Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

España vaciada y sistemas agrarios

“La solución del problema social agrario es fundamental para la vida de los pueblos y especialmente para España”  (Pascual Carrión)

 

 “En agricultura, sólo 1/3000 horas de trabajo humano por unidad de producto se necesitan comparadas con 1840…no respondo de la exactitud de estas cifras. Los tecnócratas de quienes proceden son demagogos y, por tanto, gente sin exactitud, poco escrupulosa y atropellada” (José Ortega y Gasset)

 

«Parad, airecillos, / y el ala encoged, / que en plácido sueño/ reposa mi bien.

Parad y de rosas/ tejedme un dosel,/  do del sol se guarde/ la flor del Zurguén…»

(Juan Meléndez Valdés)

 

Uno de los temas de actualidad es el de lo que se ha venido en llamar la España vaciada y su problemática representación política, fuente de sobresaltos para las más tranquilas aguas del Régimen. Para muchos ecologistas de salón influidos sin criterio propio ni experiencia por la plutocracia financiera y sus intereses ocultos esto del campo y la ecología es una moda parecida a la de la poesía bucólico- pastoril propia de otros tiempos, aunque sin un Cervantes, Lope de Vega o Meléndez Valdés que la glose.

De aquí muchos disparates como lo de la persecución de la ganadería, la de la cría de reses bravas, auténtica joya zootécnica de nuestras dehesas o la prohibición de la caza.

José Manuel Naredo, mi antiguo maestro en muchos temas de economía agraria, es uno de los meritorios estudiosos españoles, junto a Pablo Campos, Juan Martínez Alier, Javier López Linaje, Xaquín Lorenzo u otros, de los sistemas agrarios tradicionales, incluyendo en este concepto una visión integrada  de diferentes aspectos de la vida rural tradicional como la vivienda o los objetos útiles. Es decir, todo el conocimiento propio de la vida rural antes de la introducción en gran escala de los combustibles fósiles y la consiguiente emigración acelerada derivada de los cambios en la producción y el aumento de la productividad del trabajo. Hubo una época durante el franquismo en la que las publicaciones del Ministerio de Agricultura reflejaban un gran conocimiento de nuestros recursos y su forma de aprovecharlos.

Sin embargo, había que hacer frente a problemas técnicos importantes como la carencia de estadísticas fiables en unidades físicas de superficies, rendimientos o producciones de modo que levantaron acta de un mundo perdido, en el que prevalecía el valor de uso sobre el valor de cambio, la escasez objetiva sobre la subjetiva, el ciclo cerrado y el largo plazo, y en que mal que bien, la gente a base de ingenio, conocimiento diferenciado de su universo y mucho esfuerzo y dedicación, no hay que olvidarlo, se apañaba para sobrevivir sin el uso intensivo de energía fósil.

Tengan razón última o no teorías neomalthusianas como la de Olduvai el caso es que las poblaciones dependen de los recursos y en especial de la energía. Probablemente una futura carencia en la disponibilidad de energía fósil tenga por escenario una situación de histéresis. Muchos recursos agrarios se han degradado o extinguido y la gente que sabía como emplearlos ya habrá desaparecido. La necesidad de conservar ese conocimiento popular junto con los datos que pueda facilitar la investigación aplicada como las de las estaciones de ciertas cajas rurales resulta imprescindible.

Hace no tantos años se consideraba que la solución del problema social agrario era fundamental para España. Los errores políticos, ecológicos y técnicos en el planteamiento de la Reforma Agraria republicana influyeron en su fracaso lo que resultaría fuente de violencia y un importante factor de desestabilización del Régimen. Desde entonces muchas cosas han cambiado en el mundo, y hoy en España ya no existe la antigua y dramática presión sobre la tierra pues la población empleada en la agricultura y residente en el mundo rural ha descendido enormemente, de modo que muchas extensiones de nuestros campos se hallan ahora solitarias, abandonadas. Los sistemas agrarios se han simplificado, perdiendo gran parte de su complejidad y riqueza ecológica, cuando no desaparecido. Cuando se viaja por España cada vez se observan menos superficies de cultivo por lo que el paisaje resulta menos variado. Se puede atravesar buena parte de Extremadura sin poder ver piaras de cerdo ibérico en las dehesas. Algo de vacuno de raza blanca cacereña, alguna oveja y poco más.

