Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Oscar Wilde, De Profundis y un retrato curioso

Oscar Wilde (1854- 1900) no era inglés sino era dublinés como otro autor más o menos maldito, Joyce. Su padre, sir William, médico de profesión, fue muy mujeriego, y su madre parecía una reina de tragedia en un escenario de barrio.

Oscar decía que hubiera fundado con su madre una liga para la supresión de la virtud. No conocemos bien el papel de la personalidad de su madre en las futuras inclinaciones sexuales de Wilde.

Estudió en Oxford, amigo de Walter Peter y de Ruskin quien ya en 1874 disertó sobre Fra Angélico y Botticelli. El padre de Ruskin había sido representante de la casa Domecq en Inglaterra. Whistler, otro amigo de Wilde le enseñó sus teorías pictóricas, y su sentido del arte moderno como interpretación más que como representación de la realidad, así como a tratar a la opinión pública, tratándola duramente para conquistarla.

Genio del humor, la vida de Wilde tuvo un terrible revés que le llevaría a la cárcel, y a  su prematura decrepitud y muerte, tras conocer al que fuera su encanallado amante el aristócrata Lord Alfredo Douglas, hijo del altivo y cruel marqués de Queensberry.

Una buena muestra del humor de Oscar Wilde en La importancia de llamarse Ernesto, la encontramos en las sabias declaraciones de Jack a Gundelina y Cecilia:

“Es muy penoso para mi verme obligado a decir la verdad. Es la primera vez en mi vida que me veo en una situación tan penosa, y realmente carezco por completo de experiencia en la materia”

Desde luego creo que muchos de los representantes de nuestro abultado y oneroso ramillete de actuales ambiciosos y encanallados políticos borbónicos pudiera suscribirlas, empezando por el fantoche bravo de burdel que acaso algún día se digne hacer esta innecesaria confesión. Válida tanto para él como para su banda liberticida. Aunque hay excepciones.

Pero, existen muchas realidades como comprobaría Wilde en sus propias carnes. Y es que a veces la verdad es muy cruel y por eso o por su falta de oportunidad para los poderosos es ocultada. Un ejemplo nos lo da el sensible Wilde aún preso que se conmueve por el sufrimiento de unos niños desamparados que acaban de ser ingresados en prisión.

El caso del vigilante Martín (Algunas crueldades de la vida en la cárcel) al director del Daily Chronicle

«Señor director: me entero, con gran sentimiento, al leer su diario, que el vigilante Martín de la cárcel de Reading ha sido destituido por los jefes de dicha prisión por haber dado unas galletas a un niño hambriento. Vi con mis propios ojos a los tres niños el lunes anterior a mi libertad.

Acababan de ser condenados, y en una fila, junto al muro del patio central vestidos con trajes de reclusos, con sus sábanas debajo del brazo, esperaban a que los vinieran a buscar para llevarlos a las celdas que les habían asignado….

Pero el chiquillo que vi en la tarde del lunes 17 en cárcel era el más pequeño de todos. No tengo que decir lo doloroso que fue para mí verlos en Reading porque sabía la suerte que allí les esperaba. La crueldad con que se trata a los niños en las prisiones inglesas es realmente increíble para aquellos que no la han presenciado y que no conocen la brutalidad del sistema. En nuestros días la gente no comprende lo que es la crueldad…»

(28 de mayo de 1897)

Hoy, casi un siglo y cuarto despues, el drama de cierta infancia desamparada no ha desaparecido sino que se ha transformado. Así lo denunciaron algunas valientes diputadas en la tribuna del parlamento. La terrible entrega hasta ahora impune de niños bajo la supuesta custodia y tutela el Estado a mafias de prostitución relacionadas con el Poder.

Pero Oscar Wilde que tanto sufriera es famoso en España por su obra El retrato de Dorian Grey. El tremendo relato de una degradación que termina así:

“Mataría el pasado, y cuando hubiese muerto, sería libre. Mataría aquella monstruosa alma viva, y sin sus horrendas advertencias recobraría el sosiego. Cogió el cuchillo y apuñaló el retrato con él.

Se oyó un grito y una caída ruidosa. El grito fue tan horrible en su agonía, que los criados, despavoridos, se despertaron y salieron de sus cuartos… 

Al entrar, encontraron, colgado en la pared, un espléndido retrato de su amo, tal como le habían visto últimamente, en toda la maravilla de su exquisita juventud y belleza. Tendido sobre el suelo había un hombre muerto, en traje de etiqueta, con un cuchillo en el corazón. Estaba ajado, lleno de arrugas y su cara era repugnante. Hasta que examinaron las sortijas que llevaba no reconocieron quién era.”      

Pese a ciertos recalcitrantes ditirambo alabanciosos y a sus las maniobras de ocultamiento o planchado, ¿no hay remedio? El tiempo pasa y el majestuoso e imponente retrato de marino de guerra, impostado lobo de mar encarcelado en Palacio a la espera de ser sacrificado, se va ajando monstruosamente con las fechorías e infamias sino suyas sí de Su Gobierno.

La terrible responsabilidad por acción u omisión del Poder. Pero, ¿qué pasará?

 

 

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