Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Corrida en febrerillo loco o más cornás dan las urnas

Corrida en febrerillo loco, como si fuese la madrugadora feria de Valdemorillo. Se había anunciado el festejo fuera de temporada. De repente, como súbita enfermedad en ya antes solícitamente pinchado con todos los puyazos reglamentarios. Una prueba más bien oportunista para intentar evitar que medrase la cuadrilla socia rival y alterase el escalafón. En realidad, nada nuevo en esta plaza salvo la prodigiosa revelación de la niña torera.  Esto de las mujeres toreras no suele hacer mucha gracia a sus compañeros que pretenden monopolizar las virtudes hormonales y ven fatal que una dama les pueda dejar mal por valentía y pundonor ante el respetable. Peor aún si encima tiene cara de risueña manola goyesca. La honrilla y los celos, ya se sabe. De modo que se llega de tapadillo al poco honroso acuerdo de no anunciarla en el cartel principal salvo en la letra pequeña y que la susodicha actúe como sobresaliente llegado el caso para salvar la corrida si el electorado de más trapío manda al hule a la terna centrista titular, preferida de la empresa y de la alabanciosa prensa sobrecogedora siempre tan oportuna al quite de fechorías y entuertos.

Para colmo, además de la susodicha torera, otra nuevo protagonista emerge de futura figura con animosa cuadrilla para revolucionar el escalafón, a pesar del sabotaje empresarial o el ninguneo de la prensa en nómina que pretende mantener el tinglado y el afeitado institucionalizado. Gente con más ganas o menos acomodaticia que les puede madrugar la merienda o amenazar su poltrona y a la que es preciso desactivar como sea.

No pintaba demasiado bien la tarde, oscuros nubarrones amenazaban con acabar de modo brusco e inoportuno con la pertinaz sequía. Se eligió mal, pero ya no se puede suspender que está todo el tenderete preparado. Incluso para hacer bulto temiendo tendidos vacíos se ha dado entrada libre a vacunados en cuarentena y militares sin graduación pero con mascarilla.

Suenan los clarines del miedo, se preparan las cuadrillas para el paseíllo, el alguacil recoge las llaves del toril, y al diestro cuando mira el callejón de los sustos no le llega la camisa al cuerpo. Descendiente más que discípulo del famoso Escamillo, “toreador, toreador” el amante de la apasionada Carmen, el diestro centrista ha heredado poco de su gallardía y torería. Comprende que no se puede permitir otro desastre que deje por tierra sus ambiciosas aspiraciones de triunfar en Las Ventas. La gran feria de Madrid es la que decide la temporada y pone y quita en el disputado escalafón de la torería. Pero buenas faenas son amores y no sorosianas sinrazones. No, no vale para la lidia por mucho que se empeñe Bilderbeg. Mucho postureo centrista, mucho don tancredismo marianesco, mucho “dejadme solo” pero muy poco arrimarse y aún menos torear, sobre todo si el morlaco además de trapío muestra aviesas intenciones.

Otrora el público habría estado por colaborar alegre, con simpatía, incluso regalando los trofeos.  Pero se siente que la indignación contra el premeditado sabotaje a la fiesta va en aumento. Ya no sirve torear con el pico de la muleta ni arrimarse a toro pasado para mancharse el traje y hacerse el valiente. Toros suaves, mansos, afeitados, de las nuevas generaciones domesticadas, tambaleándose por la degeneración genética, el vicio, la mala dieta y la falta de suficiente ejercicio en las dehesas. Lástima de magnífica zootecnia española con sus razas autóctonas reducto de la ganadería extensiva. Con animalistas, socialistas, comunistas, feministas, golpistas, filoetarras, gentes asaz atrabiliarias y desbaratadas al servicio de los monopolios más depravados se van perdiendo las mejores joyas de la casta taurina. Todo ello a mayor medro y granjería de los manidos gustos globalistas que prefieren las vacas lecheras de gordas ubres pasteurizadas subvencionadas por Bruselas al autóctono bravo toro heteropatriarcal con su naturaleza bien puesta.

Pero también la casta torera sufre las consecuencias del neomarxismo posmoderno: en vez de gentes con pelo en pecho, ahora con cuadrillas de señoritos pelanas, toreadores de salón, ineptos y cobardes. Lo que pomposamente llaman los nuevos jóvenes líderes mundiales. Todo al gusto estragado y canallesco del Foro de Davos y del NOM, gente degenerada, aviesa y traicionera enemiga declarada de nuestra fiesta, nuestras tradiciones, patrimonios y libertades.

El morlaco huele el miedo centrista. Menos mal que estaba al quite nuestra malquerida sobresaliente, que si no hubiéramos presenciado una sonada desgracia. Trastabillado y con la taleguilla desgarrada el diestro centrista se retira a la enfermería. Nuestra heroína se abre de capa y con quince pases, quince, verónicas para taparse, manoletinas y chicuelinas pone al toro en suerte. Sube un poco la moral del respetable traicionado, aunque no lo suficiente para dejar de buscar otras cuadrillas. Lo actual no vale pero no termina de cuajar una alternativa. El titular regresa muy pálido y desencajado: faena de aliño, ronda de pega pases motorizados con inteligencia artificial. No convence ni siquiera al público más afín o querencioso. Se perfila para la suerte suprema, mete y saca a traición. Descabello no doy ni una. Por aburrimiento y para evitar más pinchazos, asqueado por tanto desatino, dobla el sufrido animal.

Indra cuenta la escasa pañolada a gusto del empresario que paga. ¿Otra vez será?

 

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