Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Parricidio feminista

Por desgracia uno de los horrores de la situación internacional actual es el elevado número de niños desaparecidos en todo el mundo cuyo paradero final se desconoce aunque cabe imaginar algunas de las espantosas variantes que puedan sufrir. El mejor destino para estas desdichadas criaturas sería la adopción ilegal aún sin garantías por parte de las familias de acogida. Otros son tan tremendos que prefiero ni citarlos.  Pone los pelos de punta pensar cuánto sufrimiento puede existir en la infancia desvalida y horrorizarse por la impunidad con la que se perpetran tales atrocidades y la falta de rigor con las que se combaten.

El problema, de ámbito internacional, no es nuevo aunque a diferencia de otras naciones no se suele tratar demasiado en España. No obstante, la difunta duquesa de Medina Sidonia escribió un libro, La Ilustre degeneración, en cuya terrible trama novelada explicaba algunas de estas barbaridades.

En estos días parte de la prensa arrastrada o movida por alguno que otro valiente periodista o bloguero se ha hecho eco del macabro caso del asesinato de una niña de seis años presuntamente por su madre.  Mejor poner lo de “presunto” por precaución legal, aunque para la investigación hoy no habría dudas razonables acerca de la autoría de este crimen.

Que unos padres puedan llegar a matar y maten a sus hijos es algo difícilmente explicable o comprensible en términos humanos racionales.  Pero por desgracia sucede.

Y conviene explicar el porqué sucede.

Obviamente existe una responsabilidad personal e intransferible en la maldad, en la barbarie. La locura o la posesión diabólica también acechan. De modo que sin duda la principal es de la asesina. Pero cabe investigar si también existen otras causas y responsabilidades.

Las nuevas leyes de la mal llamada ingeniería social  impulsan la destrucción de las bases de la convivencia y de la propia familia. El feminismo mal entendido y peor practicado con monstruosidades jurídicas como la inicua e inconstitucional Ley de violencia de género, que vulnera principios básicos como la igualdad ante la ley, sin discriminación por sexo o condición social y el no menos importante de la presunción de inocencia.

Y si las leyes son malas, dañinas y pervertidas la práctica judicial desgraciadamente incluso aún puede ser peor en muchos casos.  Y de hecho tiende a ser peor.

El sistema favorece la horrible práctica de las denuncias falsas, bien por venganzas, obtención de ventajas o hasta pagas públicas a costa del erario.

Sabemos que existen tenderetes chupa subvenciones, incluso mafias de abogadas feministas o de técnicos sociales, que se lucran creando o fomentando odios y divisiones. Por miedo, por incompetencia, por desidia, por exceso de trabajo, por inmoralidad, por fanatismo, por psicopatías… demasiados togados y togadas llegan a perpetrar auténticas aberraciones de leso sentido común.

Conozco otros muchos más aunque no tan graves, pero en el caso concreto que nos ocupa el asesinato de esta pobre niña por su madre es muy probable que pudiera haberse evitado si el sistema judicial hubiese cumplido con sus obligaciones con rigor, justicia y diligencia. Por prejuicios, corrupción o ineptitud culposa las sucesivas denuncias del padre habrían sido ignoradas mientras que a las falsas de su madre, y luego asesina, se les habría dado curso en una muestra de que la pretendida y proclamada voluntad de buscar lo mejor para el menor resulta pura demagogia en la práctica feminista actual.

Ni las desquiciadas políticas del ramo desde su poltrona, ni las feministas radicalizadas que hacen granjería del sufrimiento ajeno pedirán perdón por su parte alícuota de responsabilidad en estas situaciones. Se pasará la presente indignación social y las cosas seguirán igual pero debiera haber una investigación de lo sucedido para esclarecer responsabilidades.

Pero como ciudadano, como hipotético justiciable, creo preciso apelar respetuosamente a la conciencia moral de los jueces y fiscales honrados, a su importante responsabilidad social para que traten de corregir este sistema degenerado. Y también de evitar otros futuros posibles espantosos parricidios sin olvidar la prostitución de menores teóricamente amparadas por ciertas instituciones encargadas de su educación y custodia.

 

 

 

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