Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Del Régimen filipino como WOKE

                                                                                    «La memez aislada y abandonada nada genera sino sandeces, pero enmucetada y condecorada, produce colaboracionistas. Los colaboracionistas habitan la tierra como servidores de la casta dominante. Cuando enmucetamos al necio, afrentamos la razón y su orgullosa pretensión de dar cuenta del mundo, misión reservada a la Gobernación». (Miguel Espinosa)

No me gusta usar palabras gringas porque aunque de los EEUU no nos vengan más que desastres, neomarxistas, feministas, desfalcos, bases de la OTAN, humillaciones y otras calamidades, se supone que el español con sus cientos de miles de términos puede tener alguna apropiada para cada caso. Sin embargo, esta vez voy a hablar de “woke”, término gringo nacido en las universidades más progres entre los cachorros díscolos de gente muy principal norteamericana, que sirve para designar a una variante de psicópatas pretendidamente revolucionarios, manipuladores orwellianos del lenguaje empeñados en acabar con la civilización occidental basada en el cristianismo y… los hombres blancos heterosexuales.

Estos woke, o despiertos, forman un movimiento equívoco y muy variable como el tiempo o el del cambio climático climatizable, pero profundamente malvado y en el fondo muy reaccionario en cuanto atenta contra las libertades y los mejores logros de la civilización occidental. Y en el que creo encaja a la perfección el siniestro falsario presidente del gobierno de Su Majestad como adelantado de todo el régimen filipino de dominación social. El régimen filipino sería el actual estadio de degeneración del antiguo constitucional, hoy arrumbado.

Los woke también dominan las redacciones de los prostituidos “media”, tanto en la ahora declarada república bananera gringa con dirigentes usurpadores, como ya en casi todo el mundo, incluida la arrumbada colonia española en manos del devastador neomarxismo filipino.

Constituyen de modo consciente o inconsciente los mamporreros al servicio de la despiadada plutocracia que establece el NOM. Hacen el trabajo sucio a ese grupo de magnates que buscan destruir las democracias, las naciones que las albergan y las raíces que las hacen reconocibles. Un potente gobierno en la sombra, capaz de influir sobre muchos países, alterar su estabilidad y hasta cambiar resultados electorales, o inducir golpes de estado para construir el NOM, porque eso les permitirá el control total sobre sociedades pequeñas, desestabilizadas, desestructuradas y debilitadas, reducir sus problemas de dominación global e incrementar sus enormes beneficios. Están detrás de «feminismos», disturbios y revoluciones de colorines. Promueven el miedo y el caos mediante la degradación y el enfrentamiento, rompiendo los grupos sociales en fragmentos cada vez más pequeños y fáciles de avasallar. Tratan de romper la cohesión social, de que proliferen las diferencias ente grupos más o menos artificialmente divididos, de censurar las opiniones e imponer el pensamiento obligatorio, incluso mediante leyes inicuas.  Los Woke son uno de sus instrumentos más eficaces en esta etapa histórica.

En España la clásica alianza histórica entre el Trono y el Altar ha sido sustituida, con un Bergoglio cómplice y encargado de desactivar al Catolicismo, por esta otra nueva entre el neomarxismo woke instrumento de la plutocracia internacional y don Felipe. Esta alianza se encuentra en la actual naturaleza del actual régimen filipino que sustituye al constitucional.

Los woke tienen un componente de secta religiosa iluminada destructiva. Una especie de nuevos alumbrados, como los que proliferaban durante parte del siglo XVI en España, para los que las palabras significan lo que ellos quieren que signifiquen, normalmente justo lo contrario de su acepción codificada en el diccionario.

Para algunos de ellos no existe una persona blanca que no sea racista: Porque según los woke el racismo, además de ser inherente a los blancos, resultaría incurable. Lo único que podrían hacer los blancos, si acaso, es mantenerlo a raya con un riguroso entrenamiento mental, y a las órdenes de otras razas.  El lector podrá adivinar cuál sería la principal entre ellas.

Desde el punto de vista de la práctica política vienen a ser violentos y fanáticos en sus prejuicios como unas nuevas camisas pardas SA o incluso unas negras SS pero sin uniforme. Eso del uniforme paramilitar no está de moda que lo que se lleva ahora es deambular despanzurrando instituciones y cosas, pero estudiadamente desarrapado o sin corbata, para ahorrar en el falcón. . .

Forman parte de una gran manipulación tanto del lenguaje como de movimientos respetables clásicos. Lo woke se identifica en gran medida con la izquierda identitaria, que ya no es la marxista o libertaria clásicas. Hasta el punto de que sus hordas se han extendido a Hollywood, los medios de intoxicación de masas y hasta las grandes corporaciones multinacionales que emplean sus consignas como instrumentos de marketing.

