Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Mientras el forense hace la autopsia

«La vegetación arbórea silvestre es el encinar, en frecuente asociación con el alcornoque… el matorral característico es el jaral, en asociación politípica de especies con mata de encina, y, a veces, de alcornoque.

La creación de una dehesa de arbolado sin sotobosque, sino pastizal, consiste en eliminar las matas del jaral y guiar los pies de encina y de alcornoque. En los terrenos graníticos el jaral es sustituido por el retamar.

Las dehesas de arbolado son la base del gran desarrollo de la ganadería de Extremadura»    

(Profesor Hernández Pacheco)

 

Mientras aguardamos a que el orondo y bien cebado forense se decida a hacer la autopsia a la pobre Extremadura que yace postrada achicharrada a sus pies cabe hacer algunos comentarios sobre el pertinaz desatino socialista en estos tiempos de neomarxismo ecologista embrutecedor y de la sabiduría desaprovechada por estos señoritos vendepatrias al servicio del enemigo globalista.

Hubo una época en que tanto Marx como Bakunin pretendían liberar a la clase obrera. No es lugar este para volver a explicar sus distintos planteamientos que dieran lugar a la escisión de la I Internacional pero ambos revolucionarios tenían una concepción antropocéntrica mejor o peor enfocada, pero en la que el hombre y no los bichos o las florecillas campestres era lo más importante.  La revolución debía servir a la humanidad o al menos a la clase obrera.

Otrora, el PSOE y el resto del movimiento obrero pretendían la reforma agraria, se estableciere como quiera que fuera, para supuestamente elevar la vida de los trabajadores del campo. Sin embargo, la Reforma Agraria republicana tenía importantes defectos de diseño tanto en lo político, lo jurídico, lo técnico cuanto en el aspecto medioambiental o de buenas prácticas agronómicas relacionadas con los sistemas agrarios, es decir los ecosistemas modificados por el hombre. Su fracaso se debió por tanto a toda una serie de concausas, no solo de carácter político.

Con la nueva Restauración borbónica del general Franco el PSOE no se atrevió, o sus amos últimos no le dejaron, a realizar una reforma agraria con criterios modernos de carácter técnico más que político buscando nuevas alternativas dirigidas al desarrollo rural potenciado por una buena gestión de los recursos agroforestales.  En Andalucía hizo como que lo intentaba con el encargo a mi colega José María Sumpsi, antiguo profesor de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid, de la dirección del Instituto Andaluz de Reforma Agraria. En Extremadura, ni eso, aunque disponía de estudios y tesis doctorales como la del investigador Pablo Campos sobre la dehesa que hubieran podido inspirar una reforma técnica con un buen conocimiento de los flujos de energía y materiales en este importantísimo sistema agroforestal.  Como alternativa a buscar formas de potenciar el sector primario se arbitraron paguitas para tener satisfecho al personal  propio de su corralito de votos que prefería permanecer ocioso. Con el consiguiente efecto desmoralizador y de mala asignación de recursos. La política se abandonó a lo que decía la PAC, Política Agraria Común, en Bruselas.

La perspectiva ha cambiado con el nuevo neomarxismo satánico que practican el actual PSOE y sus socios podemitas o afines al servicio del globalismo destructivo con, todo hay que decirlo, el colaboracionismo del resto de las instituciones borbónicas incluidas las  profesionales incapaces siquiera de denunciar tanta ruina, felonía y desatino. Pero las nuevas zurdas muy poco tienen que ver ya con los movimientos obreros clásicos. Se trata de gentes desvinculadas de la tradición obrera o trabajadora, muchos de ellos señoritos o niñas pijas que en su vida han dado un palo al agua, ignorantes de la realidad rural que tienen la osadía de establecer normativas con sus caprichos arrasadores al cabo destinadas a arruinar autónomos, la pequeña y mediana empresa que sostienen la vida rural.

Gracias a esta indigencia cuando no a la intervención directa de artefactos incendiarios pasa lo que pasa: el campo en llamas.

