Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Irene, posesa

Irene es un nombre de origen griego que significa paz o la que trae paz. Nada más lejos en este caso. Cada vez parece más claro que a la Excelentísima señora ministra de Su Majestad doña Irene Montero le pasa ahora lo que a Hitler entonces, se habría convertido en una energúmena, una posesa que canalizara energías demoniacas para traernos «guerra», discordia y desolación.

No hay más que ver su cara endemoniada cuando despotrica contra los hombres. Se transforma como una posesa, y si alguien la quisiese bien de verdad acaso debiera recomendarla un buen exorcista porque lo suyo ya no parece solo de psiquiatra.

Con menos soberbia y un poco más de realismo y moderación le iría mejor. De no haber perdido totalmente el sentido común o el de la realidad, debiera comprender y aceptar que por méritos propios nunca habría alcanzado una poltrona de semejante categoría a la que hoy disfruta. Incoherentemente para una feminista de pro como presume ser, su fortuna actual se la debe al macho que la abandonó después de preñarla por triplicado. Pero esta, por otra parte humanamente comprensible, frustración personal no debiera intentar llevada de su despecho hacerla extensible a todos para su consuelo.

El fanatismo es un extravío moral amén de mal consejero capaz  de promover atrocidades. La señora ministra debiera pararse a reflexionar y asumir todo el mal que está haciendo a la causa de la mujer, a la de la Justicia y el bienestar social.

La ignorancia tampoco la favorece. Sus chapuceras medidas, jaleadas por quienes desean destruir la sociedad, resultan opuestas a sus pretendidos filantrópicos fines. Lo de la presente suelta de violadores gracias a sus inicuas leyes es de nota, incluso para este calamitoso reino donde olvidados el sentido común o los valores constitucionales toda barbaridad tiene su asiento. Doña Irene califica a los jueces de «machismo» y cómo será la cosa que hasta el habitualmente pasota CGPJ se ve en el compromiso de protestar un poquito.  Incluso otros pasotas, los finos centristas del PP, se apuntan a la melé.

Por no hablar de la hipocresía de doña Irene en su doble o triple vara de medir. Así la negación del cobarde atentado de los okupas contra la gente más vulnerable cuando ella y su mansión están protegidas por todo un ejército de guardias civiles pagados también por las víctimas. O el caso de las infelices niñas prostituidas por las mismas instituciones que deben protegerlas y educarlas. O la defensa o disimulo del parricidio cuando la asesina es la madre.

O la promoción de la infame pederastia, algo que debiera resultar absolutamente incompatible con el cargo de ministro de Su Majestad, suponiendo que tal cosa aún signifique algo a estas alturas de tan nefasto reinado.

Sin nadie que nos defienda es tremendo comprobar como podemos ser arrastrados con ella al abismo del Mal.

Pero, paradojas de la vida, Irene significa paz.

 

 

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