Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Sarao climático en Egipto

En la misteriosa tierra de los faraones se está celebrando un hito histórico: la COP27. Ahí es nada, desplazados en toda clase de jets, aviones, yates y demás cacharros móviles señoritingos sin huella de carbono, miles de mandarines enmucetados acompañados de sus infinitos séquitos invadieron el lugar. Todo esfuerzo es poco por aumentar las glorias, granjerías y desfalcos del cambio del clima climático climatizable. Legos, becarios, escoliastas majaderos y majaderas, hombres y lurpias de estaca, plumillas alabanciosos, soplones, … llegados desde los más lejanos rincones del imperio acompañaban a los causantes de tantas desgracias e Infeliz Gobernación.

El Cara Pocha o Gran Timonel con su señora; el doctor falsario y maromo, y los infinitos próceres de los señoríos feudales bajo el dominio imperial con nutrida representación de sus domesticadas tribus respectivas.

Tras varios sustanciosos ágapes, que todo dominio duradero se basa en el buen gobierno de las tripas, nuestro heroico corresponsal, el audaz disidente Miguel Espinosa, ha podido captar algunos de los debates. Aunque la audición no es ni mucho menos perfecta se han podido transcribir las frases siguientes:

“Palacio de los compromisos establecido en el antiguo Egipto, cuarto milenio triunfal.

Pese a las miserias del cambio del clima climático pasmó la extensión del recinto capaz de albergar a todos los bribones del Imperio. Apenas pude disponer mis posaderas en un altillo a donde llegaban algunas frases del Jefe de mandarines que reproduzco a continuación tal como las entendí o creí entenderlas.

Había cierta expectación por ver qué decía el Cara Pocha en cuyo alto honor y provecho de plutócratas sin conciencia se había organizado el sarao. Mientras, con gran algarabía y dímes y diretes, el rebaño enardecido ya había celebrado la buena nueva de la promesa de más pasta fresca y abundante para los desfalcos impunes con más artefactos fláccidos o inservibles y trataba de hacerse sitio para escuchar las últimas ocurrencias del coronado mandarinato.

Pero antes, nobleza obliga, lo primero es reconocer en Justicia que la entrada triunfal del Gran Timonel resultó majestuosa.

Una procesión de becarios meritorios turiferarios precedía a los mandarines arreados conduciendo en andas a Su Impasible Tolerancia, Gran Padre, Intérprete de los Hechos, Comparecencia Dialéctica y Contradicción Resuelta.

Subido en andas a la poltrona tribunicia el sabio prócer consiente en dignarse a hablar a la multitud con la huera solemnidad que Le caracteriza:

Tras saludar muy afectuoso a su amigo invisible el Sumo Mandarín dogmatizó de esta guisa en su esperado discurso a los millones de congregados:

“Dos fuentes de Sabiduría hay, el instinto natural y el juicio sobre lo conveniente, a este último se le llama Premeditación. Legislaturas y calamidades, más calamidades y más legislaturas, amén de un bochornoso pucherazo impune, prepararon mi glorioso advenimiento.

Yo divido a los hombres en rebeldes y guiñosos; los primeros confían en sus obras, los segundos en sus muecas, salutaciones y respetuosidades.

Yo divido a los hombres en rebeldes y provincianos, los primeros tienen un sentido universal, que no globalista, y los segundos localista de la existencia.

Yo divido a los hombres en rebeldes y aprovechados; los primeros hallan el ser bueno en la Ética, los segundos en la ocasión de colaborar con la Feliz Gobernación.

Palabras y más palabras configuran discursos como éste, parabienes y parabienes, como los que tan alabanciosamente me ofrecéis, relaciones. Ambos con intereses y negocios pergeñan una casta gobernante. Y ¿Qué mejor negocio eugenésico que esta estafa mohatrera climática? Sabéis que la doctrina posee tres momentos, el fundador, el corruptor y el jurista. Ahora es el momento de las normas inicuas hasta la total devastación.

Mi gran premeditación consiste en no tener doctrina salvo voluntad de imperio y saqueo de modo que así puedo ser todo a la vez según convenga. Sin doctrina no hay programa y sin programa, ni incumplimientos ni reclamaciones.

Nuestro objetivo es la permanencia, porque genera secuaces y mana entusiastas, rellenando con el bodrio el hueco entre palabras. Y es que ningún argumento engendraría Gobernación si los prosélitos no trasformaran los conceptos en bienes. Y estos en servidumbres.

No, no soy abstruso:

La gobernación no puede perdurar sin intereses de ahí la necesidad de las teorías políticas y de la ciencia que audazmente prostituimos para justificar eventos como este. Pero la gobernación no necesita intelectos sino sumisiones, puesto que sólo el Sumo Mandarín interpreta los hechos de donde le viene el antiguo título de Comparecencia Dialéctica y Contradicción Resuelta.

Quien se encumbra me conoce. He dicho.”

(Aplausos, gritos de entusiasmo y dos mil desmayos).

Acabada la ecológica romería la filantrópica jeremiada sin huella de carbono se vuelve a casa algo amoscada: La malvada termodinámica ha sido perpetrada por el demiurgo enemigo y va a su bola, indiferente al falaz discurso mandarinesco.

No somos nadie. Y cada vez, menos.

 

 

 

 

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