Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Presencia del caballero

En esta época que parece final de un etapa de la civilización cabe recordar el universo de los caballeros. Don Miguel de Cervantes, trataba de rescatar de entre las ruinas de la devastación los restos del deshabitado ideal caballeresco: la sujeción de la Fuerza al Derecho. Sí, la Fuerza debe estar sometida al Derecho, pero el Derecho deviene en burla inútil para los inocentes cuando no está avalado por la Fuerza.

En la Cueva de Montesinos que visitara solemnemente don Quijote durante su iniciación por el elemento Tierra, dormía su sueño eterno un caballero, Durandarte,  cuyo heroico corazón guardaba Balerma.  Duerme el caballero pero no su memoria…

En España disponemos de otro famoso libro escrito por el gran Raimundo Lulio para el rey Jaime «El Conquistador» en una época en que los Estados aún no habían desarrollado toda su ferocidad bélica y dependían en gran medida de los caballeros.

Me refiero a El libro de Orden de la Caballería:

luego que comenzó en el mundo el desprecio de la Justicia por haberse apocado la caridad, convino que por medio del temor volviese a ser honrada la Justicia… por los caballeros debe mantenerse la Justicia, porque así como el oficio de los jueces es juzgar, el de los caballeros es mantener la Justicia… Oficio de Caballería es guardar la tierra, pues por el temor de los caballeros no se atreven las gentes a destruirla, y por el temor de los caballeros no se atreven los reyes y príncipes a invadir unos a otros… los traidores, ladrones y robadores deben ser perseguidos por los caballeros… el caballero que permita o sostenga al traidor, ladrón o robador no usa de su oficio… en tal caso es contrario a su Orden y a sus principios, por cuya contrariedad, aunque sea así llamado no es en verdad caballero y es más vil que el tejedor y trompetero que cumplen con su oficio. Y, al cabo,… la Caballería no está en el caballo ni en las armas sino en el caballero.»

Hoy, otro doce de julio, treinta y cuatro años después de su ausencia, he de decir con orgullo y devoción filiales que fue mi padre quien me revelara de modo sencillo con su ejemplo el sentido del honor, del ser un caballero. La importancia de la búsqueda de la Justicia, la Belleza, la Sabiduría y el Bien, aunque su logro fuesen muy improbables ante la grandeza de los fines y lo limitado de nuestras fuerzas.  «La Caballería no está en el caballo ni en las armas sino en el caballero».

Una lección que no se puede olvidar ni menos traicionar pese a nuestras flaquezas.

En presencia de su corazón, descanse en paz el caballero durmiente. Y a mí me dé fuerzas la Providencia para honrar su memoria.

 

 

 

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