Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Tragicomedia en la Corte de los milagros

Dentro del drama español que va a poner a mucha gente al borde de la supervivencia en los próximos meses, se producen escenas de tragicomedia de enredo para mayor entretenimiento y distracción del personal mientras les santiguan los bolsillos. Unos súbditos que aunque se les niega o estorba el pan se les da algo de circo, aunque sea a cargo de fieras o payasos sin gracia. Así tal la reciente escaramuza con motivo de un acto protocolario más o menos importante, o quizás prescindible, cual es la entrega de despachos a la última promoción de jueces.  Los actores de esta escaramuza bélica, que aún no llega a la categoría de Episodio Nacional galdosiano,  han sido el Gobierno de Su Majestad contra Su Majestad. Una Majestad que, todo hay que reconocerlo, ha quedado asaz ajada, tanto como para llevarla a tintorería si es que existen tintes para planchar majestades, línea de negocio con futuro, visto lo visto.

En este momento las cosas siguen sin estar claras. La hipótesis más probable es que el Gobierno de Su Majestad le habría advertido a Su Majestad que no podía garantizar Su seguridad en una importante ciudad del territorio aún nacional. Si eso fuese así, el Gobierno de Su Majestad debiera dimitir al menos por incompetente sino por alta traición y afrontar los juicios que le correspondan por la comisión de sus infinitos delitos. Pero, ¿Es que de verdad estamos en guerra? ¿Contra quién?

El asunto desde luego es chusco. Recuerda la conocida anécdota del sitio de la embajada inglesa por una serie de manifestantes contra la ocupación de Gibraltar:

Señor embajador, soy el director general de Seguridad, ¿quiere que le mande más protección a la embajada?

No, no hace falta, me conformo con que no me mande más manifestantes.

Claro que el veto del Gobierno de Su Majestad a Su Majestad bien pudiera haber sido una imposición de los socios golpistas catalanes del Gobierno de Su Majestad que no desean que Su Majestad visite esa abandonada y sin ley parte de Su infeliz Reino.  Que el Gobierno de Su Majestad sea golpista contra Su Majestad no deja de ser una paradoja unamuniana o mejor esperpento valleinclanesco propio del Ruedo ibérico. Pero España y los Borbones somos así, señora.

Ahora bien, el papelón de Su Majestad también es por lo menos tragicómico. Tenía que haber ido sí o sí. Lo contrario es reconocer cobardía ante el enemigo, cosa que no se puede consentir en alguien que se pone vistosos uniformes militares de alta graduación en los desfiles.

Otro sí digo. Existe la hipótesis contradictoria de que Su Majestad habría llamado muy llorosa y compungida al Presidente del Consejo del Poder Judicial para quejarse de que Su Gobierno no le dejaba ir. Mal se queja quien se deja. En el acto de marras el juez lo habría trasmitido así en calidad de corre ve y dile real togado. Y el Gobierno de Su Majestad se habría cabreado y denunciado que habría sido Su Majestad quien en persona personalmente como diría el agente Catarela habría rechazado ir por esa razón de inseguridad. Que Su Majestad había traicionado al Gobierno de Su Majestad.

Para mayor confusión en este enredo, el propio Consejo tampoco se habría atrevido a protestar oficialmente al Gobierno de Su Majestad a favor de Su Majestad en cuyo nombre curiosamente se administra la Justicia en España. De modo que el incidente por su parte habría quedado en pellizco de monja.  Hay que reconocer que estamos en tiempos inciertos y las necesidades y servidumbres del escalafón no permiten fingir heroicidades.

A todo esto la parte declaradamente comunista del Gobierno de Su Majestad ha aprovechado para hostigar a Su Majestad, sin que el presidente del Gobierno de Su Majestad se digne defender a Su Majestad de los ataques del Gobierno de Su Majestad.

Y es que hay más y divergentes versiones del enredo:

Según unas, una vez lealmente informado por el Gobierno de Su Majestad, muy preocupado por Su seguridad personal, Su Majestad habría sido quien decidiera no asistir al acto. Y una vez comprendida el tamaño de la metedura de pata, en la misma heroica línea de Su emérito padre con los generales Armada o Milans del Bosch, una vez embarcado habría desmentido y dejado tirado al juez que había trasmitido su confidencia. Donde dije digo, digo diego, pensando que el ilustre togado no se va a atrever a desmentirle y habría de aceptar quedar como el villano embustero o intrigante de la película.

Según otras, tal cosa sería una burda intoxicación del Gobierno de Su Majestad para desacreditar a Su Majestad, probo varón de espíritu puro y pensamientos elevados.

Mucho me temo que entre las hazañas de Su Majestad y del Gobierno de Su Majestad los españoles lo tenemos muy crudo. Menos mal que como merecida penitencia por nuestra suicida mansedumbre pronto podremos practicar la voluptuosidad del ayuno, como decía el gran Valle, experto en esperpentos y gran conocedor de la Corte de los Milagros.

 

 

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