Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Ucrania como espejo de nuestros males

                                                                                                                                                            “Vamos a seguir ayudando a Ucrania y castigando a Putin”  (Presidente del gobierno de Su Majestad, en el Parlamento)

¿Qué está pasando?

Cada vez es más necesario intentar averiguar qué es lo que está pasando, demagogia y propagandas aparte. No sé si tiene razón el presidente de El Salvador cuando afirma que la verdadera guerra no está en Ucrania sino en Canadá, Australia, Francia, Bruselas, Holanda, Inglaterra, Alemania, Italia… una guerra del Poder contra la Sociedad a la que debiera servir. Pero el actual conflicto abierto está haciendo caer muchas caretas y mostrando la verdadera levedad del ser europeo actual esclavo consciente o inconsciente de la cleptocracia plutocrática y de las delicias de la Agenda 2030. «América para los americanos» (los gringos, se entiende) decía Morgan y ahora debiéramos continuar: y Europa, la UE, y todo lo que necesite para el Deep State y su brazo armado, la OTAN. Más leña para la caldera.

Como a toda persona normal a mí tampoco me gustan las guerras. “Donde acampan los ejércitos sólo crece la maleza” decía Lao Tsé hace veintiséis siglos. Pero las enseñanzas taoístas también incluyen otras sentencias como “las palabras veraces no son agradables, ni las agradables veraces.” No sé si con estos protagonistas tan lejos de los usos de la Caballería andante, el sabio Don Quijote repetiría hoy su famoso discurso sobre las Armas y las Letras. La veracidad de los actores se termina de perder en las guerras, pero surge la que muestran los propios hechos.

Y es que las provocaciones a Rusia por parte del Deep State con la UE de comparsa cada vez más arruinada y envilecida nos muestran nuestra estulticia actual, si bien está empezando a haber importantes revueltas contra los gobiernos mercenarios o traidores.  Pero, son de sectores o grupos profesionales especialmente perjudicados por sus gobiernos que actúan como si estuviesen en guerra contra sus propias naciones. Creo que falta la comprensión última del proceso histórico en el que nos han metido.  Este proceso de sabotaje y devastación programados resulta una fase previa de la agenda 2030 y de la construcción del NOM.

Seguramente una de las razones del fraude electoral presidencial que aupara a lo alto de la cucaña presidencial a un personaje tan turbio, mafioso y encanallado como el decrépito Biden sea precisamente esa, elevar la tensión a mayor granjería y negocios del Deep State. Durante su mandato, el para ellos «malvadísimo», Trump no había iniciado ninguna otra guerra cosa asaz inadmisible en un buen director comercial de las grandes corporaciones globalistas, por lo que no les quedó más remedio que sustituirle incluso a costa de degradar a EEUU a la condición de emergente ejemplar república bananera electoralmente hablando. Los norteamericanos son especialistas en falsas banderas lucrativas como bien sabemos los españoles desde la triste experiencia del Maine en Cuba. Bueno es recordar ciertos precedentes históricos que terminaron con desigual fortuna.

Un poco de historia reciente

Tras las provocaciones en Dombass, Rusia ha invadido territorio disputado en teórica defensa de su población rusa según ha declarado.  Triste resultado de la escalada de la tensión entre Rusia y EEUU y RU verdaderos actores tras la OTAN. Tensión que bien pudiera haber remitido si la OTAN hubiera mantenido su antigua declaración o regla de los tres Noes: Ninguna razón, ningún plan, ninguna intención de desplegar armas nucleares en territorios de sus nuevos miembros.

La proposición rusa de noviembre pasado planteaba que tanto Estados Unidos como Rusia se atuviesen a respetar la Carta de la ONU y que EEUU respetase su promesa incumplida de ‎no extender la OTAN más allá de la línea Oder-Neisse. ‎

EEUU, ‎RU y todos los demás Estados miembros de la Organización para la Seguridad y la ‎Cooperación en Europa (OSCE) son firmantes de las declaraciones de Estambul y de Astaná que establecían dos principios:‎
‎1- Cada país es libre de unirse a una alianza militar‎
‎2- Cada país tiene la obligación de no reforzar su seguridad a costa de la seguridad de ‎los demás. ‎ Sobre este segundo punto cabe comprender que la admisión en la OTAN de los países ex miembros del Pacto de Varsovia ‎implicaría el despliegue en sus territorios de armamento y tropas de Estados Unidos, lo que supone o pudiera entenderse como una amenaza a la ‎seguridad de la actual Rusia.

