Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Hacia un verdadero regeneracionismo de indignados

Parece que se mueve algo además de las ratas que buscan un lugar donde acomodarse en las listas cerradas, bloquedas y blindadas por si acaso en algún momento vuelve a funcionar la Justicia y las fechorías perpetradas por ciertos protagonistas del Régimen no quedan impunes.

En 30 de setiembre se va a celebrar el I Congreso de la sociedad civil que, según sus promotores, está impulsado por dos millones de personas pertenecientes a sesenta asociaciones cívicas.  Destaca entre ellos la personalidad de Don Mario Conde, uno de los talentos más notables de la segunda mitad del siglo XX en España. Uno de esos gallegos esclarecidos que a veces ofrece Galicia, lástima que fuera expulsado extramuros, como Curros Enríquez, por un sistema con vocación de burla, humillación y abuso de la llamada, no sin evidente exageración, ciudadanía y que pone en evidente riesgo la continuidad histórica de España.

No sabemos qué pasará, ni si existe alguna remota esperanza de superar el desastre espiritual, cultural, social, económico, ecológico, financiero e institucional en el que chapoteamos provocado en gran parte por una clase política lamentable, inútil, corrupta que o bien pretende acabar con la vieja nación española o, al menos, no se opone a ello.

Parece que ninguna solución cabe esperar de los mismos políticos que están destruyendo España o que, cuando han podido no se han atrevido por cobardía o docilidad a ciertas consignas institucionales, a enfrentarse a los problemas causados en buena medida por el parasitismo de esa casta política egoísta, embrutecida, autista, soberbia, amparada en un sistema constitucional incoherente, inestable, insostenible, en la falta de la independencia de la Justicia y de verdadera libertad de prensa.

En el Manifiesto entregado a la prensa se propugna la educación. Es la misma sabia tradición humanista que desde nuestro siglo de oro se preocupa no solo por los sistemas políticos sino por los hombres que los crean, los perfeccionan y mantienen. Se trata, como en todo lo que tiene que ver con el saber de buscar restablecer una cierta aristocracia del mérito, sin la cual ningún sistema político ni civilización puede sobrevivir en el tiempo.

La más eficaz manera de degradar a la condición de esclavos, piezas ciegas de un sistema despótico, es con la amputación de la dimensión sagrada del hombre. Para ello es preciso restaurar una espiritualidad humanista, no confesional, libre de las ingerencias e intereses patrimoniales de ninguna religión positiva.

Otras tareas urgentes citadas son posibilitar reales cauces de participación ciudadana en la Política, usurpada hoy por la partidocracia del Régimen y por la degradación de la Justicia.

Desde una de estas naciones, nacionalidades, regiones, regionalidades o lo que sea ahora Galicia, nos tememos que la crisis nunca tendrá solución mientras se mantenga el actual tinglado autonómico con toda su comedura de coco. Con la educación en manos de los nacionalistas y la comunicación en la ruinosa telegaita.

Bienvenida sea la España de las ideas, de la sociedad civil abierta frente a la España embrutecida por los intereses de la casta política que padecemos.

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