Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Traditionis Custodes, liturgias y rituales

La liturgia constituye una forma de expresión de lo sagrado. Una manifestación de lo numinoso. Un lenguaje de símbolos que habla a la condición integral del hombre. En su momento, la Reforma modificó o abolió ceremonias y sacramentos. Hoy es bien sabido que Bergoglio y sus gentes han iniciado una especie de guerra de exterminio contra los partidarios de la Tradición litúrgica católica. Primero con el motu propio titulado Traditionis custodes y ahora con la respuesta oficial a algunas de las dubias en las que se insiste en el carácter represivo contra la antigua forma de entender la práctica y los rituales. Rompe así con siglos de tradiciones. Y con los planteamientos de sus antecesores, incluido Benedicto XVI quien había tratado de mantenerlos aunque fuese en un segundo plano.

Un asunto, este de la represión sin miramientos de la Tradición, que no deja de ser curioso sino paradójico cuando a la vez se quieren promover urbi et orbi las supuestas sinodalidades protestantes como pretexto para dejar a la Iglesia irreconocible.

Como no soy teólogo no me voy a meter en «tologías» como decía prudentemente Sancho Panza. Ahora bien creo que no estaría de más intentar repasar algunos aspectos básicos de esta cuestión en lo referente al lenguaje universal de los símbolos, algo de importancia básica para cualquier estudioso.

Los rituales son sistemas dinámicos de símbolos. Son gestos y símbolos en acción. A diferencia de los lenguajes racionalmente codificados hablan también al inconsciente, al mundo de la emoción, conmueven, es decir mueven hacia … todo un mundo espiritual. Y despiertan y movilizan determinadas energías sutiles. Los ornamentos también están en relación con los rituales, los gestos y la movilización de energías.

Se realizan en un espacio y un tiempo singulares, diferentes de los profanos. Es decir, en un templo. Que puede ser una construcción con pautas canónicas de Arte sagrado o simplemente en la sencilla desnudez de la propia Conciencia. Sin olvidar sus posibles influencias en las glándulas de secreción interna y los centros energéticos o chacras.

Esto puede entenderse que es Magia pero en un cierto sentido, el que defiende un compañero de Orden de Bergoglio. Me refiero al jesuita cordobés Francisco Torreblanca Villalpando: “Magia es ciencia divina, y natural, la cual Dios infundió a Adán, para el gobierno del mundo, y después dio a Salomón, José, Jacob, Daniel  y otros que celebran las sagradas letras, según probamos en el apartado de magia operativa. … Porque la Magia fue la ciencia de las ciencias, (que ello quiere decir en la voz Pérsica), la majestuosa, la magistral de todas ellas, de quien penden, como de su principio, dándolo a los demás, según el gran Philón. Por lo cual en los primeros siglos no podían ser reyes ni jueces, si no hubiesen estudiado la Magia. Porque los Magos no son encantadores como algunos piensan sino los sabios y letrados del mundo….”

En tanto que tengan que ver con el lenguaje de la Naturaleza resulta muy imprudente sino peliagudo cambiar los rituales a menos que se quieran sustituir sus fines o razón de ser. Es posible que su magia o capacidad de conmover o movilizar energías se resienta incluso se destruya con esos cambios. En cierta famosa sociedad iniciática existe el mito de la Palabra perdida, que se explica por la muerte del Maestro y la Sabiduría que representaba en manos de los malos compañeros: ambición, fanatismo, hipocresía…

Algunos observadores vaticanólogos se malician que esto forma parte del cisma que se promueve desde lo más alto de la cucaña.  En la misma o similar línea del Cor Orans para la reforma monacal. Una Iglesia oficial que disfrutaría de un abultadísimo patrimonio material a poner en el mercado para crear valor para el accionista y mayor granjería especulativa de fondos de inversión. Y otra, fiel a la Tradición, despojada, resistente, abocada a una difícil supervivencia en las catacumbas.

Sea como sea, considero que en general las reformas litúrgicas posteriores al Concilio Vaticano II han resultado una calamidad de lesa Belleza. En buena parte se ha perdido la emoción estética, una de cuyos modos de comunicación es mediante sonidos.

Como explica el Dr. Alfonso existen en el cerebro dos pequeños órganos glandulares, en relación anatómica y fisiológica: la Hipófisis y la Pineal, una especie de el cátodo y el ánodo del gran mecanismo electroquímico que es el sistema nervioso. La primera aumenta su actividad con los esfuerzos mentales, llegando sus vibraciones o sus hormonas a despertar la actividad de la pineal. Estas dos pequeñas glándulas son una especie de antenas receptoras y emisoras de la vibración mental, por las que se emiten o reciben pensamientos constructivos o destructivos, según las leyes de sintonización mental. Estas glándulas son los órganos donde se manifiestan las más elevadas operaciones intelectuales del ser humano.

La pineal está simbolizada en el clásico «tercer ojo» de los cíclopes mitológicos; y la manifestación de sus funciones no ha dejado de ser expresada por los artistas de todos los tiempos, en esos halos o haces de luminosidad nimbando la cabeza de los santos o seres espiritualmente elevados. Y esto desde los tiempos más remotos; lo que prueba el conocimiento arcaico de las funciones de la pineal.

Y además de los gestos y la vista o el olfato y las sustancias olorosas hay que destacar la importante misión del sentido del oído. Así, ciertos acordes y sonidos, abundantes en los cantos litúrgicos religiosos, en las obras de los grandes maestros y en la articulación de ciertas palabras de poder (los famosos mantras de los indos o de los tibetanos), que tienen la particular influencia de intensificar las pulsaciones de la hipófisis en los fieles sensibilizados y educados para ello.

Con estos sucintos conocimientos anatómicos y fisiológicos podemos comprender mejor la especial fascinación que produce el latín y el canto gregoriano dentro del culto católico tradicional. De modo que determinados rituales y liturgias representan una especie de artefacto espiritual al servicio de la evolución del alma. Y en la medida que estas cuestiones elementales son conocidas por casi cualquier buscador espiritual cabe preguntarse qué se pretende en realidad con estos cambios imperativos.

Y no sólo es el sonido, al fin y al cabo el Fundador del Cristianismo hablaba en arameo y no en latín. Pero existe otra cuestión fundamental para los católicos pues tiene que ver con su ritual más importante de todos, la Misa y el sacramento de la Eucaristía. Al parecer, también se quiere sustituir el propio concepto expresado en las palabras. Así en la misma forma o expresión de la consagración: «Alimento» por cuerpo. «Líquido» por sangre. Algunos teólogos consideran esta modificación como una forma de neutralizar el sacramento de la Eucaristía. Parecería que se le quiere dar la razón a Daniel cuando pr0fetizaba la abolición del Sacrificio perpetuo.

¿Supondría otra maniobra bergogliana dirigida a promover el futuro cisma?

Ignoro si al cabo se repetirá el milagro griálico medieval del Cebrero: Una leyenda del siglo XIII narra que un monje del monasterio cluniacense próximo celebraba el sacrificio de la santa misa y en el momento de consagrar dudaba de la eficacia de la liturgia para obtener la transubstanciación. Pero ocurrió ante el espantado e incrédulo oficiante. El pan y el vino se trasformaron en la carne y la sangre del Salvador.

Sea como sea, mi opinión profana es que se debieran dejar los rituales en paz. Porque ciertas modificaciones, como las armas, las carga el diablo.

 

Nota

Ilustraciones tomadas del Misal latino español, edición 1956 y de la pinacoteca de Eugene de Leastar

 

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