La cosa aún es más pintoresca porque si es verdad que la OTAN se creó tras la Segunda Guerra Mundial para defender a Occidente de la URSS, ahora tal amenaza ya no existe, ni tampoco habría soviéticos que combatir. Al contrario, para las naciones de la UE, incluida naturalmente España, lo más conveniente para sus legítimos intereses sería buscar relaciones de buena vecindad e intercambio comercial y suministros energéticos con Rusia, que ya no es la URSS. Pero se hace lo contrario.

Detrás de la crisis de Ucrania se encuentran intereses globalistas propios y dirigidos por EEUU y RU con la OTAN como pretendida justificación y comparsa. Así:

Un intento o programa último, en la línea histórica ya iniciada por la financiación de la revolución bolchevique y luego por Trilateral y el movimiento Tecnocrático, de hacerse mediante la previa destrucción del orden nacional ruso y su posterior apropiación de los vastísimos recursos de Rusia, que permitirían un Tecnato globalista de valor extraordinario sino definitivo para el NOM.

O, mientras tanto pueda llegar a realizar ese objetivo, evitar la creciente desmotivación e incluso deserción de los Estados subordinados a la OTAN. A los que si mirasen sus verdaderos intereses no les haría ninguna gracia participar en un conflicto bélico abierto en el que no tendrían nada que ganar y mucho que perder. Sin embargo, esta es una estrategia muy inestable y difícil de gestionar: pudiera resultar contraproducente acelerando el proceso de desagregación de la OTAN cuando las naciones viesen las orejas al lobo nuclear si la cosa se descontrolase. Dentro de esta estrategia anglosajona, ajena e incluso contraria a nuestros intereses nacionales, ¿tendría que ver con los intentos de mantener el rebaño agrupado?

De momento, como en un nuevo Afganistán, el Deep State con el tenebroso Biden a la cabeza visible habría embarcado a Ucrania  en una provocación suicida que nunca podría ganar sin su apoyo militar.  Acaso pretende una larga guerra de desgaste que sería calamitosa para Putin pero también y acaso mucho peor para las naciones europeas. Como dice Kissinger: “La prueba de la política es cómo termina, no cómo comienza”.

La impertinente visión de Kissinger

De todas formas no se termina de entender bien lo que pasa. Nuestros próceres no nos lo explican con objetividad sino de modo sesgado, o

bedeciendo consignas. Kissinger no es santo de mi devoción pero más sabe el diablo por viejo que por diablo. De no ser apócrifas, en 2014 al principio de la crisis que ha terminado en el actual conflicto abierto decía el viejo político:

«Ucrania no debe funcionar como un enfrentamiento sino como un puente entre Este y Oeste. Occidente debe entender que, para Rusia, Ucrania nunca puede ser simplemente un país extranjero. La historia rusa comenzó en lo que se llamó Kievan-Rus. La religión rusa se extendió desde allí. Ucrania ha sido parte de Rusia durante siglos y sus historias estaban entrelazadas antes de esa fecha. Algunas de las batallas más importantes por la libertad rusa, comenzando con la Batalla de Poltava en 1709, se libraron en suelo ucraniano. La Flota del Mar Negro, el medio de Rusia para proyectar poder en el Mediterráneo, tiene su base en arrendamiento a largo plazo en Sebastopol, en Crimea. Incluso disidentes tan famosos como Aleksandr Solzhenitsyn y Joseph Brodsky insistieron en que Ucrania era una parte integral de la historia rusa y, de hecho, de Rusia.

Ucrania ha sido independiente por solo 23 años; anteriormente había estado bajo algún tipo de dominio extranjero desde el siglo XIV. No es sorprendente que sus líderes no hayan aprendido el arte del compromiso, y menos aún de la perspectiva histórica. La política de la Ucrania posterior a la independencia demuestra claramente que la raíz del problema radica en los esfuerzos de los políticos ucranianos por imponer su voluntad en partes recalcitrantes del país, primero por una facción, luego por la otra.

