Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Canadienses, Gulag y Tecnatos

La gran manifestación en la capital de Canadá, apoyada en otras importantes ciudades, que ha reunido camioneros y gentes de todo el país incluso del vecino EEUU apenas ha tenido repercusión en los subordinados y domesticados media en España. Un éxito aún mayor si tenemos en cuenta la crudeza del invierno canadiense, la extensión de su territorio y los obstáculos que el infame gobierno globalista inoculador de Trudeu habría intentado interponer contra los ciudadanos. Al parecer, incluso se rumorea que el ejército se habría negado a ser usado para reprimir a los manifestantes. Sea como sea, la manifestación ha constituido un gran éxito de la sociedad contra el Estado opresor y el encanallado primer ministro canadiense cobardemente ha huido como las ratas.  No me extraña esa cobardía. El tal Trudeu, depravado hombre de paja de la plutocracia, es un dechado de virtudes globalistas «filantrópicas«.

Existe un dato que creo de especial interés desde un punto de vista geoestratégico cara un futuro gobierno tecnocrático con sus Tecnatos. Término que fue acuñado por el Movimiento tecnocrático histórico para describir el área sobre la que operaría una sociedad tecnocrática.  Según los tecnócratas, un Tecnato no puede simplemente fundarse como un nuevo país sin más. Tiene varios requerimientos que deben cumplirse para su viabilidad operativa. Así, por ejemplo: suficientes recursos naturales para operar. Una base industrial y científica pre-existente. Y suficiente personal calificado para gestionar la infraestructura y servicios del Tecnato.

Canadá junto con Australia son grandes territorios con muy poca población, una reserva ideal para las fechorías actuales y futuras del NOM o la implantación de futuros Tecnatos. Ironías de la Historia, lo que constituía una ventaja comparativa como nación, la escasa densidad de población con abundante recursos, se convierte en foco de atracción para las ambiciones globalistas. En ellos se ha cebado su clase dirigente mercenaria de la plutocracia internacional alcanzando cotas de represión y negación de los derechos humanos impensables hace pocos meses.

Los ciudadanos de estos países que, en el ejercicio de sus derechos y amparados por las leyes o los tratados internacionales, se niegan a ser inoculados con la peligrosa pócima experimental han sido acosados y reprimidos con una crueldad más propia de los GULAG o de un Auschwitz que de unos estados supuestamente civilizados y democráticos ¡Cuánta hipocresía!

Los no “vacunados” están siendo tratados como judíos en el Tercer Reich o como anarquistas o troskistas por Stalin. Se les pone su identificativa “estrella amarilla” para negarles los derechos civiles más básicos. Es decir, como al enemigo en guerra.

Esta vergüenza intolerable, e impensable en el siglo XXI, está siendo asumida incluso como necesaria y beneficiosa por buena parte de la población domesticada. Por políticos y profesionales ineptos, corruptos o mercenarios pero desgraciadamente también por una opinión pública cada vez más aterrorizada y presa de una especie de Síndrome de Estocolmo.

Sin embargo, parece ser que esta barbarie so pretexto de la impostada gravedad de la pandemia está remitiendo con carácter general por lo que aún hay motivos de cierta esperanza: La confesión de la inutilidad de los PCR, la última decisión del tribunal Supremo de EEUU en contra de la obligatoriedad de la vacunación generalizada, el anuncio del cese de restricciones ya en Dinamarca y luego en otros países europeos, la incipiente rebelión de algunos profesionales sanitarios contra el despotismo corrupto y mercenario, el creciente convencimiento de la letalidad de las “vacunas” que apenas puede ya disimularse, la sensación de corrupción moral y económica en la que parecen moverse la mayoría de los dirigentes…

Viendo la manifestación de Canadá podemos deducir que aunque no hay que echar las campanas al vuelo tampoco está todo perdido.

 

 

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