Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El Valera teósofo

Con ocasión del primer centenario de la muerte de Don Juan Valera elaboré este texto homenaje pero quedó inédito. Lo ofrezco a continuación para entretenimiento del amigo lector:

El 8 de mayo de 1905 Alejandro Pidal leyó en sesión presidida por D. Alfonso XIII el discurso póstumo de D. Juan Valera encargado en enero por la Real Academia para celebrar el tercer aniversario de El Quijote.

El cordobés de prosa cristalina ya mortalmente enfermo no pudo acabar el encargo pero nos dejó no obstante ciertas afirmaciones notables en la línea de la conocida tesis de que Cervantes no condenaba tanto los libros de caballerías cuanto su exageración: “reflexivamente cedía al espíritu razonador de su época, negaba lo milagroso poniéndolo en parodia, pero lo amaba con entusiasmo a par que lo negaba y parodiaba”. Sea verdadera o no en el fondo tal actitud cervantina, pues la ironía suele esconder el disimulo del propio pensamiento cuando no es socialmente correcto, algo parecido le ocurre al autor andaluz con su afición teosófica criticada por la Pardo Bazán, pero explicable, sin embargo en un inquieto hombre de mundo y vastísima cultura, conocedor de los movimientos internacionales de relevancia en casi todos los campos del saber.

Puede, que como el propio Quijote vencido por las artimañas de tanto bergante, Valera reniegue de la magia, y del invento de la Blavatsky que tuvo entre sus más insignes seguidores españoles a gentes tan honorables y sabias como Xifré o Roso de Luna. Pero, en la línea de La Tempestad de Shakespeare o de la novela bizantina del Persiles enriquecida por la caracterización psicológica de su personaje principal, su Morsamor narra una aventura teosófica o rosacruz en la que su protagonista el fraile Miguel de Zuheros, que había sido soldado y poeta antes de profesar, recuerda arquetipos de la mejor literatura universal tales como don Quijote o el doctor Fausto, cuando no la figura de gloriosos militares poetas como Camoens, Garcilaso, Aldana o Cervantes. Así como la de su compañero el alquimista, ocultista y erudito teólogo Ambrosio de Utrera recuerda también a la del eminente sabio polígrafo renacentista español Benito Arias Montano.

Y es que, como dice el Dr. Bensión en su hermosa obra sobre la cábala sefardita y El Zohar prologada por Unamuno: “hubo un tiempo en el que la nostalgia por algo hasta ahora desconocido fermentaba en el alma de España….pero siglos antes de que este espíritu hubiera todavía producido los intrépidos aventureros que trajeron a luz nuevos mundos, así del dominio físico como del literario, fue causa de los que se aventuraron en los reinos misteriosos del mundo metafísico y descubrieron las Maravillosas tierras del Alma”.

Miguel de Zuheros, como el movimiento rosacruz contemporáneo de Bacon o Cervantes o la Sociedad Teosófica de los tiempos de Juan Valera, participa de ese doble ánimo.

El Persiles es el libro más autobiográfico de Cervantes, ¿Morsamor lo es de Valera? Pero en una época tan materialista como finales del XIX, y no digamos ahora, el de la “verissimilitud” es un gran problema.

Sean cuales fueran los sueños e ideales de Cervantes o Valera quedan sus libros, escritos ambos, y sobre todo estos crepusculares, porque hacen suya la confesión final del fraile aventurero de Valera: “la plena conciencia no aparece sino con la palabra emitida y comunicada”.

Entradas feeds. XHTML y CSS válidos. Tema WordPress basado en GimpStyle diseñado por estudiocaravana.