Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

REMITIDO. Un nuevo relato distópico increíble

REMITIDO

He recibido un relato de la mejor literatura distópica en la línea de un Wells, Huxley, Orwell, Bradbury o Zamiatin… sin olvidar a nuestro gran Quevedo que ya en el Siglo de Oro denunciaba lo que para la sociedad suponían las acciones de los monopantos en La fortuna sin seso o la hora de todos.

En el relato recibido se describe un plan brillantísimo en el que destaca el más criminal satanismo propio de seres y mentalidades depravadas junto con la ficción de actualidad, todo ello envuelto en apariencias de presunta filantropía.

¡Hay que ver qué imaginación tienen algunos para inventar cosas tan increíbles! Sin embargo, me parece que tiene interés desde muchos puntos de vista por lo que lo que como buen aficionado a la literatura no me resisto a reproducirlo a continuación. Dice así:

«Supongamos que analizo la situación del planeta y que todos mis informes me alertan de que, con el actual nivel de población y consumo, la vida humana en la Tierra es insostenible a medio plazo. No actuar y dejar que las cosas sigan su curso supone el exterminio total de la especie humana en medio de un caos y unas penalidades indescriptibles: hambrunas, escaseces, falta de recursos, guerras, genocidios, etc.
Por lo tanto, no hacer nada para aquellos que podemos operar sobre la realidad desde una posición de poder no es una opción. Nuestra posición no nos permite esa irresponsabilidad.
La recomendación que me hace mi grupo de expertos para solucionar el problema que nos afecta, es reducir la población humana de una manera controlada antes de llegar a ese escenario apocalíptico. Hacer como quien poda un jardín cuya frondosidad ha empezado a resultar dañina para el conjunto de las plantas que lo habitan. Si lo que se desea es causar el menor daño o sufrimiento posible, como es el caso, este objetivo sólo puede lograrse provocando la esterilidad de la mayor parte de la población -sin que estos se percaten- a fin de poder regresar a un modelo medioambientalmente sostenible.
Ahora bien. Si sólo actuamos mediante la esterilización de los individuos reproductivos, la pirámide poblacional se desajusta conduciendo, a corto plazo, a un apocalipsis financiero, ya que el 90% de las pensiones de los ancianos depende de las contribuciones de los jóvenes y del mantenimiento de las tasas de natalidad -o bien, de los flujos migratorios derivados de dicha natalidad-. Así que no cabe simplemente esterilizar. Hay que procurar también aumentar la mortalidad en el grupo de edad no productivo y consumidor de recursos (los más ancianos).
Ante estas reflexiones mi grupo de expertos en reducción poblacional me presenta un informe y una recomendación. El informe hace hincapié en que aplicar la mortandad de modo violento -mediante guerras o genocidios- es políticamente complicadísimo, pues los conflictos sólo pueden ser locales, y lo que se desea es una acción global. Pero además, si el experimento se aplica de modo intencional y violento y fallase, es decir, se perdiese esa guerra, el resultado podría conducir a la ejecución de las élites o la expropiación de su posición de poder, más o menos otro Nuremberg. Por lo tanto, la recomendación es hacerlo de un modo sigiloso y anónimo, tal como sería una pandemia de la que nadie, sino la naturaleza, fuera responsable. En ese caso, no sólo se evita que la población se rebele contra las élites que la controlan, sino que el miedo les creará más que nunca la necesidad de ser gobernados y conducidos por ellas, como un niño que se abraza a su padre en medio de la oscuridad.
Ahora bien, el grupo de expertos a quien se les demanda estudiar esta hipótesis señala este defecto: si lo que se diseña es un virus altamente mortal es imposible garantizar a las élites su total inmunidad, ya que no disponemos de una vacuna lo suficientemente segura y efectiva como para controlar totalmente sus efectos. Los contagios, aunque se produzcan mayoritariamente entre la plebe, pueden alcanzar a los patricios; un simple camarero, un chófer, un jardinero o una prostituta, podrían hacer que el virus empezase a circular en los círculos elitistas.

