Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Once de setiembre 2022

Hoy, once de setiembre se suelen conmemorar varios hechos históricos.

El más reciente es el atentado de falsa bandera en EEUU del 2001, que ha supuesto el comienzo de este lamentable siglo de embustes, desastres, despotismo e ignominia en el que la propia civilización occidental se encuentra en grave riesgo de desaparecer tal como era conocida.

Hace ya casi medio siglo, el golpe de Estado chileno contra el gobierno comunista de Allende. Es curioso cómo han cambiado las cosas en Hispanoamérica de acuerdo con los planteamientos imperiales. De entonces combatir el comunismo en Chile, Bolivia, Colombia o Nicaragua a hoy promoverlo, incluso con pucherazos.

La Hispanidad es un enemigo a batir para el sionismo anglófilo y la plutocracia globalista. Incluso un cínico dirigente clerical argentino, aupado a la poltrona vaticana por la mafia homosexual de San Gallo, el satánico Partido Demócrata y el sionismo globalista, colabora en tal destrucción.

Pero lo que nos pilla más de cerca, dentro de ese mismo proyecto de destrucción de España y de la Hispanidad es el golpìsmo indigenista catalán, favorecido y financiado por la casta política borbónica.

De modo similar al indigenismo en general, o como el impostado de los «mapuches» en Chile, el asunto del 11S y la estrafalaria celebración de la Diada es un caso más de impostura histórica.

Un poco de memoria histórica:

En otra muestra de estupidez, así como de los grandes logros patrióticos de la Monarquía, los españoles de principios del siglo XVIII  se mataban entre sí y perdían parte de la integridad territorial nacional (Menorca, Gibraltar…) por algo tan ajeno a sus verdaderos intereses como dilucidar qué dinastía extranjera iba a obtener o conservar el imperio español en calidad de botín.

El clero catalán, siempre ávido por el dinero y el poder de mangoneo, pensaba que la Casa de Austria favorecía  mejor sus intereses ideológicos, políticos y económicos, e intentó dar a la defensa de Cataluña un cierto aire de cruzada contra el infiel extranjero. Pero ganaron los Borbones, otros extranjeros como el mismo archiduque de Austria, quienes sin embargo trataron de mostrarse graciables tras la victoria.  Como narra en su obra sobre el conflicto Vicente Bacallar, marqués de San Felipe, uno de los combatientes en la guerra: «los catalanes creen que todo va bien gobernando, gozando ellos de muchos fueros.»

Y es que pese a la demagogia e impostura actuales la lucha de la guerra de Sucesión en esa parte de España que es la región catalana no tiene nada que ver con el separatismo salvo en la posición integrista eclesiástica trabucaire en defensa de sus privilegios.  El vencedor de la guerra y fundador de la Dinastía terminaría loco de atar. La dinastía borbónica tendría «nuevos aportes genéticos ajenos» con la reina María Luisa de Parma que no concibió ningún hijo de su marido, Carlos IV. Todos eran bastardos.

Pero, en cambio, sí tiene que ver con el separatismo todo por la pasta la rebelión catalana del XVII, cuando el valido conde duque de Olivares, porque los burgueses catalanes no querían contribuir a sufragar los gastos del ejército durante su asentamiento en campaña. Se pasaron a Francia como buenos felones pero luego, cuando vieron que les era peor el remedio que la enfermedad, ya que el muy Católico rey francés también les exigía pagar impuestos, pidieron volver y volvieron cual hijo pródigo, sobre todo porque les salía más barato ser españoles que franceses. Gran altura de miras, desde luego, la de esta heroica tropilla patriótica catalana.

Para España la entronización de la dinastía extranjera de los Borbones, implicó los desastres de la propia guerra de entronización de la dinastía o luego de las sucesivas entre pretendientes para heredar la Corona.

La incompetencia y corrupción de los reyes , supuso una pérdida de la integridad territorial en la península y en ultramar. La última importante pérdida territorial se produjo el 98, previa eliminación de Cánovas y sustitución por Sagasta. Y es muy posible que su definitiva y deseable expulsión, si al final se produjera, haya tenido el coste de la previa secesión de Cataluña y Vascongadas.

Pese a la cobardía de la Corona actual y del resto de las instituciones borbónicas, disfrazada de hipócrita prudencia de estadista, las diadas suponen un hito de exaltación del golpismo, el cainismo y la violencia. Como también lo fue el precedente en octubre de 1934 de la sublevación golpista del (muy poco) honorable Companys sofocada por el gobernador militar de Cataluña, Domingo Batet, a las órdenes del entonces presidente del gobierno de la República, Alejandro Lerroux. Los golpistas de la Generalidad de entonces huyeron por las cloacas de Barcelona. Un golpe de estado fallido como el aún más criminal socialista de Asturias que supuso el fin de la esperanza de convivencia pacífica republicana.

Otra vez el progreso en paz y la convivencia amenazados por los mismos enemigos históricos de España y de los españoles.

Tras el nuevo golpe de Estado catalán fallido del año 2018 se podía haber intentado reconducir la situación aplicando con contundencia la legalidad vigente. Pero no se quiso hacer así. Al parecer, el Régimen borbónico necesita mantener y subvencionar a los enemigos de España.

La situación actual es el resultado de todo un proceso entreguista de la Monarquía, de falta de voluntad de proteger las instituciones y los derechos civiles de todos los españoles en todas las regiones. También de entregar la cultura y la educación a los enemigos de España durante varias décadas.  Contra la propia constitución dicen que vigente, la Monarquía ni siquiera defiende que la lengua oficial pueda estudiarse y emplearse en algunas regiones de España.

Ya no hay más generaciones de españoles con sus rasgos propios regionales. Hoy lo que existe son generaciones de catalanes, murcianos, gallegos, manchegos, andaluces, vascos de pura raza vasca,….. víctimas de una falsificación de la Historia y de la Geografía, de un envenenamiento mental, de la confusión emocional, adiestrados en muchos casos en el odio a España, la patria común.

Pero ahora ya no cabe disimular. La organización de los actos de traición promovidos por la Generalidad, una institución constitucional española contra la Nación española es un desafío que debiera tener respuesta por parte del resto de las instituciones constitucionales. En primer lugar del Jefe del Estado que calla y otorga e incluso consiente que su propia figura institucional sea impunemente humillada y vejada por estos robaperas vendepatrias. No es sólo cuestión de dignidad o decencia personal, que también, sino de cumplir sus obligaciones constitucionales.

Es preciso reconocer que la actual forma de gobierno constituye un obstáculo. Si hubiere una república presidencialista con un Jefe del Estado elegido directamente por el pueblo, tendría poder ejecutivo legal y estaría capacitado para exigir el cumplimiento del ordenamiento constitucional. Asunto especialmente importante en un régimen más que federal como el que desgraciadamente sufrimos hoy en España. Por el contrario, el falsario y felón Gobierno de Su Majestad se apoya hoy en los enemigos de España.

Cada día que pasa en estas circunstancias aumenta las posibilidades de un nuevo desastre fatal. O de una revuelta como las que periódicamente suceden en España cuando la incompetencia y corrupción de las clases dirigentes alcanzan un grado que subleva al normalmente apolítico, adormecido y narcotizado pueblo.  Ojalá aún pueda reconducirse la situación de modo pacífico. Por si aún se estuviese a tiempo, habría que aprovechar los escasos resquicios que deja el sistema para intentar reconducirlo en sentido patriótico y democrático apoyando las opciones ajenas a la actual casta.  No parece que vaya a poder pasar.

De modo que, en efecto, en el 11 S no hay mucho que celebrar.

 

 

 

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