Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

El evangelio según Miró, o en busca de la Metafísica perdida

                                                                             Hoy, festividad de la Hispanidad, celebrada en momentos muy graves tanto para España como para Hispanoamerica,conviene especialmente intentar comprender lo que nos pasa. Como contribución a este fin he escrito el siguiente texto cuya lectura invito al amable lector. 

Dedicado a su madre que “me ha contado muchas veces la Pasión del Señor” en 1916 terminaba y daba a la imprenta Gabriel Miró su personal relato evangélico. Realizado a base de impresiones, de retazos, de fogonazos impresos para la eternidad en el esquivo archivo akhásico donde a veces sintonizamos en la contemplación, el insigne escritor levantino armaba un mosaico de hermosas teselas, figuras las llamaba él, compuestas de luz y emoción.

Una emoción, la de lo numinoso, que contrastaría con otra versión de la espiritualidad en general y cristiana en particular: la que defiende la racionalidad que pueda desarrollarse en conceptos más que en emociones. Como explica Rodolfo Otto en su ensayo Lo santo, lo racional y lo irracional en la idea de Dios (Lo numinoso), publicado en español por La Revista de Occidente en 1925, se trataría de predicados tales como espíritu, razón, voluntad, voluntad inteligente, buena voluntad, omnipotencia, unidad de sustancia, sabiduría y otros semejantes.

Un problema que se han planteado muchos grandes autores a lo largo de la historia. En Oriente, los taoístas lo tratan de resolver mediante al recurso al haiku zen que trata de fijar un contacto fugaz con lo numinoso inexpresable.

En España, Valle Inclán nos explica en La Lámpara maravillosa que “Hay dos maneras de conocer, que los místicos llaman Meditación y Contemplación. La Meditación es aquel enlace de razonamientos por donde se llega a una verdad, y la Contemplación es la misma verdad deducida cuando se hace sustancia nuestra, olvidando el camino que enlaza razones a razones y pensamientos con pensamientos. La Contemplación es una manera absoluta de conocer, una intuición amable, deleitosa y quieta, por donde el alma goza de la belleza del mundo, privada del discurso y en divina tiniebla. Es así como una exégesis mística de todo conocimiento y la suprema manera de llegar a la comunión con el Todo. Pero cuando nuestra voluntad se reparte para amar a cada criatura separadamente y en sí, jamás asciende de las veredas meditativas a la cima donde la visión es una suma.”

Pero “el Tao que pueda ser expresado con palabras no es el verdadero Tao.” No ha sido solo Lao Tsé el que ha entendido la imposibilidad final de hacerse comprender por términos del lenguaje codificado que expresan, sin embargo, emociones o sentimientos de carácter inefable, y en todo caso incomunicable, ni siquiera en virtud de la expresión poética.

Cuando todo un excelso poeta gran orfebre de la lengua española como Juan de Yepes tras una serie de bellísimas imágenes a cada cual más poderosa e inspiradora termina su prodigioso Cántico con una lira incomprensible cabe comprender la dificultad de la aventura del lenguaje místico.

Que nadie lo miraba

Aminadab tampoco parecía

Y el cerco sosegaba

Y la Caballería

A la vista de las aguas descendía

Dificultad incluso para la paradoja, de los arcanos del lenguaje poético junto a cuyo palpitar se produce la hierofanía como una intuición de lo incomunicable.

“Sería ignorancia pensar que los dichos del amor en inteligencia mística (cuales son las presentes canciones) con alguna manera de palabras se puedan bien explicar porque el espíritu del señor que ayuda nuestra flaqueza, (como dice San Pablo) morando en nosotros pide por nosotros con gemidos inefables, lo que nosotros no podemos bien entender ni comprender para lo manifestar: porqué quién podrá escribir lo que a las almas amorosas, donde el mora, haze entender? Y quien lo que las hace desear? Y quien finalmente lo que las hace sentir? Cierto nadie lo puede…

… y los dichos de amor es mejor declararlos en su anchura, para que cada uno de ellos se aproveche según su modo, y caudal de espíritu que abreviarlos a un sentido a que no se acomode todo paladar, y así aunque en alguna manera se declara no hay para que atarse a la declaración, porque la sabiduría mística, la cual es por amor, de que las presentes canciones tratan, no a menester distintamente entenderse para hacer efecto de amor… 

Este es un aspecto común a todo lenguaje místico. Y al ligarlo a la dificultad de fijar una ortodoxia representa un riesgo para cualquier sistema de poder o dominación. No recuerdo quién decía que la ortodoxia es más una necesidad del poder que una virtud espiritual. Por eso los místicos no suelen ser bienquistos por el Poder religioso, aunque en ocasiones éste trata de asimilarlos.

Pero, ¿de dónde viene el agua del manantial que fluye y corre? Para algunos del subconsciente de Aminadab, sentina oscura e insondable donde anidan las serpientes que deben ser traspasadas como dragón enemigo por la poderosa lanza de la Razón sostenida por héroes como San Miguel o San Jorge. Una Razón desbaratadora de vicios y supersticiones. La reivindicación de la Teología, como codificación de lo sagrado, a la que se le otorga naturaleza casi científica.

