Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Notre Dame woke y el Arte sagrado

Recuerdo con gran tristeza ese aciago lunes santo de 2019 en París. Haya sido o no un atentado no puedo olvidar la sonrisa mefistofélica de Macron acompañado del ministro del Interior cuando se dirigía al templo aún humeante. En este caso no creo que sea de aplicación el famoso aforismo taoísta de que “por la sonrisa del necio se conoce la grandeza del Tao”. Si la Providencia divina no lo remedia el presidente agente Rothschild y su gobierno van a perpetrar una gravísima fechoría en la catedral de Notre Dame: Convertirla en una especie de tenderete de mercaderes, parque temático Disneylandia y tinglado «woke».

La verdad es que tuve que buscar el significado de esta equívoca palabrota sacada de la lengua de globalistas y piratas y sí: significa despierto o despertó. En realidad, término para progres y buenistas que encubriría una revolución cultural al modo maoísta posmoderno, una agresión a la Tradición. Y en el caso concreto que nos ocupa una remodelación radical que desnaturalizaría la condición de Arte sagrado de la bella catedral parisina.

En uno de sus textos Proust ya especulaba con la muerte de las catedrales derivada del paso del tiempo y la supuesta extinción del Catolicismo. Excepto para algunos pocos sabios investigadores de rituales, liturgias y significados, hoy perseguidos y represaliados por el reciente motu propio bergogliano Traditionis custodes, las catedrales se habrían convertido para la sociedad de tal época monumentos ininteligibles. Nos explicaba Proust que “caravanas de snobs van a la ciudad santa y una vez al año sienten la emoción que antaño iban a buscar a Bayreuth y a Orange; gustar la obra de arte en el marco mismo que fue construido para ella.  Desgraciadamente no pueden ser más que unos curiosos, unos diletantes; hagan lo que hagan ya no habita en ellos el alma de antaño”.

Y es que algo cada vez más parecido a la advertencia proustiana nos sucede en una civilización deshabitada de actores conscientes y protagonistas salvo impostores poderosos encaramados en las cucañas institucionales. El tiempo perdido está siendo recobrado por los audaces mohatreros enemigos de la civilización y de lo sagrado, pero empeñados en crear valor para el accionista. Así, no es de extrañar que alejados los buscadores espirituales y los antiguos fieles los recintos de lo sagrado con su especial Espacio y Tiempo se están reconvirtiendo en una especie de parque temático para lectores apresurados, consumidores atolondrados y guiris o indígenas semi analfabetos de todas procedencias. Apenas incapaces de comprender nada por muy «woke» que se consideren. Ni menos el Tiempo que ni siquiera saben que lo que han perdido y así no son capaces de buscar.

El destino de Notre Dame ha entrado en la campaña política presidencial francesa. La nueva bestia negra del globalismo plutocrático y controvertido candidato Éric Zemmour clama porque “Notre-Dame vuelva a ser Notre-Dame”. Y ha jurado que si es elegido Presidente de la República volverá la catedral a su naturaleza original. Algunos tratan esta pretensión de demagógica, oportunista y ajena a un debate electoral. No estoy de acuerdo. Nada más necesario para la civilización hoy tan amenazada como recuperar el Arte y la emoción de lo sagrado, y evitar su sacrificio para crear valor para el accionista.

Desde este punto de vista, el futuro de Notre Dame también es nuestro futuro.

 

Entradas feeds. XHTML y CSS válidos. Tema WordPress basado en GimpStyle diseñado por estudiocaravana.