Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El extraño caso de la vacuna premiada

Pese a los intentos borbónicos de hacer la pelota al tenebroso plutócrata antivirus, el prócer exterminador no se ha dignado aparecerse en cuerpo mortal por el ayer sustituto del Teatro Campoamor de Oviedo, el Salón Covadonga del Hotel Reconquista, con perdón de la morisma invasora. Otros muchos premiados extranjeros también han excusado su presencia. Su hueco se ha llenado con numerosos representantes del mundo de la Sanidad española, Premio de la Concordia. Tampoco se sabe nada, por cierto, de Su Emérita Majestad desaparecida.

Una pena. La rubia futura heredera si es que, gracias a la infatigable labor de Su papá y Su Gobierno, en el devastado Reino de España queda algo que heredar diferente de hambre, miseria y tiranía, se ha quedado compuesta y sin oligarca vacunador con el que chupar cámara globalista unos momentos de gloria.

Un autollamado filántropo que ha confesado sus intenciones criminales de pretender disminuir la población mundial a base de vacunar a quien se deje y no pueda huir a tiempo y mientras engorda su cartera.

Grandes motivos sin duda para un merecido premio borbónico. Pero, lástima, no le ha salido la jugada a los organizadores. Otra vez será.

Algún lector me recordará, oportuno, que en todas partes cuecen habas, y que si en el Reino de Noruega han perpetrado la ignominia de conceder el Nobel de la Paz a demostrados genocidas como Kissinger u Obama, aquí no tendríamos porqué ser menos. Lo que es muy cierto y en eso debo darle la razón.

De un tiempo a esta parte se observa cierta intención de los Borbones de mimetizarse con el terreno para mantenerse en la real poltrona de un Estado fallido, aunque sea en modo vicario, subalterno, en el globalista NOM. De ahí su cada vez más clara disposición a disimular las humillaciones y vejaciones, a no dar mucho la lata con todas esas zarandajas obsoletas de derechos civiles, soberanía nacional, cultura española, y todas esas bellas palabras engañosas y desleales para los súbditos a traicionar y desplumar.

El premiar a un personaje tan controvertido y siniestro como Gates por medio de uno de sus tinglados farmacéuticos puede entenderse como una forma de hacer méritos ante la criminal plutocracia globalista mundial. Pero me parece que resulta más bien inoportuno e imprudente, cuando quien acaso pueda hacer algo bueno por España, es un simple suponer, un mero deseo de agarrarse a un clavo ardiendo, sea el adversario a muerte de esta gente satánica: el “malvado” Presidente Trump.

Por lo demás, la ceremonia con estética antivirus y ambiente patético, triste, tuvo importantes variantes sobre la de años anteriores. Mostró un ritual castrado, como de funeral de corpore insepulto, aunque horizontal sin referencias verticales espirituales. No fue en el teatro Campoamor.  No había mesa presidencial en sentido convencional sino asientos desplegados a ambos lados de una alfombra de pasillo que atravesaba el recinto. Todos con su mascarilla y saludo masónico cuando tocaba.

Eso parecía la organización del acto y del espacio, una tenida blanca masónica. Que resultó deslucida por la ausencia de los premiados extranjeros más famosos lo que debiera hacer reflexionar a quien corresponda sobre la conveniencia de la oportunista concesión a según que personajes famosos. En la columna del Mediodía, los galardonados asistentes. En la columna del Norte, entre otras autoridades del Reino, acompañó a Sus Majestades un nutrido elenco socialista capitaneado por Carmen la de Cabra, la novia del ministro de Justicia y Presidente de las Cortes o el de la taifa asturiana, autóctono promotor de la oficialidad del bable como insustituible vehículo de cultura planetaria.

La heredera se mostró con cierto desparpajo. El Rey en tono sombrío, monocorde, apesadumbrado, patético, amargado, glosó algunos de los eventos y personas protagonistas de este siniestro año 2020.

Quiero resaltar los dos casos que más tienen que ver con el globalismo rampante.  El galardón a Dani Rodrick, autor del famoso Trilema, cuestión algo capciosa según y cómo se mire, a mi parecer. Rodrick defiende la imposibilidad de conseguir a la vez globalización económica, soberanía nacional y democracia. A mi me recuerda los planteamientos algébricos de compatibilidad o no entre número de ecuaciones y variables independientes. O la otra, más conocida, de la imposibilidad de ser a la vez inteligente, honrado y socialista. Ahora bien, el trilema indicaría qué es lo primero que se estaría sacrificando en cada caso particuar. En España, democracia y soberanía a la vez. En cierto modo, cabe intuir que la propia ceremonia ovetense no dejaría de ser su ilustración.

Y, por supuesto, la referencia a Gavi, Premio Cooperación internacional calificada de “encomiable trabajo” resultó un blanqueo, a mi juicio más que inconveniente e inoportuno, de la controvertida actividad de este tinglado de los Gates. La vacuna que quiren imponer de modo obligarorio contra las diferentes Convenciones y tratados internacionales de derechos humanos en vigor pudiera tener consecuencias terribles para la integridad físca, intelectual e incluso espiritual de sus víctimas de hacer caso a ciertos expertos. Se trataría de una vacuna basada en la manipulación del código genético de la víctima, una especie de marca de la Bestia profetizada en el Apocalipsis.

Para terminar su lúgubre discurso ovetense, Su Majestad pidió esfuerzo colectivo nacional de entendimiento y concordia, así como de superación. Recordó que las instituciones deben estar al servicio de los ciudadanos y del interés general, lo que de modo paradójico no dejaría de ser una confesión de su propia impotencia como Jefe del Estado para revertir la imparable degradación actual. Alguien del que se espera más que bonitos deseos y hermosas palabras. Pero, ¡ojalá Su Gobierno y cómplices en este proceso le hagan caso!

El Rey finalizó con una cita de Galdós que, aunque tomada por los pelos, siempre queda como algo culto y resultón.

 

 

 

 

 

 

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