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Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Uno de Noviembre, Amor y magia negra

En el ciclo anual del eterno retorno esta es la hora tradicional de los muertos y de las comunicaciones fronterizas entre ambos mundos. Del mundo astral, de las necromancias como las de la Eneida o la Odisea, santas compañas o huestias, o la fantasma del comendador, padre de doña Inés. Pero las culturas y las formas cambian con los tiempos. Una forma de acabar con una antigua tradición es intentar desfigurarla con otra que la sustituye en el espacio o en el tiempo. Así, poco va quedando ya de las tradiciones españolas sobre notables o fascinantes aspectos metafísicos sobre eros y tanatos en este malhadado y arruinado reino. Algunas tradiciones estéticas tan importantes como para proporcionar temas de extraordinario interés para la Cultura universal como es el Don Juan mozartiano, basado en un mito español. Sin olvidar otras tan notables vinculadas a la tradición griega y con aspectos musicales de extraordinario interés para la Historia de la Música.

Pero este año la celebración tiene un componente especialmente sobrecogedor. La propia civilización occidental se encuentra amenazada de muerte y aquí en España con un golpe de Estado contra la Nación perpetrado por las propias instituciones borbónicas. Hace diez años escribía yo en el periódico ABC:

«Decía René Guenon que lo que mejor caracterizaba a la sociedad occidental era su pérdida del sentido de la metafísica. Aquí en Galicia y en España para la culturilla progre si no la pérdida al menos la copia de novedosas tradiciones ajenas sobre todo si proceden de los, para otras cosas, malvados EEUU en sustitución de las viejas europeas.

A diferencia de las antiguas tradiciones cíclicas relacionadas con el año solar, desde la Ilustración nos hemos acostumbrado a un sentido lineal del tiempo. Al goethiano conflicto fáustico, o el mito del progreso indefinido de la Humanidad. Pero las fiestas del uno de noviembre tuvieron su interpretación griega y luego romana. Participaban de cierto carácter sagrado común. En Grecia al comienzo del Pyanepsion se celebraban las Noemenias o fiestas de la Luna nueva consagradas a Hécate, mientras se preparaban las Thesmoforias de los Misterios eleusinos. Una de las más importantes instituciones sagradas de la antigüedad que representaban un profundo conocimiento del alma y su descenso a los infiernos, tema recurrente en la Cultura y el Arte occidentales. Primero por un rapto, luego por ingesta de una pepita de granada, se simbolizaba la caída del alma en la materia. Pero parcialmente salvada luego por amor. Materno filial en el caso de Eleusis; erótico, en el de los Misterios órficos. El bellísimo e inspirador mito de Orfeo, tan ligado a la Música. Que ha dado varias obras cumbres: El sublime Orfeo y Euridice de Gluck, el Orfeo de Monteverdi, considerada la primera ópera representada en Europa, o el Orfeo de Haydn.  Y entre los romanos, bajo la protección de Diana, el uno de noviembre se celebraba el festín de Júpiter.

El Cristianismo recalificó muchas de las fiestas y celebraciones del paganismo, cristianizando su elevada concepción metafísica acerca del alma. En el caso de Todos los santos, una doble concepción: la implicación dialéctica entre Eros y Tanatos.

La Muerte redimida o superada por el Amor. Por el Amor sagrado del Salvador o por su remedo el amor humano. Y ligada a la cultura española se halla la figura del Don Juan. Un mito con raíces históricas reelaborado por varios autores españoles pero que alcanza su mayor logro estético en el Don Juan del gran Mozart. Aquí también puede encontrarse la sublime idea mistérica griega del rescate del alma por Amor. Junto con unos conocimientos sobre el mundo astral, envoltura del alma del que es fenómeno el Comendador.

Pero si decíamos que lo progre a falta de conocimiento de sus raíces metafísicas y culturales copia multiculturalmente lo primero que implique negocio, no seríamos del todo justos sino tuviéramos en cuenta cierta relación del Halloween americano con viejas tradiciones celtas. Y es que aunque lo de los celtas es recurso mitificador muy socorrido para los patrocinadores del hecho diferencial, la verdad es que cabe rastrear en el Halloween norteamericano una tradición cética gala deformada, el samaín.

Los antiguos druidas montaban dos manifestaciones anuales. La del muérdago del año nuevo, donde el gran sacerdote druida después de recortarlo del tronco de un quercus ofrecía un sacrificio de pan y vino que más tarde distribuía entre los asistentes. Y con gran solemnidad se ocupaban de los negocios de la república. La otra gran celebración se hacía en otoño. Era la de la renovación del fuego. Una versión arqueológica de lo de Hacienda somos todos. Ahora con el IBI. Para asegurar el pago del tributo anual a los druidas los sacerdotes exigían que cada familia de su distrito apagara el fuego de sus casas la última tarde de octubre. Y a presentarse en el templo con el tributo anual y recibir el primer día de noviembre una parte del fuego sagrado que ardía sobre el altar con el cual volvían a encenderle en sus casas. Si alguno faltaba a tomar el fuego, o más bien a pagar la contribución, aquel de sus amigos o vecino quien daba o permitía tomar fuego quedaba también excomulgado lo mismo que el delincuente.»