Pero una primera idea que conviene comprender es la del papel de la dehesa en la conservación de los ecosistemas y en la producción de alimentos o aprovechamientos, y qué concepto de climax hemos de adoptar y aplicar.

En 1956, Eduardo Hernández Pacheco, sabio extremeño, miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y presidente de la Real Sociedad de Española de Historia Natural, autor que tiene una calle dedicada en Cáceres, explicaba la cosa así: “más de dos terceras partes del conjunto de los territorios extremeños referidos es de dehesas de arbolado, en régimen, o no, de siembras de cereales, en alternancia con leguminosas y barbecho limpio, o sea, sin sembrar; utilización complementaria o auxiliar de la principal riqueza que es la pecuaria, y en especial, la ganadería de cerda.

Gran riqueza de Extremadura y muy importante en el conjunto hispano son las dehesas de arbolado. En general están situadas en territorios poco aptos para la agricultura intensiva por dificultades de orden geológico pertinentes a la constitución pizarrosa y silícea del terreno, de difícil descomposición en productos térreos y éstos en delgada capa laborable. Dehesas de arbolado, que sostienen abundante ganadería de especies pecuarias que no se perjudican mucho unas a otras; pues la oveja es animal herbívoro de hierba corta; el vacuno, herbívoro de hierba larga; el cerdo, omnívoro y principal consumidor de la bellota de la encina y después del alcornoque, cuyo fruto es de madurez más tardía. Consumidor es también el cerdo de hierbas primaverales, pero animal de gustos diferentes de la oveja pues ésta refiere las gramíneas mientras aquel apetece más las geraniáceas, tales como los Erodium que brotan en abundancia en los majadales.

La cabra es ramívora y, por lo tanto, son casi los únicos animales adecuados para el aprovechamiento del matorral en las cumbres y terrenos escabrosos, cuya conversión en encinar es difícil y costosa, quedando para cabreriles. La cabra, por tal carácter ramívoro, es peste de los chaparrales, o sea dehesas en formación, con pies de cupulíferas jóvenes y de pequeña talla aún.  Pero cuando el arbolado de la dehesa ha alcanzado talla suficiente para que las guías terminales de las chaparras (encinas) y chaparros (alcornoques) escapen de al diente voraz y destructor de las cabras, ésta es útil en la dehesa, porque detiene y destruye el matorral del sotobosque que amenaza invadir el terreno. Por otra parte, un corto número de cabras vive y pastorea bien junto con las ovejas del rebaño, produciendo gran utilidad a los pastores y al personal fijo de la dehesa por la leche diaria y el queso fresco, además de la renta anual de un chivo o dos por cabeza.”

Hoy todo esta sabiduría para producir proteína animal de gran calidad a base de la buena gestión verdaderamente sostenible de los recursos renovables de las dehesas ya forma parte del pasado.

En efecto, para el tenderete social globalista bien cebado Extremadura representa una especie de parque temático para esparcimiento y recreo de señoritos progres de ciudad que puedan contemplar el majestuoso vuelo del milano real o del buitre negro. Así, lo importante es, por ejemplo, llenar a la pobre Extremadura de ZEPAs o zonas de especial protección de aves mientras se dificultan o impiden las labores de la agronomía tradicional. Sin embargo, la política conservacionista debiera hacer especial hincapié en la especie hoy más amenazada, el  hombre del campo, al que arruinan y hacen la vida imposible con tanto disparate regulador cuando no sencillamente destructor. Para el neomarxismo satánico dominante sin duda un buitre es más importante que el señor Nemesio o la tía Juana, gentes prescindibles y exterminables. Sin embargo, Extremadura debiera ser una zona de especial protección de extremeños, una ZEPE para proteger a la gente que trabaja y mantiene, pese al orondo forense bien cebado y sus cómplices, los sistemas agrarios, las dehesas y las formas de vida y obtención de alimentos y recursos.

La Junta de Extremadura arruina a los extremeños con su nutrida colección de normas cada vez más restrictivas, aberrantes, necias o absurdas.

