Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Ritos estivales compostelanos

Al regreso su esforzada amén de heroica aventura ferroviaria extremeña, don Felipe acompañado de la Leti y sus dos retoñas en edad de merecer ha inaugurado una versión políticamente correcta al gusto globalista bergogliano de la batalla de Clavijo.

En efecto, ahora en cumplimiento de las directrices de la Comisión europea perpetradas por mercenarios y de la nueva ley de memoria filoetarra perpetrada por el gobierno de Su Majestad, Santiago Matamoros renegaba de su glorioso pasado y se reciclaba para agradar a los amos, de modo que hacia como de amoroso responsable de ONG filantrópica de mimosa atención filantrópica del feroz enemigo moruno invasor.

Así que, ya puestos a inventar, don Felipe aprovechó tan alta ocasión para endiñar al sufrido respetable uno de sus sermones estupefacientes ante el pasmo o hastío de su víctimario.

Para nota del cotilleo y prensa del higadillo es preciso resaltar que a juego con el desastre de estos días el personal femenino borbónico, salvo una de azul grisáceo, iba de varios colores fuego a juego con la actual moda española en homenaje al cambio del clima climático climatizable. O algo así, dicen los más eruditos, como disfrazadas de flamígero túmulo de la doncella Altisidora.

Con la mosca de detrás de la borbónica oreja, hoy tocaba lisonjear al respetable público que tanto quiere y sobre todo al que tanto debe, que no está el horno para bollos y los Borbones serán malos y felones pero no tontos para lo que les conviene.

Tampoco podía faltar su tópica habitual parrafada demagógica en pseudo indígena transgénico de laboratorio autonómico.

Don Felipe afirmó muy convencido y puesto en razón, como si acabase de descubrir la pólvora o la penicilina, que el proyecto europeo conserva intacto su significado. Una trola y gorda.  Por favor, no nos engañemos ni mintamos más a la gente.

En realidad el “proyecto” europeo actual es de permanecer como colonia degenerada del imperialismo anglosajón. Nada que ver ya con su glorioso pasado tradicional.

Desde la perspectiva del mundo unipolar a la que don Felipe se arrima sin mayor disgusto, o incluso vendiéndonos una burra ciega, Europa es considerada como un satélite de América del Norte, la cabeza de puente del mundo anglosajón en el espacio euroasiático. A Europa no le está sin embargo permitido asumir ningún tipo de liderazgo. Es concebida como una herramienta al servicio de América, una entidad geopolítica privada de identidad específica y de una auténtica soberanía. Gran parte de las peculiaridades culturales, religiosas, etno-históricas de Europa, incluso su patrimonio greco-latino y sus raíces cristianas, se consideran hoy obsoletos. Tan obsoletos como el rito compostelano de hoy.

Se considera que la parte de la herencia del pasado utilizable por el proyecto globalista de dominación atea eugenésica anglosajona ya ha sido integrada en ello; todo lo demás se deja de lado sin demasiados escrúpulos. Y así, diga lo que diga don Felipe, Europa está condenada a la insignificancia geopolítica, vaciada de su propia esencia y privada de verdadera independencia.

Ahora bien, tras este desvarío, sin embargo muy revelador para comprender la estrategia o falta de ella de su calamitoso reinado, hubo un rasgo de humildad o raro rapto de lucidez: don Felipe pidió ayuda a Santiago Matamoros para que protegiese y ayudase a España ya que ellos por lo que se ve resultan incapaces, y con tantas calamidades producidas por la Infeliz Gobernación globalista pro NOM y agenda 2030 ya sólo queda pedir la intervención de la providencia divina.

Pasado el día, se acabó la romería. Así, uno se pregunta si este antiguo contubernio entre el Trono y el Altar, con tan pintorescas ceremonias como las del emperador de la China en el templo pequinés del Cielo para impetrar dones celestiales a su pobre reino, es como lo de esos edificios medio en ruinas que se sujetan unos a otros á punto de venirse abajo.

Lao Tsé ya nos advertía que cuando se vacía el corazón quedan los ritos.

Por si acaso habría que andarse con más cuidado no sea que con tanta sesión de espiritismo institucional el fantasma de Santiago Matamoros, asqueado por tanta hipócrita pantomima y harto de escuchar sandeces, en verdadera defensa de España y de Europa aparezca en su caballo blanco y los saque a todos a lanzadas del profanado recinto sagrado.

 

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