Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Contra la agricultura, contra la vida

El lema de los ingenieros agrónomos es Sine agricultura nihil, y los plutócratas que mangonean en el mundo bien que lo saben. En efecto. En tanto que la agricultura ha permitido el desarrollo histórico de la civilización y se encuentra en la base de la alimentación humana, lo agrario, en sus muchas facetas y dimensiones, se ha convertido en otro blanco de sus actuales crímenes. Sabíamos de las campañas de nazis eugenistas como Schawb Rothschild o de psicópatas como Gates para acabar con la agricultura y la ganadería dentro de su proyecto genocida disfrazado de Agenda 2030. Pero este caso es muy curioso e interesante por lo que revela. Hace unos días en la hoy república bananera USA el gobierno rojo usurpador del corrupto pederasta Biden ha asaltado una granja de los amish.  No, no era un nido de violencia, que se encuentra fuera del código amish. Tampoco se trata de luchar contra el terrorismo, los terroristas impunes son ellos, sino de dar un escarmiento ejemplar.  Intolerable: los amish cultivan la tierra y alimentan su ganado con métodos tradicionales.  De modo que hay que mostrar que son implacables contra cualquiera que no se pliegue a su despotismo criminal.

La cosa no se queda en mero folclore, ni en una simple curiosidad para ociosos aficionados a la antropología.  La agronomía amish es tradicional, orgánica o biológica.  Desconozco si también posee ciertas características digamos “esotéricas” como la llamada agricultura biodinámica de Rudolf Steiner. Un profeta y pionero de hace un siglo de muchos estudios de hoy gran actualidad. El sabio estudioso fundador del movimiento antroposófico.  Pero sea como sea, no deben quedar disidentes vivos.

En la decadente Europa de la Úrsula von Trinken, la comisionista con pinta de pía congregante e íntima del psicópata falsario, parece ser que es Holanda la que está sufriendo el mayor ataque contra su agricultura.

Aquí, en el calamitoso reino de don Felipe, la agricultura y  la economía rural también están siendo vilmente amenazados. Sí, por lo que se ve a los nuevos tiranos ya no les interesa el disputado voto del Señor Cayo porque la idea ahora es erradicarlo. Sí, por lo que se ve ya nadie estaría seguro en Occidente. Mientras se desembalsan aposta los pantanos para mayor negocio de especuladores de «rentas ricardianas» oligopolistas, o se dedican a falsificar la pertinaz sequía o a echar la culpa a los malvados regantes, o al cambio del clima climático climatizable, el latiguillo político profesional de moda este verano es «queda inaugurado este incendio«.

Pero no obstante me llena de orgullo y satisfacción deciros que tras atravesar cientos de kilómetros por carreteras de Extremadura entre dehesas, regadíos, estepas y baldíos, por fin he conseguido ver especies que ya creía extinguidas en estas tierras: dos pequeñas piaras de cochinos, un rebaño de ovejas y alguna que otra vaca de raza blanca cacereña tumbada a la sombra de un alcornoque o junto a una charca. Todo un récord extraordinario para una región pretendidamente ganadera, un gran logro después de cuarenta años de desvelos agrarios del pertinaz y patriótico socialismo.

Pero la actividad agraria está a extinguir. Despropósito tras despropósito, so pretexto de ecologismo, animalismo, o porque yo lo digo, ni siquiera se respetan los derechos constitucionales.  Protegidos por embrutecedores media corruptos o prostituidos, sin ya casi tutela judicial efectiva de los indefensos súbditos, los títeres políticos y profesionales de la plutocracia globalista usurera se encargan de recordárnoslo.

Los descapuchados exigen su propia libra de carne cortada lo más cerca posible del corazón. Y vemos con horror que hay carreras en pelo de nuestros más significados y heroicos próceres para ofrecérsela. Son socialistas o demócratas.  O centristas. O Borbones.  Todos a una.

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