Para otros, el agua es metáfora de realidades espirituales inexpresables. Acaso la sustancia primordial que encuentra su forma concreta diferenciada en las acequias por donde ella fluye como criaturas. Vibración y materia prima que conforman la dualidad.

Un agua multisémica pero consustancial con la eternidad.

Cuando se enteró de la suerte del Maestro la samaritana de Miró que recordaba su feliz encuentro con el Rabbi como la experiencia más extraordinaria de su vida “sintió frío y miedo de niña desamparada, y buscó el refugio del pozo de Jacob”.

El que ahora un artista de la categoría de Gabriel Miró escribiese una obra como Figuras de la Pasión del Señor sería hoy algo insólito. Una extravagancia risible para parte del presente escenario político cultural español que se regodea en presumir de ser más ciego que un topo. No siempre fue así en España. Hubo un tiempo en que, por ejemplo, los cigarrales toledanos o los jardines renacentistas de la Abadía cacereña reunian a filósofos, intelectuales, poetas y artistas de todas clases bajo el amparo de la nobleza. Sin olvidar el lema del precioso Palacio de los Condestables de Castilla en Berlanga de Duero: Sapientia aedificavitur domus et prudentia rorurabitur. De estos dos últimos lugares ni de los hallazgos de sus jornadas apenas queda sino el recuerdo de un pasado memorable. Y del lema latino, por desgracia ni sabiduría para edificar, ni  prudencia para reforzar.

Pero volvamos a Rudolf Otto que tuvo tan gran importancia en la elaboración del concepto de lo numinoso, que tanta influencia tendría en la obra jungiana. Junto con la teósofa Olga Fröbe y el ya citado Jung organizó el Círculo Eranos cuyo objetivo era original era explorar los vínculos existentes entre el pensamiento de Oriente y Occidente. El Círculo Eranos puede entenderse como la asamblea multidisciplinar de un grupo de sabios, científicos, artistas y estudiosos que se reunía en agosto en la casa de la señora Fröbe situada en la localidad suiza de Ascona. Eranos significa en griego comida en común, comida frugal donde cada uno aporta su parte, es celebración compartida. Un lugar de encuentro de alta Cultura que nos ayude a explicarnos qué nos pasa y porqué nos pasa. Capaz de viajar al fondo de nuestra conciencia. También al ámbito de lo numinoso.

Una y otra vez observamos en los acontecimientos históricos propios de nuestra querida España que debe haber algo enfermizo o inadecuado en el fondo de nuestro inconsciente colectivo que es preciso conocer, comprender, corregir. Uno de ellos es la cuestión de la Hispanidad. Sostenía Jung, miembro señero de Eranos, que el arquetipo de Dios estaba en nosotros y que constituía labor capital de la Educación y de la Cultura aflorarlo a la conciencia. Esa alta misión fue una de las más importantes de nuestra labor civilizadora en América. Pero ahora es la propia antigua metrópoli la que se halla desbaratada en la presente batalla espiritual de la humanidad con grandes problemas de identidad entre otras razones, me parece, por la metafísica de haber relegado la Tradición sin acertar a dar cauce presente a la manifestación del arquetipo de Dios.

Sea con alguna suerte de Círculo Eranos o sea con otras instituciones educativas o culturales debiéramos tratar de recomponer nuestra convivencia o al menos recuperar una cierta coexistencia pacífica. Despreciado por nuestros políticos y por muchos demás elementos de nuestras desquiciadas élites, me parece que este asunto público depende de reencontrar la espiritualidad, la moral y la razón de ser. Para ello, el Arte y el lenguaje simbólico sigue siendo fundamental. Se trata de una cuestión capital en la que estamos fracasando con las consecuencias funestas que hoy podemos constatar.

Existe una componente metafísica que se está perdiendo y con ella la relación entre lo numinoso entendido como universo espiritual individual y en la idea general de Patria y de lo patriótico. Sabemos por las múltiples agresiones que sufre que nuestra Patria se encuentra gravemente amenazada por intereses geoestratégicos demoníacos que desean su destrucción. Pero de nosotros depende que estos malvados designios no se lleven a cabo con el recurso de las instituciones que debieran permanecer al servicio de la Patria.

El agua viva de la samaritana del final del evangelio de Miró, amén de conmover, mover hacia, la invita a la acción. ¡Iré con vosotros!

Pero del viejo pozo de Jacob podemos sacar agua viva como ella o chapotear en la fétida y empozoñada de las cloacas.

Depende de nuestra voluntad de Ser. En esta batalla espiritual, metafísica, cultural, que se está librando tan dramáticamente a nivel mundial, ni en el de la Patria, ni en el de la conciencia individual, podemos dejarnos abatir.

 

 

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