Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

La desmemoria histórica y el colaboracionismo

La mal llamada Ley de Memoria democrática tiene protagonistas, el sectario rojerío hoy en el gobierno de Su Majestad que ha consensuado su contenido con los herederos de ETA que posibilitan la feliz gobernación socialista pero por desgracia para los ciudadanos carece de antagonistas.

El PP en su línea colaboracionista ahora con Feijóo a la cabeza se quita de en medio. Que al parecer eso de los derechos civiles y las libertades o la Cultura no es cosa suya.

Y el papelón de la Corona desde luego no es más heroico ni inteligente. Los Borbones, de memoria tan frágil para lo que les conviene, olvidan a qué hoy denostado y perseguido benefactor les deben trono y fortuna personales. No parecen darse cuenta que la deslegitimación sectaria del franquismo que la infame nueva ley impone es la de su propia restauración u origen, debida la decisión del general Franco, sin que se consultara la voluntad popular acerca de la forma de gobierno, Monarquía o República.  Ni tampoco hubiera Cortes constituyentes.

Acaso inspirada en las asociaciones y actuaciones judías dirigidas a combatir lo que se llama impropiamente el antisemitismo, se trata de una especie de Ley contra vagos y maleantes como la promulgada por la Segunda República en la que ahora los vagos y maleantes somos los ciudadanos que tratamos de conocer mejor el pasado histórico de España aunque sólo sea para tratar de no repetir los mismos errores.

Mi querido padre como supongo que el de otros muchos lectores vivió el drama la guerra de adolescente, casi de niño. Con su gran inteligencia natural y bonhomía insobornable comprendió pronto lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Al morir mi abuelo, estuvo en un centro escolar para huérfanos del Cuerpo de Telégrafos. Primero en su Madrid natal, luego en Cataluña y finalmente en Francia hasta el final de la guerra civil.

Me contaba que en Olot, Gerona, el colegio estuvo refugiado cierto tiempo en una preciosa mansión confiscada a un indiano llamada Malagrida. Recordaba con especial satisfacción una anécdota muy noble y humana. Durante su breve tiempo de estancia, había hecho amigos allí, y uno de ellos, algo más mayor, cierta noche se fue a despedir de él.  Iba a ser llamado a filas dentro de la llamada quinta del chupete pero su familia decidió para intentar salvarle la vida que pasase clandestinamente la frontera francesa. El muchacho confiaba tanto en la integridad y discreción de mi padre que quiso despedirse de él, antes de partir a su arriesgada acción. En general, la memoria histórica de mi padre era la de una Cataluña entonces generosa y solidaria que se portó bien con los niños refugiados madrileños. El conservaría siempre a lo largo de su vida ese motivo de agradecimiento.

Pero otras cuestiones no fueron tan gratas. Cuando en el invierno del 39 el colegio marchó a la frontera para refugiarse en Francia, se produjo un incidente revelador de la catadura moral de ciertos personajillos. Unos dirigentes rojos hicieron bajar del autobús a los maestros y cuidadores del colegio, dejándolos tirados en la frontera mientras ellos les suplantaban y abandonaban a los niños una vez cruzada.

El comportamiento de los franceses con ellos tampoco sería demasiado generoso según recordaba mi padre. Y mucho peor aún el que tuvieron con los antiguos combatientes encerrados bajo alambradas en una inhóspita playa en pleno y duro invierno bajo la vigilancia de feroces soldados senegaleses. Hace unos años tuve oportunidad de recordar estos sucesos durante una visita al lugar de los hechos, incluso a la tumba de Antonio Machado en Collioure, una especie de meta de peregrinación republicana.

Mi tío Pepe había sido uno de los fundadores de la FUDE, la federación universitaria republicana, y murió en Madrid durante la guerra cuando su vehículo fue embestido por otro conducido por milicianos borrachos o locos.

Mi abuela, maestra de profesión, que tuvo que hacer frente a una difícil situación después de enviudar con varios hijos, fue represaliada por «roja» al acabar la guerra y suspendida de empleo y sueldo. Un caso de insidiosas envidias, supongo, pues no era política aunque había permanecido trabajando en el Madrid de las checas y las sacas. Pese a tales antecedentes, la Administración franquista terminaría reconociendo sus méritos profesionales llegando a ser nada menos que Directora general de Instrucción Pública, cosa bastante más difícil en esos tiempos donde el sistema se parecía a una meritocracia, no había cuotas feministas, ni enchufados de partidos, ni otras miserias actuales.

