Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Viaje a las Hurdes

Su Majestad ha hecho un hueco mientras contaba sus ahorrillos para dignarse visitar acompañado de Su Señora uno de los lugares con fama de más exótico de Su Reino. Me refiero a la comarca cacereña de las Hurdes. Hace ahora un siglo a lomos de caballería el bisabuelo de don Felipe visitaba la comarca, entonces uno de los lugares más pobres y atrasados de Europa. Sobre ese viaje, tan famoso, han quedado diversos testimonios gráficos e incluso Luis Buñuel se apuntó a dejar su propio testimonio cinematográfico. En la fachada de una de las casas de la plaza mayor de Casar de Palomero, la antigua capitalita hurdina, aún hoy permanece una placa conmemorativa donde se explica que Su Majestad don Alfonso XIII se dignó pernoctar en cama limpia tras su intrépido periplo hurdino por la zona más remota y atrasada de sus dominios.

Hace medio siglo visité con mis padres esta región que ya salía de su penoso letargo y abandono.  Ya había algunas carreteras asfaltadas y el acceso era relativamente fácil.  Creo recordar que aún se conservaban varias muestras de las antiguas edificaciones, de las primitivas “soluciones habitacionales” como las llaman los ridículos tecnócratas socialistas que arruinan a la nación.

Hoy muchas cosas han cambiado. Sin embargo, en Casar de Palomero se quejan de la al parecer  irreversible decadencia de la localidad. El comercio va desapareciendo. Algunas iglesias permanecen cerradas desde antes de la “pandemia”, más por desidia eclesiástica que por falta de público, si es verdad lo que nos cuentan.  Pero otros lugares de nombres tristemente célebres han experimentado una gran transformación.

Han desaparecido las míseras construcciones donde vivían más o menos hacinados y en condiciones terribles los lugareños.  Ahora el viajero puede contemplar otro tipo de estragos, los estéticos de la cutrería, el feísmo desarrollista tercer mundista, que afortunadamente desde luego permite mejores condiciones de vida y habitabilidad, pero es lástima que apenas se hayan conservado algunas muestras de esas construcciones antiguas por su valor antropológico como relicto de una época felizmente superada.

A Su Majestad don Alfonso XIII le costó mucho esfuerzo e incomodidades llegar a lugares entonces tan remotos y olvidados como la alquería de El Gasco.  Hoy se puede acceder en buena carretera de montaña. Todo tipismo ha desaparecido, las edificaciones actuales son un concurso de fealdad, y lo más típico quizás sea ahora buscar un lugar donde poder aparcar.  De modo que no es que a don Felipe y señora cierto cortesano Potenkim les haya puesto un decorado para tapar miserias, sino que la cosa está así.

Es de suponer que junto a las placas ya existentes en la citada fachada de la plaza mayor de Casar de Palomero ahora colocarán otra placa conmemorativa junto a la anteriores, informativa de hasta dónde llegó la riada, hoy con don Felipe y Leticia como héroes. O quizás ni eso porque las rutas han cambiado y ya nada es lo que era. Dentro de poco, tras los logros de la filantrópica Agenda 2030, algún otro viajero del tiempo se sorprenderá porque en este solar yermo y desolado de la Península Ibérica hubiera existido una civilización como la española capaz de hacer progresar a todo el mundo conocido.

Pero, mientras tanto, afortunadamente, un siglo después de la intrépida aventura alfonsina, la señora de don Felipe puede lucir modelito ad hoc de audaz exploradora en tierras exóticas sin mancharse. Cosas del progreso.

 

 

 

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