Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Salió la galga capada

El PP fabuló el cuento de la lechera o el de criador de galgos pero le ha salido mal la maniobra. Nada del pretendido objetivo de mayoría absoluta. Nada tampoco de dar una lección a Ayuso para hacerla saber quien manda. Mejora en dos escaños gracias a la caída de la PSOE al que supera, pero pierde votos. Que el PSOE siga a su rebufo inmediato pese a tanta fechoría como ha perpetrado y sigue perpetrando no es para echar cohetes e indicaría que la gente no termina de ver en las huestes de Casado ninguna tabla salvadora.

No sé si habrá escrutinio general o la cosa quedará así. Pero tendremos nueva ocasión de comprobar cómo la partitocracia borbónica se reparte el botín.

Y un aspecto muy importante es constatar qué va a hacer el único emergente, VOX. Más pronto que tarde, puede que no ya no pueda demorarlo mucho tiempo más, habrá de decidir si prefiere estar replicando o en la procesión. Si está con el régimen y fatalmente ha de convertirse también en casta o si tiene alguna viabilidad intentar la reforma solo desde dentro si no se hace nada desde fuera. Ha pedido una vicepresidencia, pero ¿para hacer qué? De momento, Casado le ha respondido que nones.  Los fracasos anteriores de Ciudadanos y podemitas en intentar reformar el sistema, o eso decían, creo que ilustran lo que digo.

El vencedor sin padre de las votaciones ha sido como casi siempre la abstención, que ha subido un poco pero aún muy lejos de lo que sería necesario para deslegitimar por completo los resultados y a las instituciones. Un voto “no voto” que ha vuelto a ganar pero aún no es útil aunque indica una tendencia. Sin embargo, demasiado lenta porque incluso es posible que la insostenibilidad del régimen le haga quebrar antes.

Es curioso que con la actual descomposición, Castilla esté siguiendo el proceso inverso del federativo que otrora la hizo grande, una comunidad de hombres libres. La actual descomposición en una especie de “sálvese quien pueda” más propia de un naufragio, lleva a generar más taifas dentro de las taifas. Ahora provinciales, luego acaso por municipios, distritos postales hasta la república independiente de mi casa. Y comprobar cuál es el último átomo de soberanía.

Todo un fracaso de convivencia que aún puede empeorar en un naufragio total. Hundido el barco nacional, ¿quedarán las barquillas de salvamento a merced de la tempestad?

 

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