Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

De correctione rusticorum en la religión covidiana

En un ya algo lejano enero de 2006 escribía para La Voz de Galicia este texto:

Para los comunistas de los sesenta que están en la Xunta actual con otras siglas, pues el comunismo vende poco sobre todo donde lo han padecido, ha llegado el ansiado I +D: que no se diga que en esto de inventar seguimos a la cola de Europa. Si antes fue la superstición marxista la que servía para desarrollar organizaciones y políticas totalitarias que justificaran el despotismo, ahora el pretexto es otro: la superstición nacionalista que ha causado en la Historia casi tantos muertos como la otra. Claro que en esto de la pura raza gallega ya Vicente Risco hacía sus pinitos a rebufo de Arana y Prat de la Riba. Si en su Teoría del nacionalismo gallego el buen Risco nos explicaba entonces muy serio que era la pura raza celta rubia gallega el gran hecho diferencial sobre las razas morenas ibérico africanas del resto de España, ahora la cosa cambia: la Xunta ha descubierto que nuestros verdaderos ilustres antepasados son una rama de los bárbaros, los suevos. Gran descubrimiento que tiene graves implicaciones prácticas. Por ejemplo: necesitamos otro estatuto que reconozca nuestro hecho diferencial suevo, habrá que reconducir la mal llamada normalización lingüística, pues el gallego no es una lengua bárbara sino romance, es decir claramente impropia, un invento diabólico del imperialismo para contaminar la pura raza sueva, de modo que habrá que buscar un diccionario de suevo, crear una academia que lo normalice y un ejército de enseñantes y policías para exigirlo. Ya San Martín Dumiense tuvo que escribir en el siglo VI su De correctione rusticorum para tratar de civilizarlos. Pero amigo lector, esto no ha hecho más que empezar, si somos suevos habrá que preparar subvenciones para hacernos bárbaros a la fuerza. La subida del diez por ciento del sueldo de nuestros representantes tribales no es digna de tales antepasados. Prepárese a ser asaltado a punta de estatuto. Mas no hay que preocuparse pues será nuevamente la morisma quien nos imponga la sharia”.

 

Casi tres lustros después se ha visto que lo de los suevos resultó una escaramuza pasajera que apenas ha hecho más estragos. A través de las telarañas galleguistas cambian aquí de siglo en siglo las ideas y a veces algunos de los hombres llevados a ejecutarlas, pero siguen los pretextos para el Poder. Así la llamada normalización lingüística que es una anormalidad democrática como con tanto acierto sostenía el malogrado Manuel Jardón. Pero en cambio no ha terminado de cuajar electoralmente el narcomunismo bolivariano por muy mareado que se encuentre, y el votante indígena recalcitrante recurre a la vieja marca conocida del Pelouro. Tampoco la defensa de la Hispanidad, en este recuncho ya casi perdido para la Cultura española ha logrado hacerse hueco en el único parlamento español de los infinitos que hay por esas regiones de Dios en el que está prohibido hablar en la lengua oficial de España.

Pero para distraer la penosa siesta ombliguista retrógrada en las veladas del pazo del Hórreo ahora estamos muy atareados para galleguizar en la medida de lo posible la foránea religión covidiana. Otra gran oportunidad de poder y negocio que la casta pueda aprovechar a poco que consiga infundir un miedo irracional en la población humillada y sometida.

La endémica falta de investigación propia y el abusivo recurso a los protocolos médicos defensivos por parte del establecimiento oficial galleguista ha evitado saber hasta ahora si la secuencia del código del virus es china como nos quieren hacer creer los enemigos de la imaginaria nación gallega o se basa en elementos suevos autóctonos. Asunto que sin duda tiene su importancia a la hora de patentarlo a poco que se modifique y cobrar lo que se pueda y a quien se pueda.

Y hablando de cobros, de la prodigiosa minerva del Gran Timonel del Sar ha salido un nutrido repertorio de sanciones en la que destaca una harto sustanciosa de 120.000 euros, que como bien es sabido todo gallego o suevo medio guarda en un cajón de la cómoda para propinas, chuches e imprevistos.

Pero las medidas contra la tierna infancia escolarizada son ya una terrorífica mezcla de estulticia enmucetada y fanatismo terrorista. Si no estuviera tan mal visto por nuestros cucañistas próceres políticos y arrebaña subvenciones citar a glorias españolas como Cervantes, cabría recordar lo que Don Quijote le aconsejaba al Sancho gobernador contra las muchas normas más o menos superfluas o caprichosas:

“si las hicieres procura que sean buenas, y sobre todo que se guarden y cumplan, que las pragmáticas que no se guardan lo mismo es que si no lo fuesen, antes dan a entender que el príncipe que tuvo discreción y autoridad para hacerlas no tuvo valor para hacer que se guardasen…”

En esto Cervantes coincide con Tácito, que consideraba “la multiplicidad de las leyes como señal cierta e infalible de un mal gobierno y de un pueblo corrompido”. Mal endémico, por cierto, de la política gallega y española, puesto que gran número de nuestros políticos piensan que basta la mera promulgación de las leyes sin proveer recursos para hacerlas posibles en la práctica.

Pero por mucho que Feijóo, el político demagogo no el sabio autor del Teatro Crítico Universal, ni menos un nuevo Martín Dumiense revivido, intente corregir a “sus rústicos”, confío en que al final, pese a la propaganda y la manipulación, el buen sentido se imponga. Ojalá se “desenmascare” a la nueva religión covidiana como una perniciosa  superstición antes que políticos e instituciones ineptas o corrompidas consigan arruinar del todo nuestro honor, dignidad, vidas y haciendas.

 

 

 

 

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