Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Antología de textos políticos

La disolución de uno de los partidos monárquicos turnantes la presagian algunos como un mal. ¿Por qué?

Puede considerarse la existencia de muchos partidos como un índice del progreso político de un pueblo. La existencia de dos partidos o de pocos partidos equivale a un estado elemental o indiferenciado de la conciencia política.

Lo que se va es la oligarquía que no acertó a comprender sus deberes. Y a la que no se e puede juzgar simplemente por su nombre sino por su esencia y finalidad.

El mal político de España consiste en que las oligarquías que la han gobernado han sido malas. Ellas han nutrido el parlamento y la administración con todos los engendros que daba el bestial maridaje del caciquismo con el nepotismo.

Cuando fracasa una empresa hay que averiguar si el fracaso es de los principios o de las personas encargadas de llevar a cabo la labor.

Todo el gremio político español organizado profesionalmente no tenía inconveniente en reconocer lo insostenible de la situación política creada por la degeneración de los viejos partidos y la corrupción de las costumbres políticas. Aunque después no sentían empacho en seguir impenitentes por el camino de perdición.

Todo en España está en crisis, todo se desmorona. Impera arriba la arbitrariedad, abajo el desorden. Profanada, escarnecida mil la constitución por los gobiernos que para mayor sarcasmo agregaban a la profanación el perjurio, las esencias constitucionales han ido volatilizando como si no pudieran resistir por más tiempo el contacto impuro y brutal de esa política. No queda más que la letra, sin vida, y por los entresijos de la letra se va filtrando la acción deletérea de los gobiernos para realizar una labor hermenéutica sofísticamente escandalosa.…

Yo os digo que si se suceden los hombres y se suceden los partidos, y las cosas siguen empeorando cada día, y toda necesidad nacional queda postergada es porque en España los organismos gobernantes no son personificaciones de ideas, sino sindicatos de ambiciones, y vanidades que sólo tratan de alcanzar el poder y retenerle.

Estos sindicatos, estos partidos no tienen ni capacidad ni fuerza para gobernar pero sí la tienen para impedir que otros gobiernen.

Debajo de la mentida armazón constitucional, lo que de  verdad existe es un cacicazgo editor de la Gaceta y distribuidor del Presupuesto. Disputarse esta herramienta de predominio y sojuzgar a los demás es la sola y común vocación. Generaciones amamantadas y educadas así no podrán dar mejor fruto. Ni el gobernante sabe ser magistrado ni el súbdito ciudadano. La arbitrariedad se ejercita cuando se puede y se ambiciona cuando toca padecerla.

Aludo también a la situación financiera del Tesoro muy alarmante porque en fuerza de liquidar los presupuestos con déficit  y de enjugar los déficit con emisiones de deuda, y en fuerza de no tener ni energía para resistir el incremento de los gastos ni capacidad para arbitrar nuevos recursos se ha ido debilitando nuestro crédito y vamos camino de la bancarrota.

Los anteriores no son textos de hoy sino de la crisis de la anterior Restauración borbónica, ya con don Alfonso XIII, escritos por Maura, Cambó, Gay, Melquiades Álvarez… Un mal sistema que retorna una y otra vez.

Publicado en Periodista digital el 5 de julio de 2011

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