Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Teresa y hoy

Hoy se celebra el día de Santa Teresa, Patrona de España, con perdón.

Teresa Cepeda, mística reformadora del Carmelo, gran escritora, personaje muy controvertido y estrechamente vigilado en su época, protegida y defendida por san Pedro de Alcántara, aunque luego fuera proclamada santa y nada menos que Doctora de la Iglesia. Y Patrona de España con el aplauso de Cervantes y la oposición de Quevedo. Una suerte tal reconocimiento póstumo, porque lo mismo podría haber muerto en la cárcel como Miguel de Molinos, cuya Guía espiritual fue prohibida por la Inquisición, o su amigo y compañero de fatigas reformadoras el eximio poeta Juan de Yepes, si no hubiera sido ayudado a escapar de la prisión toledana a la que le habían condenado sus crueles compañeros del Carmelo calzado.

En realidad, Teresa debiera haberse apellidado Sánchez como su abuelo paterno Juan, un comerciante judeo converso toledano que tuviera problemas con la Inquisición.  Pero su hijo don Alonso, el padre de Teresa, lo cambió para disimular su origen una vez adquirido estatuto de limpieza de sangre.

Desde la perspectiva actual los anhelos de Teresa o de su paisano Juan de Yepes apenas resultan comprensibles. Pero hay un componente simbólico que da a su gesto un valor permanente por mucho que hayan podido cambiar las cosas durante estos cinco siglos. Sus figuras modestas por fuera pero tan inmensas por dentro atravesando los desolados campos castellanos, reverso de los fastos imperiales que junto a la Mesta y al cambio climático en la Península Ibérica habían casi arruinado al sufrido pueblo común, tienen algo de aventura quijotesca, de intento de realizar en un mundo hostil todo un universo de valores metafísicos según era por ellos entendido. En el caso de Teresa, tuvo que enfrentarse además a las trabas que la sociedad clerical y autoritaria de la época reservaba a la condición femenina. Su sometimiento intelectual y jerarquizado al varón, por muy inferior en intelecto o sensibilidad espiritual que fuera.

La experiencia mística y el poder establecido se llevan siempre mal, sea cual sea la ortodoxia o teología de la confesión dominante en la sociedad donde el místico florece. Por si no fuera bastante con las peripecias de nuestros místicos cristianos podemos encontrar una interpretación muy lúcida y certera del asunto en El filósofo autodidacto, de Ibn Abentofail. Tampoco solían ser muy bien vistos los cabalistas en el judaísmo ortodoxo.  El lenguaje místico tiende a ser subversivo porque por su propia naturaleza inefable, simbólica, se encuentra en la frontera epistemológica de lo numinoso y no encaja en ninguna teología.

La Mística se vincula al mundo de la experiencia más que al de la mera creencia teológica. Por ello siempre ha sido considerada peligrosa para el Poder político o sacerdotal que considera inconveniente la idea y misma la práctica de buscar el Reino del Espíritu sin intermediarios. Aquellos que no comprenden que la ortodoxia es más una necesidad de las organizaciones que una virtud espiritual. Y que, muchas veces, la ortodoxia se convierte en escudo de la ignorancia, la ambición, la cobardía, el fanatismo o la hipocresía. Contra estos vicios está la búsqueda del origen, de la razón de ser, de la fuente: “Que bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche”.

La extraordinaria aventura espiritual, intelectual, literaria y organizativa de Teresa y de Juan, los reformadores del Carmelo, no pueden dejar de sorprendernos. Pasando frío y penalidades de todas clases, cuando no bajo la persecución del Carmelo calzado, atravesaban la inhóspita Castilla de mediados del XVI entusiasmados con su voluntad fundacional.  Recuperaron el valor de la Mística como yoga de unidad espiritual. Sus biografías están repletas de sucesos metapsíquicos, algunos tan singulares que hoy llamaríamos propios del fenómeno OVNI.

Fray Pedro de Alcántara, el reformador de la Orden Franciscana, encajaría también entre esos heterodoxos. Nos dice de él la santa reformadora del Carmelo: “vestía hábito de sayal sin ninguna otra cosa sobre las carnes…”comer a tercer día era muy ordinario… un su compañero me dijo que le acaecía estar ocho días sin comer…”.

La santa de Ávila cuenta varias veces en su famosa autobiografía, texto que tantos problemas atraería sobre sí, como su santo protector extremeño se le aparecía en cuerpo astral, fantasmático o glorioso como lo llamaba san Pablo: “Hele visto muchas veces con grandísima gloria. Díjome la primera que me apareció, que bienaventurada penitencia que tanto premio había merecido, y otras muchas cosas. Un año antes que muriese, me pareció estando ausente, y supe que había de morir, y se lo avisé, estando algunas leguas de aquí. Cuando expiró, me apareció y dijo que se iba a descansar. Yo no le creí, y díjelo a algunas personas, y desde a ocho días vino la nueva como era muerto, o comenzando a vivir para siempre, por mejor decir…”   

Ya yo le había visto otras dos veces después que murió y la gran gloria que tenía, y así no me hizo temor, antes me holgué mucho: porque siempre aparecía como cuerpo glorificado, dábamela muy grande verle…” 

Asombran, nos conmueven, las peripecias, verdaderas gestas heroicas, de los quijotescos andariegos reformadores de los franciscanos o del Carmelo para promover nuevas fundaciones de conventos y monasterios. Una aventura espiritual, pero que hoy también llamaríamos empresarial en el mejor sentido del término, que supone un riguroso mentís a la supuesta inhibición de los místicos y los metafísicos ante los problemas temporales.

Por el contrario, es en el ejercicio de la Mística y por su inspiración donde nuestros héroes encuentran la energía que, incansables, les lleva a remover obstáculos que parecerían insalvables. Un modelo que, con los matices que se quieran, debiera ser motivo de inspiración medio milenio después, a los españoles empantanados en una etapa histórica de nueva zozobra y tribulación.

 

 

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