Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Letifanía coruñesa. Otra sombra recobrada

De vez en cuando miro viejos dispositivos con antiguos textos o artículos enviados a la Prensa y a veces me entretengo en releerlos. Sobre todo por la curiosidad de comprobar qué decía hace varios años. Este que voy a reproducir a continuación está escrito en septiembre de 2008 y glosa la aparición de la entonces princesa Letizia, recién operada de la nariz, en La Coruña. Ahí va eso:

La Leti se ha aparecido en cuerpo mortal luciendo sus nuevas narices de diseño ante las fuerzas vivas, vivísimas, menos vivas y vivales de La Coruña. Con traje de chaqueta de color blanco roto y medallón dorado en la solapa. Estaba elegante, delgada, favorecida, aunque según las entendidas en la nueva ciencia emergente de la Letilogía, algo menos glamourosa que después de la habitual sesión de photoshó. Y algo distraída, sin saber muy bien donde poner las manos, como le recordaba discretamente alguno de sus ayudantes. O tocándose las nuevas narices, que debe ser que aún le molestan.

Habló con aseo y brevedad, aunque luego se amoscó un tanto por el inoportuno tuteo de una ex colega progre que se creía que aún estaba presentando esa gran obra del arte y la cultura conocida como Gran hermano. Incomparable aportación de la progresía española a la Civilización occidental.

Precedió a su aparición no menos de una gruesa de policías, escoltas y personajes de protocolo. Por cuadriplicado protocolo en este caso: Casa real, Xunta, Diputación y Caixa, que tras largas reuniones consensuaron asunto de tanta gravedad como era ver dónde colocaban a sus respectivos invitados en un aforo completo.

Y unas enormes medidas de seguridad.

La princesa lucía nuevas narices y para comprobarlo, media Coruña esperó su llegada al atrio del remozado Colón, junto a la feísta garita perpetrada debajo de un anejo magnolio del parque condenado a contemplar horrorizado el adefesio al que se ve obligado a dar sombra.

Es muy llana decía alguna enterada. Y muy simpática agregaba entusiasmada otra.

Va a ser una gran reina…¡tan preocupada por los pobres!

Si dura este tinglado, murmuraba otra.

Sea como sea y dure lo que dure, al menos la princesa no ha tenido el desacierto de avalar con su presencia una institución en la que se pisotea los derechos civiles, se discrimina a los niños impidiéndolos hablar en español, cosa que sus suegros han hecho en Menorca sin sonrojo ni prudencia.

El acto resultó interesante más allá de su nobilísimo objeto, del que luego hablaremos, por su carácter revelador de lo que no es.

Actos como el comentado reflejan bien a las claras el drama casi permanente de nuestra querida España. Un país saqueado por los políticos de turno, que parasitan al pueblo, echan pellas a la inteligencia y aprovechan torticeramente un acto de homenaje a lo que tiene más noble el ser humano, la compasión por el dolor, la búsqueda de soluciones científicas, espirituales, psicológicas y sociales al problema de la enfermedad, el sufrimiento y la muerte. Lo que debería ser un homenaje a la aristocracia del mérito intelectual, científico, a los logros del esfuerzo, de la voluntad de ser mejores, del mecenazgo privado, por supuesto, termina degradado a un hipócrita autobombo de políticos sin respeto ni vergüenza que “perdonan la vida” a quienes en verdad hacen algo por España y la sociedad real.

El presidente del gobierno regional aprovechó la ocasión para vender humo con su cara de enterrador de esperanzas y libertades. Ahora no tocaba el AVE o sus logros económicos al alimón con la vicepresidencia de la Junta. Contra su maniera, habló en español, lo que es peor porque se le entiende todo.

Ahora iba de “sanidad”, cuando es así que su gobierno regional está arrastrando a la sanidad gallega y coruñesa en particular a sus cotas más bajas que se recuerdan, abusando, para contener el desastre, de la buena voluntad y a veces pundonoroso heroísmo de los maltratados médicos y profesionales en general. Por no hablar del proclamado apoyo oficial a la investigación. Cero zapatero.

Una sanidad, en la que, con lo que está cayendo, parece que la prioridad es cambiar el nombre al gran Hospital de referencia de Galicia, por el que es conocido internacionalmente, por la extraña causa de que el personaje homenajeado, don Juan Canalejo, fue asesinado por el gobierno socialista de la época. Con todo lo que ello supone además de gasto inútil. Y en presencia de bizarro acade de a Coruña, señor Osada, médico anestesista ligado a ese centro, que en otra de sus acreditadas heroicidades lingüísticas e histórico- memorionas no dijo ni mú.

Pero las prioridades de los políticos son las prioridades y a los enfermos que les den.

El cronista quiere rendir su modesto pero agradecido homenaje a todas las personas de bien que dedican su trabajo, su esfuerzo, su inteligencia, su talento, su tiempo o sus medios económicos, a ayudar  a combatir el sufrimiento de la Humanidad y en especial a Asociación Española de lucha contra el Cáncer que promovía el acto de entrega de sus premios a los investigadores.

Y parece muy oportuno ética y estéticamente el que los investigadores recogieran los premios acompañados de quienes les patrocinan con su mecenazgo. Algo que debiera servir de emulación si nuestros políticos tuvieran un mínimo de pundonor y decencia.

Insisto: Felicidades a los premiados y a la Asociación española de lucha contra el cáncer por su labor.

(La Coruña, 19 de setiembre de 2008)

 

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