¡Qué tiempos aquellos! Aunque ya se barruntaba el desastre, aún parecía lejano cuando el Emérito. Sin la estratagema tramposa del virus chino, el dogal del neocomunismo posmoderno no se había cerrado en lazo mortal sobre nuestro cuello. Desde luego el Halloween siempre tuvo un aspecto siniestro, satánico, relacionado con la magia negra. Este tremendo año de grandes profanaciones de templos e imágenes sagrados con una cínica dictadura recién instaurada con la real complacencia tenemos la primicia de que sea una de las hechiceras satanistas de fama mundial quien nos haga el dudoso honor para celebrarlo de venir a perpetrar spirit cooking u otros ritos aún peores de magia negra aprovechando la clandestinidad y la carencia de testigos inoportunos por el confinamiento impuesto a la gente común. A la que se le dificulta e incluso impide incluso rendir homenaje a sus antepasados y deudos. La vecina Francia anuncia la suspensión del culto religioso católico a partir del martes día 3 de noviembre salvo entierros y bodas aunque con fuertes limitaciones. Parece ser que se quiere dar la razón a Daniel cuando profetizaba (XII- 11) la abolición del Sacrificio perpetuo.  Y además con la complicidad de la nueva Iglesia globalista bergogliana.

Otra tradición española es la del famoso Don Juan, mito iniciado por Tirso de Molina que con Mozart ha dado lugar a una de las obras maestras más extraordinarias de la Historia de la ópera. Sin olvidar otra antigua tradición teatral española propia del uno de noviembre: la representación del Tenorio de Zorrilla. Una obra algo ripiosa pero muy sugestiva por su teatralidad y musicalidad en la lengua. Entre las muchas versiones puede verse esta de Estudio Uno. Siniestro programa de la televisión de Franco que tenía la perniciosa manía, ya felizmente perseguida y erradicada con la Monarquía, de promover la elevación intelectual, cultural y moral del televidente.

Sin embargo, en el actual proceso de estupidización y embrutecimiento programado de masas hasta convertirla en semovientes con bozal homologado la fiesta anglosajona resulta mucho más rentable que las disquisiciones metafísicas propias de nuestra Tradición, según se celebraban el uno de noviembre.

Quizás no esté de más aclarar que esta crítica a la dichosa fiesta extranjera no solo lo es desde el punto de vista del Catolicismo, sino de la Metafísica. ¿Puede sobrevivir una Civilización sin Metafísica? ¿Occidente ha perdido el sentido de la Metafísica y por eso recurre a banalidades comerciales como el dichoso Halloween?

Me temo que ya puede resultar demasiado tarde. Algunos se vuelven a las profecías bíblicas del fin de los tiempos.

Pensadores censurados por su heterodoxia y peligrosidad para el tenderete globalista liberticida como Alexander Dugin creen que resulta preciso revivir el Dasein (Ser ahí) heideggeriano para que nuestras sociedades y culturas nacionales no perezcan por las agresiones de la globalización tal como se viene entendiendo y ejecutando. Heidegger pensaba que el olvido del Ser llevaba al predominio absoluto de la Técnica y al nihilismo.

Otros como Alain Benoist propugnan cierta neo-paganización de las bases metafísicas de nuestra civilización como remedio para tratar de paliar la al parecer imparable decadencia europea. Pero lo del Halloween si pagana, no deja de ser una importación frívola y al servicio del negocio y del NOM, otra muestra de la subordinación cultural y estética que posterga antes de olvidar los propios valores. Una forma de arrasar la Cultura y tradiciones estéticas de los diferentes países colonizados y envilecidos con vistas a edificar una cultura todo a cien, superficial, sobre sus escombros. Es cierto que no sería la primera vez en la Historia que una Cultura sustituye a otra, a veces originando procesos de porfidización, en los que algunos materiales primitivos quedan incluidos en otros si es que no se trasforman. Así, el Cristianismo reelaborado antiguas reflexiones clásicas sobre el Amor y la Muerte.

Eric Zemmour por su parte nos advierte que nos hallamos ante la grave amenaza del gran reemplazo por población musulmana invasora de Europa.

Lejos del patético ¿truco o trato?, el Arte verdadero, no el degenerado a la magia negra, nos permite conocernos mejor, superarnos, abrirnos a la espiritualidad. Amor y Muerte. Muerte y Amor están conectados por sutiles hilos metafísicos. El Arte, la Cultura tendrían un papel decisivo como el que atribuye San Pablo al Katejon para defendernos espiritualmente de la gran abominación.

Pero mejor que la cosa esa de los druidas me gusta más otro impresionante relato irlandés. Me refiero al que Joyce dedica a un amor desesperado. Las palabras que son un instrumento, a veces también pueden resultar fuegos fatuos. De ello se lamenta otro personaje joyceano, esta vez de Dublineses. Gabriel ha ensayado un discurso tópico, prescindible, para perorar durante el banquete de una celebración tradicional familiar navideña. Pero una confidencia de su mujer le hace ver lo ridículo de su posición. Michael, un antiguo pretendiente suyo de cuando era joven habría muerto de amor por ella.

Amor, palabra insondable que acaso resume en ella todas las demás del diccionario. Palabra que nos permite hablar a la Divinidad y se convierte en nave segura para el regreso de Ulises sin depender de la contingencia del lenguaje. Al final de la aventura de la vida y del lenguaje, «cae la nieve… cae sobre el solitario cementerio donde yace enterrado Michael Furey… cae imperceptible sobre todo el universo. Imperceptible, como la llegada del momento final, sobre todos los vivos y los muertos

Al cabo, como decía nuestro Cernuda, y conviene tener presente siempre y en especial cada uno de noviembre, no es el Amor quien muere, somos nosotros mismos.  

Nota:

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