Pero como antes aconteció con la Revolución francesa, con el tiempo lo woke se radicaliza en el sentido malo del término: las cazas de brujas y las persecuciones a quienes no quieren pasar por el aro son cada vez más violentas. Se introduce en el discurso políticamente correcto y vigente, crecientemente obligatorio, una neolingua orwelliana que como jerga “profesional” para iniciados genera y entiende una pequeña casta difusa, autoerigida en audaz e hipócrita  portavoz de los oprimidos.  Una jerga que luego se va extendiendo contaminando todo como marea negra sobre el mar. Sin olvidar la introducción de pintorescos rituales colectivos inspirados en el indigenismo chamánico o en sociedades secretas como el que hemos visto el otro día en Madrid en la plaza del Palacio Real con el mismísimo don Felipe de insólito maestro de ceremonias.

Parte de este creciente radicalismo o mejor fanatismo en sus actuaciones que ya no tienen empacho en mostrar a las claras se debe a un sentimiento de falsa superioridad. Lo que hacen ellos está siempre bien, sea lo que sea, porque sus objetivos son «filantrópicos». Ellos tienen razón y punto. La ineptitud intelectual más el apocamiento de lo que se ha venido en llamar “derecha”, aquí en España el socialismo centrista del PP, hacen el resto. De modo que los woke campan a sus anchas en cuantas razzias destructivas se les antoja.

Incluso atentando contra lo más sagrado e indefenso, la infancia y la juventud en las escuelas. Todo ello dentro del proceso de derribo perpetrado por el neomarxismo posmoderno de la sociedad occidental y de sus instituciones básicas.  Woke y neomarxismo se compenetran hoy y se prestan metas y mañas. Y campan impunes atrincherados y compinchados en el impune gobierno social comunista de Su Majestad.

Los woke presentan una serie de mañas subversivas que conviene reconocer:

Así, por ejemplo, la consideración del lenguaje como algo violento. Y de ahí la necesidad de la memez del lenguaje inclusivo de abuso tan generalizado en la prostituida clase política, periodística y empresarial.

O bien la falta de homenaje a la verdad, a lo objetivo, a la realidad en cuanto pueda ser definida o conocida. Por ejemplo, en la ley de memoria democrática, que debiera mejor llamarse de Memoria WOKE. O en las anticonstitucionales leyes ultra feministas por las que el testimonio de una mujer, aunque sea falaz o producto del despecho o del chantaje, es lo que vale, más allá de las pruebas objetivas.

La realidad no importa para los woke. Pero más que debido a reflexiones acerca de las dificultades epistemológicas en la línea filosófica de un Platón o de un Kant, los woke identifican a «la mujer» con lo oprimido. Con una categoría política o social que aplican con evidente abuso. En España a falta de suficientes negros la cosa se suple así: Los oprimidos son las mujeres. O los homosexuales y tribadas. O incluso los golpistas catalanes, o los terroristas vascos.  O los filantrópicos rojos mal llamados «republicanos» para disimular.

Llegados a este punto y para no alargar más de lo debido el texto, el lector puede entender porqué se puede considerar al falsario y al resto de instituciones borbónicas de este Régimen degradado como parte de el movimiento woke.  Aquí, durante el desastroso reinado de don Felipe se está produciendo la desgracia de la coincidencia en el tiempo de: 1 una ideología centrada en la identidad, más del rojerío o del nacionalismo identitario que en el racial en nuestro caso; 2 el agravio victimista real o más comúnmente inventado; 3 el deterioro del sistema nacional saboteado para dar paso al tenebroso NOM; 4 una generación profundamente frívola, inmadura, inepta e ignorante, que se comporta como periféricos de chismes electrónicos y usa y abusa de las redes sociales con más prejuicios y pasiones que criterio.

En la Era Guttemberg se decía que el papel soportaba todo. Ahora internet y las redes sociales no van a ser menos. Son más.

Nos encontramos a nivel mundial con la resolución del antiguo contrato social, rescindido unilateralmente por la plutocracia globalista. Pero desde el punto de vista político nacional la triste conclusión para los españoles es la tremenda ineptitud del régimen borbónico actual para defender los legítimos intereses de la nación y de los españoles.  Un sistema ideado o al menos entrenado en la práctica para el saqueo impune y duradero de la gente por parte de la cleptocracia coronada se desestabiliza cuando no combate las malas ideas con hombres con buenas ideas. De ahí la traición suicida que asume la supuesta «oposición política» al no confrontar al falsario gobierno de Su Majestad, a Su Majestad y al movimiento woke que informa al sucedáneo actual del régimen constitucional en España.

 

 

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