Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Tarot. Arcano 8 La Justicia

En la serie El Tarot se trata de asociar algún aspecto de interés o actualidad a los correspondientes arcanos mayores del tarot, entendidos como arquetipos relacionados con la realidad mediante el llamado principio de sincronicidad.

8 tarot La Justicia

El arcano octavo del tarot está dedicado a la Justicia. Sus representaciones varían según los mazos.  En el tarot de Marsella aparece como una figura femenina sedente que lleva una espada en la derecha y una balanza en su izquierda. También aparece así en el de Waite aunque aquí las numeraciones de los arcanos La Justicia, el 8 y la Fuerza, el 11, se encuentran intercambiadas.

En el mazo de Visconti tenemos la representación más bonita y esclarecedora:  sobre la cabeza de la figura de la Justicia aparece un caballero presto a defenderla con su espada. Una idea fundamental para iluminar el concepto.

En efecto, sobre la inanidad de la Justicia sin la acción que la defienda, pocas aventuras más tristes que la del azotado Andresillo por su cruel amo. Don Quijote interviene como caballero andante para impedir el atropello sobre el joven pero no tiene la previsión de entender lo que va a pasar cuando se vaya. El amo golpea aún con más furia a su pobre víctima, porque la Justicia necesita un brazo armado para poder ejercerse de modo práctico.

Tal es también la visión principal en el famoso discurso sobre las armas y las letras:

dicen las letras que sin ellas no se podrían sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes y está sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados. A esto responden las armas que las leyes no se podrán sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios, y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura y tiene licencia de usar de sus previlegios y de sus fuerzas. Y es razón averiguada que aquello que más cuesta se estima y debe de estimar en más….”

Antes que el gran Cervantes, ya Lulio nos lo explicaba. En España disponemos de otro famoso libro escrito por Raimundo Lulio para el rey Jaime «El Conquistador» en una época en que los Estados aún no habían desarrollado toda su ferocidad bélica y dependían en gran medida de los caballeros. Se trata de El libro de Orden de la Caballería:

luego que comenzó en el mundo el desprecio de la Justicia por haberse apocado la caridad, convino que por medio del temor volviese a ser honrada la Justicia… por los caballeros debe mantenerse la Justicia, porque así como el oficio de los jueces es juzgar, el de los caballeros es mantener la Justicia… Oficio de Caballería es guardar la tierra, pues por el temor de los caballeros no se atreven las gentes a destruirla, y por el temor de los caballeros no se atreven los reyes y príncipes a invadir unos a otros… los traidores, ladrones y robadores deben ser perseguidos por los caballeros… el caballero que permita o sostenga al traidor, ladrón o robador no usa de su oficio… en tal caso es contrario a su Orden y a sus principios, por cuya contrariedad, aunque sea así llamado no es en verdad caballero y es más vil que el tejedor y trompetero que cumplen con su oficio. Y, al cabo,… la Caballería no está en el caballo ni en las armas sino en el caballero.»

Por mi parte he de decir con orgullo y devoción filiales que no fueron estos libros ni el tarot quien me lo enseñaran sino que fue mi padre quien me revelara de modo sencillo con su ejemplo el sentido del honor, del ser un caballero. La importancia de la búsqueda de la Justicia, la Belleza, la Sabiduría y el Bien, aunque su logro fuesen muy improbables ante la grandeza de los fines y lo limitado de nuestras fuerzas.  «La Caballería no está en el caballo ni en las armas sino en el caballero».

Cervantes que tuviera motivos personales más que suficientes para criticar la Justicia de su época explica otro sentido de las Órdenes de Caballería en uno de los pasajes más importantes de la obra desde el punto de vista educativo y pedagógico. El diálogo con el caballero del verde gabán y luego con su hijo poeta: “quise resucitar la ya muerta Andante Caballería… y he cumplido gran parte de mi deseo, socorriendo viudas, amparando doncellas, y favoreciendo casadas, huérfanos y pupilos, propio y natural oficio de Caballeros Andantes…”

Se supone que las tareas del caballero ahora son satisfechas por el Estado moderno. ¿Pero es así?

Sobre los excesivos protocolos o los lentos y tortuosos procedimientos en la práctica de la Justicia cabe recordar una divertida pero iluminadora peripecia del Sancho gobernador metido a juzgar la causa de una audaz prostituta. En ella Sancho demuestra una gran perspicacia y sabiduría a la hora de dictar justa sentencia.

Pero en la historia de España también podemos encontrar esas dos formas de administración de Justicia. La de códigos como el Fuero Juzgo del Reino de León con su burocracia asociada, y la del fuero de libre albedrío de los jueces castellanos durante la Castilla originaria de Fernán González. Y es que formaban parte fundamental de la genuina tradición castellana instituciones con menor influencia de la casta burocrática sacerdotal y del Fuero Juzgo, tales como la jurisdicción por los jueces generadores de jurisprudencia Nuño Rasura y Laín Calvo.

Contemplando este sugestivo arcano me vienen descorazonadoras reflexiones a la mente mientras veo la lamentable situación de la Justicia española actual cautiva de la partitocracia más oprobiosa y descarada. Recuerdo la tumba de Fernán González, el primer rey de Castilla, que se encuentra hoy en la colegiata de la bonita villa medieval de Covarrubias. Aguas arriba del río Arlanza, no lejos de Silos, quedan las ruinas de la cuna simbólica de Castilla, esa “islote de hombres libres en la Europa feudal”, como la calificaba Sánchez Albornoz. Me refiero a lo que queda del antiguo monasterio de San Pedro de Arlanza.  Un solar histórico de las tradiciones democráticas castellanas, hoy en ruinas como casi todo lo auténtico, donde junto a las de los legendarios jueces citados, debe vagar la sombra de Fernán González desolado por lo que ha quedado de la antigua edificación así como de la fundación nacional, de esa aventura de Justicia y Libertad, que simbolizan la figura del valiente conde rey y la Castilla milenaria.

En el arcano de Visconti, sendos rayos de tibio sol iluminan la escena. Ojalá iluminen a conciencias esclarecidas deseosas de servir a la Justicia, protegidas por los caballeros.

 

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