Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Bergoglio oye gritos

Aumenta la preocupación por la salud mental de Su Satanidad.  Ahora el argentino ha confesado que «oye gritos». No la pitagórica música de las esferas. Ni tampoco los de los fetos abortados con su paternal ecologista complacencia malthusiana, o los de los niños abusados, sino los de la Madre Tierra, antes «pachamama».

¿Acaso será un episodio de esquizofrenia?

No lo sé. Lo de los gritos suele ser un síntoma. En sus propias palabras:

«Al escuchar estos gritos angustiosos de la «madre tierra», debemos arrepentirnos y modificar nuestros estilos de vida y sistemas destructivos».

Bergoglio implora a los católicos como «personas de fe» y los exhorta a «la conversión ecológica necesaria para lograr un cambio duradero».

¿Se abrirán más puntos limpios en vez de templos para desarrollar esta conversión ecológica?

Este cambio duradero al que insta tan angustiosamente Su Satanidad, ¿es otra forma de llamar a la conversión espiritual o religiosa y en concreto al Cristianismo?

Ni mucho menos. Faltaría más.

Se trata de este otro mandato, muy diferente del evangélico ir y evangelizar a todas las gentes: «Escucha la voz de la creación».

Según Bergoglio el planeta está «llegando a un «punto de ruptura«», al tiempo que describió el evento de oración como «una oportunidad para cultivar nuestra conversión ecológica.»

¡Toma ya! Conversión ecológica, ¡nada más y nada menos!

Ahora bien no es la primera que vez Su Satanidad representa un esforzado papel de agorero ecologista. Hace casi dos años ya asustaba así al personal:

“Nuestra demanda constante de crecimiento y un ciclo interminable de producción y consumo están agotando el mundo natural”.

“Los bosques se filtran, la capa superior del suelo se erosiona, los campos fallan, los desiertos avanzan, los mares se acidifican y las tormentas se intensifican. ¡La creación gime!”.

“Necesitamos hacer todo lo que esté en nuestra capacidad para limitar el aumento de la temperatura promedio mundial por debajo del umbral de 1,5° C consagrado en el Acuerdo Climático de París, porque ir más allá resultará catastrófico, especialmente para las comunidades pobres de todo el mundo”, dijo.

Una duda, ¿Lo del 1,5º es revelación inspirada?

Pero no queda ahí solo la cosa, el mensaje bergogliano de ahora también incluye un llamamiento a la aplicación del Acuerdo Climático de París al tiempo que defiende su autorización para que el Vaticano se adhiriera recientemente al Acuerdo.

No obstante la retórica filantrópica más o menos encubridora, es un Acuerdo que incluye una agenda subyacente para impulsar el aborto, la anticoncepción y la esterilización como medios necesarios para controlar a la población y minimizar el consumo humano y el uso de la los recursos de la tierra. La forma en que tales cosas se imponen a los países más pobres es vinculándolas a los fondos y recursos deseados.  «No tendrás nada y serás feliz» como explica la agenda 2030 cuya chapita de adhesión tan primorosamente lucen en la solapa tanto prócer globalista actual.

Pero ¿Qué pinta una institución religiosa adhiriéndose a un tinglado ecologista de orden material, más o menos encubridor de ocultos intereses espurios?

Esta sacralización de la Tierra, de la Materia, siempre se ha considerado una forma de paganismo más o menos hilozoísta.

En todo caso, creo que resulta un desvarío para un líder espiritual acongojarse más por la suerte de la materia que por la de sus almas.

Lo dicho: el pobre Bergoglio oye gritos.

 

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