Es al revés: la escasa presión sobre el recurso tierra viene provocando un proceso entrópico, de desorden y desorganización de los antiguos sistemas agrarios. Tampoco suele haber una ocupación racionalizada del espacio creciente que deja la disminución de Superficie Agrícola en forma de repoblaciones o de recuperación de bosques. Como mucho se suelen realizar algunas plantaciones de especies de crecimiento rápido, lo que más bien parece otra forma especial de cultivo, pero plurianual. Un asunto cuya desatención no deja de ser paradójica por no decir inexplicable en un momento de auténtica histeria inducida con lo del cambio climático de supuesto origen antropogénico cuando la actividad fotosintética sirve para fijar CO2 de la atmósfera. O con los problemas de la pérdida de suelo fértil debida a la erosión, un verdadero desastre desde el punto de vista de nuestro patrimonio natural. En muchas zonas de nuestros montes y penillanuras las especies vegetales dominantes ofrecen manchas uniformes significativas de los procesos de degradación de los ecosistemas.

Detrás de tan profunda transformación existen muchas causas. Las explotaciones se encuentran desestabilizadas en el aspecto financiero. Han pasado de antiguos sumideros de ahorro a posiciones deudoras, víctimas del juego de costes y precios no controlados. La productividad del trabajo ha crecido de modo extraordinario. Ya no hacen falta tantas personas para atender la producción agraria, y no todas pueden recolocarse en sector industrial o servicios al menos en su misma área.  Esta desordenación del territorio multicausa genera la España vaciada.

También es un resultado del cambio en la utilización de la energía y sus principales convertidores: plantas, ganado y máquinas en los sistemas agrarios. De singular importancia es, frente a la ganadería tradicional integrada, el desarrollo de la ganadería intensiva alimentada con productos propios del consumo humano como el maíz o la soja. Un combustible diferente del que usaban las máquinas vivientes de nuestra cabaña autóctona, más resistentes y mejor acomodadas al medio natural y capaces de aprovechar mejor los propios recursos pascícolas y la fotosíntesis no subsidiada con energía fósil, sirviendo además para la tracción en el caso del vacuno.

Por haber estudiado la cuestión ya en los años setenta he sido escéptico en lo que se refiere a la viabilidad real extendida de las biomasas para la automoción. Salvo que apenas tengan aparato logístico asociado y se consuman donde se producen los rendimientos valorados en términos energéticos son muy pequeños, incluso negativos. Es petróleo cambiado de forma, porque la agricultura de los países occidentales consume mucha energía fósil que asiste a la fotosíntesis.

También debe saberse que la producción de una proteína de carne requiere varias de proteína vegetal. Por ello es de gran importancia distinguir la ganadería extensiva que se cría comiendo productos no susceptibles del consumo humano de la intensiva, sin tierra, que drena recursos como maíz o soja que podrían alimentar directamente al hombre.

 

En los párrafos anteriores he tratado de trasmitir una breve idea de la complejidad de lo que sucede y como requiere una política agraria que tenga en cuenta todos estos aspectos ecológicos y técnicos junto con otros de carácter organizativo, financiero…así como su mejor integración en la agroindustria.

Y es que no tiene razón León Walras cuando afirma que: “el valor de cambio, la industria y la propiedad son los tres hechos generales de los que toda riqueza social es el teatro”.

Muy especialmente en el sector primario deberían revisarse conceptos básicos tales como escasez, valor, gestión de recursos basada en unidades físicas y no solo monetarias, diferencia entre riqueza patrimonio y riqueza renta, crecimiento…

Una política agraria de futuro debe replantearse sus objetivos. Ante la posibilidad de previsibles futuras hambrunas producidas por fenómenos naturales, o inducidas por la plutocracia financiera, es preciso recuperar una cierta autarquía en la producción agraria que permita alimentar y mantener la sociedad en previsibles condiciones de limitación del comercio internacional.

Algo que puede colegirse requiere recuperar soberanía para tratar de abordar un programa nacional de reconstrucción del sector FAO. Y que en mi humilde opinión no parece puedan arreglarlo unos cuantos francotiradores en guerra de guerrillas, aunque puedan tener un papel útil para… ¿acaso favorecer los intereses de los enemigos de España?

Pero, ¿Dónde influir de modo preferente?

Es preciso comprender dónde estamos y tratar de evaluar de modo multidisciplinar las políticas, los programas y los proyectos. El esquema energético de la agricultura española puede ilustrar esta pregunta. Al mirar en el esquema del diagrama energético la división en fotosíntesis asistida o no asistida se pueden observar los puntos más críticos e interesantes, en especial en un posible futuro de penuria e incluso hambrunas.

Pero esto puede ser objeto de otra garita.

 

 

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