Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Y don Juan Carlos en el exilio

Decía Vintila Horia en su obra más famosa que «Dios ha nacido en el exilio«.  Pero, ¿y si el Rey se muere en el exilio estando su hijo ocupando el trono? … ¡menudo papelón para la Monarquía que ni siquiera parece atreverse a fingir una soberanía de la que carece!

El destierro de Su Católica Majestad, El Emérito, en tierras de infieles plantea un escenario que ha hecho aún más visible la agonía y muerte de la vital y longeva reina de Inglaterra tras los tres pinchazos reglamentarios.  Es verdad que la situación de don Juan Carlos es delicada y algunos cortesanos le desaconsejan que asista a los funerales de la reina fallecida por si allí le trinca la justicia de Su poco Graciosa Majestad. Pero, pese a todo, no se entiende la cobardía o pasividad de su hijo y heredero en este asunto si es verdad la complaciente versión oficial que el malvado déspota falsario que encabeza Su Gobierno no le deja. Un gobierno, el suyo, que no es precisamente ejemplo de nada salvo que pasará a los anales de la Historia de España como uno de los más demoledores que hayamos padecido en siglos dentro, eso sí, de los peores y más lamentables reinados que se recuerdan. Ni tampoco el partido socialista con su trayectoria de traiciones y latrocinio con dos de sus últimos presidentes recién condenados por corrupción estaría para exigir nada a los demás. Ni tampoco los socios filoetarras ni los supremacistas indigenistas catalanes con la voraz familia Pujol a la cabeza de la corrupción y felonías catalanas.

Sin embargo, existe la sospecha de que las razones de mantener el insólito castigo sean otras. La imposición de Su señora que según dicen se lleva a matar con su suegro. O bien quizás aspectos freudianos de “vengador de su honra”, en este caso de Su humillada madre.  Un caso ejemplar, por cierto, de consentir humillaciones y sacrificar la propia dignidad por disfrutar de fortuna y privilegios.  Acaso unas no menos extrañas relaciones masoquistas con el déspota falsario liberticida. O quizás un complejo invencible de inferioridad hacia la figura de Su padre, consciente que le quitaría protagonismo. Ninguna dejaría en buen lugar a don Felipe. Cualquiera sabe qué pasa en Palacio pero los hechos visibles son los que son.

Sea como sea, el golfo Pérsico queda demasiado lejos para disimular un traslado corpore in sepulto, y el papelón de don Felipe si tal cosa sucediera pondría el broche de oro de alquimia a un reinado en el que cualquier desastre tiene su oportunidad y asiento.

 

 

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