Cualquier intento de un ala de Ucrania de dominar a la otra, como ha sido el patrón, conduciría eventualmente a una guerra civil o una ruptura. Tratar a Ucrania como parte de una confrontación Este-Oeste hundiría durante décadas cualquier posibilidad de llevar a Rusia y Occidente, especialmente Rusia y Europa, a un sistema internacional cooperativo.

Una política sabia de EE. UU. hacia Ucrania buscaría una manera de que las dos partes del país cooperen entre sí. Debemos buscar la reconciliación, no la dominación de una facción.»

La interpretación oficial del Deep State de una única nación inocente y uniforme atacada por un malvado tirano invasor parece muy lejos de estas declaraciones del viejo político norteamericano, realizadas desde un ángulo diferente al del actual del NOM.

¿Qué hacer o no hacer?

Sea como sea, es muy probable que este conflicto haya de suponer un antes y un después. De momento, dentro de proceso de sabotajes en el que estamos inmersos desde hace un par de años puede provocar otro desastre económico para rematar las agresiones producidas por sus gobiernos a las respectivas clases medias que soportan las instituciones civilizadas. El suministro energético e incluso las cadenas logísticas pudieran no estar garantizados lo que provocaría un auténtico caos en la UE. Parece ser que en ellos estamos y que la situación después del verano va a ser catastrófica.

Pero, también, como indicaba al principio, debiera servir para reflexionar sobre el modelo en el que estamos al menos en España y en Europa. Un modelo de corrupción espiritual, moral, política, económica, intelectual y ecológica, sometido a los intereses despóticos de una plutocracia sin patria que se atrinchera detrás de instituciones globalistas antidemocráticas para subvertir la civilización hasta hacerla desaparecer tal como la hemos conocido. Un modelo en el que se están eliminando los últimos restos de soberanía de las naciones, en el que el juego político democrático se haya viciado de raíz tal como estamos pudiendo comprobar una y otra vez.

Ironías de la Historia, una nueva aparición de Fátima hoy puede que pidiese la conversión de Occidente en vez de Rusia. Una Rusia que ya no es la arrumbada URSS y que paradójicamente pudiera representar un bastión actual del Cristianismo frente a la tiranía del nuevo neomarxismo posmoderno de la Agenda 2030 y similares que campa a sus anchas entre los anglosajones y sus títeres, incluidos nosotros.

No solo el bochornoso espectáculo entre paleto y servil de la reciente Cumbre de la OTAN que muestra urbi et orbi la actual indigencia moral e intelectual de la sumisa Monarquía filipina de hoy en las antípodas de otra filipina de gloriosa memoria. El papelón que está haciendo el Reino de España, junto a otras naciones de la UE que fueron importantes, resulta lamentable, y se echa de menos nuestro antiguo status de neutralidad en los conflictos europeos. Con Gibraltar ocupado por una insolente potencia colonial, y otras partes de nuestro territorio nacional amenazado, con el Deep State apoyando e incluso armando a nuestros enemigos, nos vamos a que nos enreden en un conflicto fronterizo ruso, que en sí mismo nos es ajeno.

Para España la actual posición subordinada a intereses ajenos aún resulta más imprudente. Con un Jefe del Estado inoperante o colaboracionista, el desastroso Estado de las autonomías ha potenciado las fuerzas centrífugas de algunas regiones españolas sin apenas fuerza centrípeta que las equilibren. Los sistemas federales o confederales existentes de este tipo son repúblicas con presidentes elegibles, no monarquías parlamentarias que hasta cierto punto dependen de los propios golpistas, filoterroristas e insurrectos como estamos comprobando.

Por ello parece especialmente imprudente entrometerse en conflictos fronterizos externos o internos de otras naciones. Es el mismo Deep State que provoca a Rusia y manipula la política española quien potencia los golpistas catalanes o arma a Marruecos.

De modo que ojalá pudiéramos recuperar soberanía para mantener la neutralidad e intentar proteger nuestros legítimos intereses.

Mientras tanto, en pira funeraria que no parece purificadora, España arde por los cuatro costados…

 

 

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