Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Mortandad

Si son ciertas las estadísticas oficiales, en este tema más difíciles de falsificar por motivos obvios, resulta que en este verano a muchos españoles les ha dado por morirse. Sí, tal cual.  Y es de suponer que no será por hacer la pascua al doctor falsario y su enmucetada tropa de desalmados.  En realidad, tal logro es uno de los objetivos de la Agenda 2030, el gran capital de Shylock, los fabianos y la tiranía globalista en general. Algo que los amos del mundo han de agradecer como mérito al actual gobierno de Su Majestad, ayudado en estos turbios menesteres por casi toda la casta política del Régimen.  Incluso VOX que dicen que pretende ser distinto, contra su discurso incoherentemente conserva al fanático Steegmann como vacunador a la fuerza.

Los prostituidos media ya no saben que excusa inventar para tratar de explicar al público crédulo adicto las causas de esta enorme mortandad.  Lo del cambio del clima climático climatizable ya no parece que cuele, ni tampoco explicaría el hecho diferencial de la sobre mortandad en el desgraciado reino de don Felipe respecto a otros países cercanos.  Es verdad que según las cuentas oficiales, que cabe presumir lo mismo sean incorrectas como casi todo lo que tiene que ver con las instituciones actuales, en España se habría logrado colocar más inyecciones mortíferas que en otros lugares.  Esta sí que pudiera ser una causa, pero desgraciadamente estaría contra el unánime discurso mohatrero oficial.

De modo, que hay que inventar otras razones. Así, por ejemplo, que la culpa es del relajado populacho: es tan irresponsable que no toma precauciones enmascaradas o no se deja pinchar a gusto y mayor granjería de la farmamafia y sus títeres.

O que la culpa la tienen, faltaría más, los no vacunados. Gente con conciencia y criterio propio pero de suyo «malvada» y «contra filantrópica» que se atreve a desobedecer las infames consignas oficiales. Ejemplo extraño de lógica difusa este último.  Es verdad que los no vacunados se mueren mucho menos o incluso nada. Lo que provoca un grave problema. Se convierten en un inoportuno grupo de control que permite realizar comparaciones con el de los vacunados contraproducentes para la credibilidad el discurso oficial.  Y no está nada claro ni desde el punto científico ni del epistemológico cómo es que los no vacunados que ni se contagian ni se mueren contagian a los vacunados que pese a estar vacunados se contagian y se mueren. Y tampoco se explica la actual proliferación de enfermedades raras entre éstos o el dramático aumento de otras afecciones tales como ictus, infartos y otras de tipo cardiovascular.

La realidad resulta aún más escandalosa si cabe en lo que se refiere a la infancia y adolescencia. Grupos de edad sin riesgo inicial en los que surge una insólita mortandad entre los vacunados. Aquí, el papel de muchos pediatras oficialistas sino directamente cómplice es asombrosamente cobarde y encanallado.

La providencia divina se apiade de nosotros y nos asista, ya que las instituciones se muestran en manos del enemigo.

 

 

 

 

 

 

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