Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El trabucazo eléctrico

Lo de las tripas del sistema eléctrico cada vez resulta más difícil de entender, forma parte de los arcanos más abstrusos de la Termodinámica teológica o de la Teología termodinámica. Incluso para los ingenieros teólogos o los teólogos ingenieros que deben actualizar sus dogmas con las recientes aportaciones de los corruptos burócratas socialdemócratas y ecologistas a la violeta de la peligrosa pero interesada cuerda de la Greta zumbada. Un señuelo tras el que esconder el trabuco.

Pero existen pautas o criterios o atributos que se mantienen en el tiempo, no importa el Régimen, pues no en balde el tinglado empresarial eléctrico constituye el corazón de actividades de la oligarquía española. Uno de esos atributos es el oscurantismo. Otro el disimulo soportado por su gran influencia en los media. Sin olvidar la alta concentración de capital. Veamos.

Recuerdo las peripecias del ambicioso plan nuclear español heredado del franquismo. En esa época, primera administración socialista a principios de los ochenta, colaboraba como ingeniero asesor para temas de energía y medio ambiente del Vocal de la Junta permanente de Planificación, el gran estadístico, economista e investigador José Manuel Naredo.

Una de las cuestiones más apremiantes que entonces tuvimos que estudiar dentro del Plan Energético Nacional fue la de la continuidad del programa nuclear, diseñado de modo tan excesivo o descomunal que estaba causando graves problemas técnicos y financieros a las compañías eléctricas. En un informe confidencial elaborado por el Ministerio de Hacienda de la Administración Suárez en el año 1980 se explicaba el estado de quiebra técnica no declarada del sector eléctrico, maquillada con el oportuno juego de las amortizaciones. Para salvar al sector el gobierno felipista se envolvió en la filantrópica bandera ecologista y promovió el famoso parón nuclear, algo que de todas formas las eléctricas hubieran debído afrontar por razones estrictamente financieras y empresariales. De modo que, so pretexto ecologista, Felipe González las salvó la cara, del desastre y del escándalo haciendo pagar sus excesos y desafueros al consumidor engañado y acostumbrado a cargar siempre con los platos rotos. Para colmo, fundó ENRESA de modo que el sector público se hiciese cargo de la parte no rentable, o inasumible del negocio atómico.

Pero este asunto es muy importante, complejo, con muchas implicaciones y merece otro futuro desarrollo. Sirva ahora este apunte para ilustrar el que muchas veces las cosas no son lo que parecen o como nos las cuentan.

Visto este ejemplo de oscurantismo y disimulo, pero volviendo al tiempo presente, cabe comentar algunos aspectos de lo que decíamos al principio acerca de la generación y distribución eléctricas. Habría que distinguir lo que es Termodinámica, es decir naturaleza y economía física de los convertidores energéticos de lo que es tinglado político económico financiero empresarial. Lo que es Naturaleza de lo que Sociedad, con sus diferentes leyes respectivas.

En la actual regulación tarifaria se produce un interesado totum revolutum para mejor ganancia de pescadores. Se trata de introducir tanto el empleo obligatorio de los convertidores energéticos más ineficientes cuanto los llamados derechos de emisión de CO2. Una cosa por demás harto curiosa porque a falta de que la Atmósfera abra su ventanilla de cobro entre las nubes, ahí están heroicos burócratas ecologistas al servicio del NOM para hacerlo, caiga quien caiga.  Y si es de aplicación aquí no lo sería al otro lado del Estrecho donde las térmicas contaminantes vecinas hacen su agosto.

El funcionamiento de la formación de precios recuerda al de la de las famosas rentas ricardianas estudiadas por David Ricardo para el caso de la renta de la Tierra. Si el precio se forma de acuerdo con el coste marginal del convertidor más incompetente aquellos que puedan producir con los convertidores más eficientes tendrán una renta ricardiana derivada de la diferencia entre ambos costes de producción. Por eso puede interesar utilizar energía hidroeléctrica, la más barata, vaciando embalses y cobrada a precio de lujo. Cuanto más ineficiencia energética, mayor negocio financiero.  No importa la paradoja: paga el consumidor que es idiota o está indefenso ante la mohatra institucional.

Existen otras cuestiones como la obtención de los mejores rendimientos eléctrico- térmicos en centrales de ciclo combinado o bien de cogeneración descentralizada en industrias, o de utilización solar para autoconsumo que también dependen de la satisfacción prioritaria de intereses corporativos que habitualmente no coinciden con los nacionales.

Sin olvidar que, además de las características de los sistemas industriales de generación, distribución y consumo, en el proceso de formación de precios internacionales existen poderosos condicionantes geoestratégicos que poco tienen que ver con la naturaleza de los recursos energéticos y su eficacia o valor para la estructura del balance de energía primaria.

Un ejemplo actual, los obstáculos que EEUU está poniendo para el suministro de gas natural procedente de Rusia mediante el nuevo gasoducto Nord Stream 2 dificultan el abastecimiento de gas natural abundante para Europa y también influyen en la artificialidad de la actual carestía.

Todo ello en un marco generalizado de creciente ¿y acaso irrecuperable? pérdida de credibilidad de las actuales instituciones.

El infame Zapatero fue uno de los políticos mercenarios principales causantes del desastre actual, pero hubiera podido ser cualquier otro. Dicen que al doctor falsario le ha entrado pánico por las consecuencias que pueda tener para su feliz permanencia en lo alto de la cucaña los desmanes en el recibo de la luz. Y que ahora, en lo que pudiera ser el tiempo de descuento de su gobierno, trataría de «domar» a las eléctricas. Si esto fuese así, demostraría que es más tonto, o está más desinformado pese a su ejército de infinitos asesores, de lo que sospechábamos. De tanto mirarse el ombligo o al espejo en busca de alguien más guapo y apuesto, no comprende las delicias del globalismo cuya aportación a su logro son su actual razón de ser y estar.

Pero cualquiera que discurra por su cuenta pensará: si nos han engañado en esto del trabucazo eléctrico, o en lo de las vacunas, o en…  casi seguro que estemos engañados en todo.  En efecto, la Monarquía es un bonita tramoya de vistosos uniformes con sus plumeros y jarreteras para disimular el tenderete arrebatacapas y cohonestar el reparto del botín entre unos pocos beneficiarios del Monipodio real.  En ella, el falsario y su partido están puestos donde están para vestir el santo de los suculentos negocios monopolísticos de la oligarquía.

Sí. Felipe sí que entendió bien la cosa.

 

 

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