Sucesiones y Climax

Ahora un poco de Ecología, de la de verdad, no la explotada por chiringuitos tente mientras cobro. Las sucesiones ecológicas son las transformaciones de índole florística o fisionómica que de un modo continuo experimenta el tapiz vegetal.  Se llama climax a la agrupación o masa vegetal más estable a que conducen las sucesiones. Representan una una expresión de equilibrio entre el clima y la vegetación.  Para Bach «la climax es el resultado de del desarrollo natural de la vegetación bajo condiciones climáticas y de substrato dadas, excluyendo todas las influencias externas inhibidoras». Según indica el ingeniero y profesor Ezequiel Rodríguez López en su Tratado de Selvicultura de 1938:  «Las agrupaciones climácicas realizan, para cada forma biológica de la vegetación, nuestro llamado máximo ecológico bioecológico u óptimo vegetativo, y acusan, por consiguiente, localización natural de las mismas. La palabra climax, climacis es latina pero de origen griego y significa escalón, y en sentido figurado culminación, y con tal significado se emplea para designar la agrupación en que culmina la vegetación por su propia y natural evolución

El profesor Rodríguez aclara: «la acepción que hemos visto  se complementa con la consideración económica que impone el cultivo forestal.  Pues para que un máximo vegetativo realice un climax forestal es necesario que responda además a los fines económicos de dicho cultivo. con arreglo a esto podemos definir a la climax forestal como un máximo bioeconómico que realiza y asegura la persistencia del máximo rendimiento de una determinada producción forestal. »

Esta idea es lo que llaman Godwin y Tansley Climax alterada (deflected).  Es el estado de vegetación relativamente estable, que debe su existencia a las actuaciones humanas, como el pastoreo persistente, la siega, etc… en las regiones explotadas desde hace mucho tiempo es difícil diferenciar entre el estado final determinado por el clima y el así derivado. Las dehesas extremeñas formarían parte de esta clasificación.

Como podemos comprender aunque se deban tener en cuenta criterios ecológicos de gestión sostenible no cabe abandonar una perspectiva antropocéntrica que  está en la base de la Agronomía, la Silvicultura y, al cabo, la razón final de todo, la satisfacción de las necesidades sociales de alimentos u otros productos o aprovechamientos.

Abominando de, o simplemente ignorando, estas consideraciones sobre el sentido del climax, una manía de ecologistas de sauna picaflor y pilla pilla es la de no controlar el sotobosque, bien con ganadería extensiva o con otros aprovechamientos, del modo que explicaba Hernández Pacheco o conoce cualquier habitante de la zona. La falta de control del sotobosque permite la proliferación de las llamas, si además se emplean drones con artefactos incendiarios el desastre ecológico es seguro. Este abandono provocado por la Administración es negligente  Las dehesas que constituyen un sistema agroforestal de gran productividad para producir proteína animal de extraordinaria calidad están hoy desaprovechadas. Se puede atravesar la región sin ser capaz de ver a nadie en las fincas. Las casas cerradas a cal y canto. Ni un solo cerdo ibérico en el campo. De vez en cuando se ven vacas de la raza blanca cacereña y alguna oveja o cabra.  Las dehesas suelen estar llenas de jarales o retamares, matorrales producto de la degradación de los ecosistemas.

La sensación que ofrecen al viajero es la de abandono, de deterioro programado o al menos consentido. De fracaso. Un parque temático de tierras echadas a monte en el que, naturalmente, sobran los extremeños.  Un despilfarro de recursos. Un anticipo de la tenebrosa Agenda 2030 y del NOM.  También, en concreto, una forma práctica de hacer hueco a la carne fabricada con gusanos, petróleo y porquerías varias de Gates y otros  próceres de ese jaez.

Tal es la obra de sabotaje de las zurdas extremeñas con el orondo forense bien cebado a la cabeza. En vez de liberar a la clase obrera, engordar buitres carroñeros con plumas o sin ellas y proteger a la maleza.

El romántico paseo entre las cenizas del doctor falsario y de su forense es revelador, es todo un resumen de los resultados de su esforzada labor. Parafraseando a Sancho, ¡Vengan días y vengan cenizas!

La ceniza fue árbol, civilización y riqueza.

 

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