Por lo tanto, esta idea simple se desecha en favor de un plan mucho más preciso y brillante. El virus es sólo la excusa para facilitar la inoculación del medicamento que produzca el efecto deseado. El plan, expuesto con más precisión se presenta de este modo:

Primero se crea un virus con una mínima mortandad para personas sanas, parecida a la gripe. Mediante un protocolo equivocado que aconseja la OMS, se aumenta el número de defunciones debidas al tratamiento, no al virus. Los hospitales son animados a proporcionar un mayor número de «contagiados» y «muertos» mediante un estímulo económico por cada caso, favoreciendo tanto el falso diagnóstico con test inadecuados, como la falsa catalogación de la causa de la muerte (muerto POR virus en lugar de muerto CON virus).

La prensa se encarga de amplificar el terror colectivo mediante imágenes falsas pero escalofriantes, como personas que caen súbitamente al suelo en mitad de la calle, o médicos chinos que se vuelven negros y un bombardeo constante de noticias negativas pactadas por guión. Una vez generado el terror, se anima a los gobiernos títeres a llevar a cabo las recomendaciones de la OMS, que consisten en crear un estado de bloqueo económico y dictadura tales que la población clame por una solución que les permita regresar a la «normalidad» cuanto antes, y se predispongan para someterse a ella sin reservas ni precauciones.

Llegado a este punto, se suministra una «vacuna» que en realidad es un medicamento destinado a tres propósitos:

1) Acortar dramáticamente la capacidad inmunológica de los más ancianos o inmunodeprimidos, haciendo que mueran a los pocos meses. El hecho de que la mayoría de ellos son personas de avanzada edad y con patologías previas disimula esta mortandad, que no es achacada a la vacunación sino a los efectos del perverso virus o a su edad o estado de salud. Para cuando las estadísticas empiecen a hacer notar datos significativos, será tarde para revertir o interrumpir el «tratamiento». De este modo, conseguimos dominar la curva ascendente de las pensiones.

2) En las edades medias y personas sanas, el medicamento produce daños graves al sistema circulatorio y al sistema inmunológico a medio plazo, haciendo que su esperanza de vida se reduzca dramáticamente. La mayoría morirá ante de llegar a cobrar ninguna pensión, por lo que el problema económico futuro está medianamente resuelto. Este descenso de la esperanza de vida será atribuido al cambio climático, a la ingesta de microplásticos o a la contaminación de las ciudades, haciendo que la población apoye con más énfasis las medidas previstas de decrecimiento y reducción de su huella medioambiental de nuestra Agenda. La distancia entre las inoculaciones y los síntomas definitivos del tratamiento hace que la plebe no sea capaz de establecer esa relación causal que, además, es desmentida por las autoridades sanitarias pues, de otro modo, estarían confesando ser cómplices de un envenenamiento masivo. Su silencio, si se obtiene en los primeros meses, estará garantizado para siempre. Esa complicidad no les permitirá dar marcha atrás.

3) Por último, el medicamento inyectado con el nombre y el disfraz de «vacuna» produce una esterilidad a medio plazo que reduce brutalmente la reproducción de la especie. En cuestión de una o dos generaciones, la población humana habrá descendido en un 90%, de 8000 a 1000 millones de personas, volviendo a un equilibrio con la naturaleza que jamás debió perder, y sin que este genocidio haya sido en absoluto aparente. Una vez más, la esterilidad y descenso de la natalidad se atribuirá a la contaminación y el cambio climático, haciendo que la población demande con más énfasis la aplicación de las medidas de previstas de decrecimiento y reducción de su huella medioambiental.

El hecho de que la mortandad y la esterilidad se procure mediante una «vacuna» y no un virus, permite que se seleccione con total garantía los elementos a eliminar, y se exima a aquellos que se desee preservar, puesto que las élites simplemente no son «vacunadas», y aquellos ejemplares de plebe que se desee conservar para su reproducción eugenésica, podrían ser eximidos inyectándoseles un placebo sin que nadie se percate de lo que está ocurriendo, como pueden ser poblaciones genéticamente sanas y privilegiadas, de interés racial o cultural, etc. A efectos del público general, toda la Humanidad está siendo inoculada, empezando por sus reyes o dirigentes, y acabando con los más humildes, por lo que nadie podrá sospechar de los aspectos siniestros de este experimento, y de haber sospechas, podrán ser fácilmente desechadas como conspiranoias o noticias falsas, dado el total control de los medios.»

Al texto le acompaña este comentario:

«La perfección, la simplicidad y la belleza diabólica de este plan no puede sino definirse como magistral. Por supuesto, todo parecido con la realidad es pura coincidencia.»

Por la transcripción

 

 

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