La experiencia fue dura para todos, también para el entonces niño adolescente. Mi padre intentó comprender mejor lo que había pasado y no sin ciertas dificultades fue formando una breve pero sustanciosa e ilustrativa biblioteca con obras sobre la Segunda República y la Guerra civil. Obras de toda clase de autores, incluso de ediciones entonces censuradas algunas conseguidas en Méjico o Francia, gracias a libreros amigos. Se trataba de intentar comprender mejor qué había pasado, y porqué. El contraste entre las interpretaciones de los diferentes autores de todo el espectro político permitía formar la propia opinión sobre el drama español. Y creo que tal es la actitud correcta y necesaria entre la gente bienintencionada.  Investigar, escuchar, atender razones de unos y otros y formar opinión documentada.

Yo he tratado de seguir ese ejemplo de mi padre completando su biblioteca con más y diversas obras. He de confesar que a veces se producen revelaciones inesperadas que por su importancia pueden hacer cambiar ciertas percepciones de las cosas. A mi me parecen especialmente esclarecedoras las de los militares republicanos de convicción que se rebelaron contra el Frente Popular como el general de división Ramón Cabanellas o las del movimiento libertario, el más importante obrero de entonces.  O las del ilustre general republicano Vicente Rojo o las del libertario Cipriano Mera para comprender lo que pasaba en las milicias del Frente Popular.  La excelente aunque no muy conocida obra de Burnett Bolloten en cierto modo creo que pueda considerarse pionera de la revisión historiográfica sobre la verdadera naturaleza de la Segunda República y de su degradación golpista liberticida del Frente Popular desarrollada luego por Pío Moa, entre otros autores.

Pero tal actitud humanista y científica es la opuesta precisamente a la de esta ley despótica, liberticida y sectaria que ahora pretende perpetrar la Monarquía de don Felipe. Gracias a la acción liberticida de los descendientes de los saboteadores (socialistas, golpistas catalanes, comunistas, anarquistas…) de la república, entendida como régimen de derecho y libertades, no como totalitario «paraíso» socialista. También a la falta de reacción de quienes debieran defender los valores de la constitución, la civilización española y la democracia, pero no lo hacen.

Olvidando, pese a su actualidad e interés, las palabras de Azaña en el famoso discurso de 1938 en el ayuntamiento de Barcelona, cuando ya daba la guerra por perdida:

Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordaran, si alguna vez les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia, y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad y Perdón”. 

La amarga petición del que fuera segundo presidente de la república y uno de los corresponsables del desastre por desgracia ha caído en saco roto. Es moralmente condenable pero comprensible en el rojerío chequista ibérico liberticida que con la censura e incluso persecución penal del disidente informado pretenda ocultar sus crímenes y responsabilidades en el drama español.  Tratan de ocultar su violenta actividad golpista criminal en Asturias, Cataluña u otras partes. Pero no se entiende y creo les descalifica como verdaderos demócratas la pasividad cómplice del partido de Mariano o ahora de Feijóo.

Por no hablar del cobarde e incoherente papelón la Corona al no defender su propia legitimidad como herederos de Franco instaurados desde un merecido exilio gracias a la voluntad del estadista ferrolano.

Sí, la libertad de espíritu, de investigación, de prensa, de expresión, de cátedra,… todas ellas amenazadas por una Ley borbónica totalitaria y despótica que pese a su incoherente nombre descalifica como auténticos demócratas tanto a sus perpetradores activos como a los que no se oponen a esta barbaridad como hoy, insisto, el PP colaboracionista de Feijóo.  Ese mirlo blanco del globalismo usurpador que otra vez nos augura un futuro negro como el plumaje del cuervo que vuela en busca de carroña sobre los campos yermos y desolados.

ADDENDA

Un poco de memoria histórica, de la de verdad, con los desastres perpetrados por socialistas asturianos y golpistas catalanes en octubre de 1934. AQUÍ

 

 

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