Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Había una vez un circo

Con un Londres cerrado al populacho, ha llegado el carricoche con el féretro de los despojos de la papisa Isabel.  Tras toda una marcha plañidero triunfal de la real carroña papal a lo largo y ancho del reino desunido por fin se celebra el funeral por la difunta jefa del clan de los Windsor y pintoresca folclórica papisa de la secta herética de Inglaterra. No sé si ya por fin el penúltimo paso antes de ser felizmente enterrada.

Los ingleses con más sentido del negocio que del ridículo han aprovechado el evento para dar singular y pomposo espectáculo con el ajado oropel que tapa sus salvajadas y miserias y atraer a la prensa vaginal y del higadillo, hay que reconocer que casi toda en este caso. Y es que tras siglos de civilización el morbo vende mucho entre el populacho cliente y votante.

La ceremonia ha resultado vistosa pese a que todos, todas y todes vestían de luto.  Una competencia entre modistos para ver quién se llevaba el gato o la gata o el gate al agua de los comentarios más elogiosos.

Como será la cosa que incluso, el defenestrado Boris Johnson se había peinado para tan sublime ocasión, sin duda la más alta que han visto los siglos después de Lepanto.

Su sucesora colocada a dedo por los cuatro delegados del Deep State ya muestra su psicopatía y se inspira en “¿Teléfono rojo? volamos hacia Moscú” para anunciar que está lista para bombardear Europa con la bomba atómica.

Un desorientado emperador carcamal no terminaba de entender que ni estaban en Arligton ni se trataba de su propio funeral.  Se había negado a subir al autobús a favor del cambio climático climatizable en el que trasportaban al resto de reyes o jefes de Estado.  Al parecer alegando que para eso era el emperador y que tenía derecho a disfrutar de coche fúnebre para él solo.  El no menos emperador, pero de Japón, se habría cabreado con esta nueva muestra de racismo sionista anglosajón.

No es el único cabreado. No les han dejado disfrazarse de militares para el evento ni al hijo pederasta ni al nieto pelirrojo casado con una negra. Al supuesto hijo bastardo del flamante nuevo rey y la Camila tampoco le han dejado asistir: Simon Dorante-Day ha demandado al Tribunal Supremo australiano para pedir se reconociera su derecho a la línea de sucesión al trono británico.  Tiene 56 años y pasaría por delante de Guillermo y Enrique.

Siempre astuto, para evitar la confusión, el ministro de Exteriores del gobierno de Su Majestad ha explicado muy doctoral y puesto en razón que «los papeles (de representación de España) están claramente definidos» en el funeral de Isabel II, ante la expectación generada por la presencia en Londres del rey emérito, Juan Carlos I, y que «el jefe del Estado está claro que es Felipe VI«. El ministro nos ha recordado que «el rey emérito se encuentra en Londres respondiendo a una invitación a título personal y, por lo tanto, yo creo que los papeles están claramente definidos y el motivo de por qué se encuentran aquí, también«.
Por si acaso no había quedado del todo claro ha terminado remachando que «la representación de España hoy, aquí, en Londres, la ostenta evidentemente el jefe del Estado, que es el rey Felipe VI junto con la reina».

Es de suponer que la reina a la que se refiere el prócer gubernamental es la Leti, que no la griega.

Por otra parte, no sin cierta imprudencia por lo que pudiera pasar, el protocolo ha colocado juntos a los cuatro reyes españoles como en el mus jugando a la grande que no a la chica. Me llena de orgullo y satisfacción poder constatar que afortunadamente esta vez no ha habido manotazos ni gestos agrios ni malas caras en público ni otras faltas al más mínimo decoro, pero se ha podido comprobar el evidente deterioro físico del emérito.

Su acomplejado heredero haría bien en traerlo pronto de vuelta a casa no vaya a ser que se nos muera en el destierro con el correspondiente escándalo que le dejaría aún más desacreditado entre sus súbditos conscientes.

Por si acaso, ha declinado asistir a más saraos fúnebres mientras la Leti pone rumbo a USA.

Acabado el funeral, los despojos han sido conducidos a Windsor con gran pompa y boato.  Sobre un armón de artillería tirado con cuerdas por más de un centenar de marineros de la Royal Navy en sustitución de las acémilas, como ocurriera hace dos siglos con la famosa carroza triunfal de nuestro rey felón Fernando VII en Zaragoza, el ataúd de la papisa ha recorrido en procesión las calles del centro de Londres, seguido a pie por el rey Carlos III, el príncipe Guillermo de Gales y otros miembros de la Dinastía real.

Clasismo y humillación del humilde hasta el final.

 

 

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