Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Feijóo tiene «los ojos verdes, verdes como la albahaca…»

Contra mi costumbre, confieso que anoche estuve un rato mirando una entrevista masaje en la caja idiota, no recuerdo bien en qué canal de intoxicación de masas. Era de Bertino Osborne al mirlo blanco galleguista, nueva esperanza enmucetada para mantener a flote los restos del naufragio del Régimen. Me refiero al taimado indígena prócer orensano que viene a recauchutar el pertinaz socialismo al servicio de los grandes negocios de la oligarquía.

Todo un proceso de falsa alquimia para chapar en oro la más oxidada hojadelata.

Dirigida al marujeo que seguro disfrutaría con la historia de su feliz aunque tardío himeneo con un alto cargo de INDITEX, desmintiendo rumores y habladurías.

Todo para hacer ver que es un buen chico y tan socialista como el mismo Sánchez o Felipe. Porque, aunque algunos ya lo sabíamos, esa sublime esperanza blanca del Régimen confesó haber votado a la PSOE y que, en realidad, se hizo del PP, en un momento de debilidad, sin muchas ganas, desde luego no por ideas sino un poco por quedar bien y para trepar más fácilmente en la cucaña que en la otra cordada había excesiva congestión.

Anécdotas personales aparte, ahí quedó como de pasada la esencia de lo que estamos viviendo: la tiranía de la socialdemocracia degradada y fabiana contra sociedades y naciones no importa el ropaje con el que disimule.

No vi ninguna referencia al indisimulable despotismo del personaje. La imposición de la lengua regional a la catalana, malbaratando presupuesto en la liberticida normalización lingüística según la cual los españoles que no hablamos gallego seríamos anormales. Una lengua, la española, que escandalosamente está prohibida en el parlamento regional. O los intentos de perseguir, dejar sin derechos civiles y multar a los ciudadanos que no dejaban inocular el artefacto genético experimental o las diversas fechorías que el lector ya conoce y que no resulta preciso repetir ahora para no hacer interminable la letanía.

Eso sí: cuando habla en español incluso parece un personaje razonable, un aprendiz de estadista.

Quedó la sospecha de que lo del acuerdo en Castilla y León fuese una trampa taimada para cazar a VOX,  el único probable enemigo común a ambas patas del turnismo borbónico y comandita de golpistas, etarras y hordas del hampa.

Acaso lo más interesante sea comprobar otra vez los intentos del Régimen por rejuvenecer mercancía averiada haciéndola pasar por buena, como un último grito de la filantrópica factoría globalista. Un recambio de igual utilidad por si lo del doctor falsario se convierte ya en completamente insostenible.

Lo del periodismo está en caída libre y muchos lo confunden con actividades más propias de las tradicionales mancebías. «Ojos verdes, verdes como la albahaca», fue una entrevista felatriz que ignoro o prefiero no imaginar cómo terminaría fuera de cámara.  No faltó en ella tópico alguno como el de las conocidas bondades de los ingredientes de la gastronomía gallega o de sus vinos.  Nada que ver con la carne de plástico «made in Gates» o la no menos célebre leche de cucaracha que nos quieren endiñar sus protectores.

No sé si el susodicho irá para ponerse de largo como manijero en edad de merecer a la reunión del Club Bilderberg ante tan modélico y selecto auditorio de la plutocracia globalista.

En fin, quién no le conozca que le vote.

Lamentable.

¡Qué no nos pase ná!

 

 

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