir de la Humanidad, deberían tratar de distinguir entre los aspectos limitantes de la naturaleza, que pacientemente hay que “obedecer” como diría Sir Francis Bacon, y los culturales que pueden y deban ser cambiados en su beneficio.

El estudio de los sistemas agrarios desde el punto de vista, (por cierto curiosa y lamentablemente raro en las Escuelas de Ingenieros Agrónomos), de los recursos naturales y la energía puede ilustrar el funcionamiento del sistema de producción de alimentos en su conjunto y de los sistemas agrarios más importantes. Nadie parece querer estudiar el balance energético de la agricultura española ni gallega, por ejemplo, ni las consecuencias del abandono del suelo fértil y la relegación de la ganadería extensiva por la intensiva, en especial con animales monogástricos.

Pero falta decisión para cambiar lo que pueda ser cambiado, pues choca con importantes intereses creados empezando por la propia PAC.

En todo caso, sabemos que en la Naturaleza no se dan crecimientos exponenciales permanentes de población, pues bien aparecen limitaciones en la alimentación, o depredadores y calamidades que las frenan.

Es decir, la evolución de la población se representa por curvas en forma de Z, llamadas sigmoides.

¿Qué sentido último tiene la devastadora crisis presente? ¿Estamos ya a las puertas de gigantescas hambrunas con sus secuelas de desolación, enfermedades y revueltas sociales, no ya en los puntos calientes habituales del planeta sino incluso en la opulenta Europa?

Publicado en ABC el Sábado 29 de abril de 2012

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