Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Once de setiembre. «Comentarios de la guerra de España»

Con el victimismo, morbo no exento de cierto masoquismo y humor negro que caracteriza a la facción pendenciera levantisca de los catalanes, se celebra el once de setiembre, una derrota transformada en grande gloria catalana. La cosa, perifollos retóricos engañabobos aparte, es que mal aconsejados por el clero trabucaire indígena y por nobles o caciques despóticos muy pagados de sus privilegios, los catalanes eligieron el bando equivocado o perdedor en la sangrienta guerra entre dos dinastías extranjeras que se disputaban el goloso botín español.

Pero lo que fuera una absurda guerra de Sucesión entre extranjeros con España en disputa, y en la que los españoles como en tantas otras ocasiones pusimos los desastres y los muertos, fue oportunamente reconvertida en una anacrónica falsaria gesta nacionalista catalana contra el resto de España.

Para celebrar un encuentro con la realidad histórica, que no con los imaginarios camelos de golpistas arrebatacapas, como curiosidad historiográfica voy a reproducir unos pequeños fragmentos de la obra de un autor contemporáneo de los hechos, que intervino personalmente en algunas de las batallas por formar parte del ejército del candidato borbónico Felipe V. Me refiero a don Vicente Bacallar y Senna, marqués de San Felipe (n 1669, +1726) y a su no muy conocida crónica Comentarios de la guerra de España. Y en concreto, a unos párrafos del segundo tomo de la obra, editada en 1725, en la ciudad de Génova por el Impresor Matheo Garvizza.

A principios del año 1713, la caída de Gerona..»consternó mucho a los Cathalanes, a favor de los quales se publicó un nuevo Indulto. Estaban sordos a las voces de la clemencia, porque los tenía Dios prevenido el castigo de la Rebelión. No era natural tanta pertinacia, conjurados al propio daño...

Haviendo de sacar las tropas de Barcelona mandó antes el Emperador que saliese de ella la Emperatriz su muger como lo executó el 19 de marzo en la Armada Inglesa llevandose la consigo la mayor parte de las Tropas en las mismas Naves. No es ponderable la rabia que de esto concibieron los Cathalanes. Estaban ya desengañados que no les socorrerian los Principes de la Liga: que era un delirio pensar quedarse Republica, que precisamente los havía de desamparar el Emperador y se obstinaron tanto, queriendo huir del dominio del Rey Phelipe, que por medio del Ministro, que el Emperador tenía en Constantinopla pidieron auxilio al Otomano. Las condiciones con que le imploraban no hemos podido saber a punto fixo. El Conde de Saballa, y Pinos, que estaban en Viena, Procuradores de Cathaluña, manejaron infelizmente este negocio, porque no quiso entrar en el Sultan, ya pareciendole ardua empresa, ya por no romper con la Francia. Creyeron muchos que le ofrecian los Cathalanes al Turco el Dominio del Principado de Cathaluña, conservandose solo su Religión y sus Fueros: otros mejor informados, aseguraban que solo pedian su auxilio y su amistad, para quedarse Republica, baxo el patrocinio de la Casa Otomana: como quiera es bien negro renglón para los Cathalanes en la historia tan ciega pertinacia, quando todavía ofrecia general Indulto el Rey Cathólico.

Con la emperatriz se salieron de Cathaluña todos los Rebeldes de distinción, que havia en ella, porque en aquel poco angulo de tierra se havían juntado todos quantos havia havido en España. Ordenó el Emperador que no passasen a Viena, con que se derramaron infelizmente por la Italia: la mayor parte se quedo en Milan y Genova, no todos bien asistidos, pues aunque no el Emperador, estaban los Alemanes cansados de los Españoles.         

Entretanto holgabanse el estrago los Cathalanes: buscaban la muerte antes de restituirle el debido Vasallaje (ellos lo llamaban esclavitud). No se pueden referir en corto volumen los lastimosos efectos de su obstinación. El Estado Eclesiástico era el mayor fomento de ella, a muchos se les espiraba el tiempo de una usurpada libertad, que no distaba mucho de apostasía, y así hacían los mayores esfuerzos por conservarla engañando los ignorantes pueblos. … juntaron hasta tres mil Cathalanes, que mantenían sublevada la Provincia, donde no havian tropas del rey ejecutaban mil crueldades, que fuera prolixo escrivirlas…»  

 Sobre la rendición de Barcelona, tras una primera intentada rendición fallida, don Vicente Bacallar narra lo siguiente:

“la noche fue de las más horribles, que se puedan ponderar, ni es fácil descrivir tan diferentes modos con que se exercitaba el furor y la rabia. … amaneció y aunque la perfidia de los Rebeldes irritaba la compassion, nunca la tuvo hombre alguno, ni más paciencia  que Bervich. Dio seis horas más de tiempo, fenecidas mandó quemar, prohibiendo el saque y la llama avisó de su ultimo peligro a los Rebeldes. Pusieron otra vez bandera blanca, mandose suspender el incendio, vinieron los diputados de la ciudad a entregarla al Rey, sin pacto alguno…

… se le quitaron los privilegios y se les pusieron regidores como en Castilla, arreglando a estas leyes todo el Gobierno. En esto paro la sobervia pertinaz de los Cathalanes, su infidelidad y traycion.

Quatro  mil hombres costo este asalto, con dos mil heridos. Tantos murieron de los Rebeldes. No faltó quien aconsejase al Rey Phelipe, asolar la ciudad y plantar en medio una Columna.  No havia rigor que no mereciese, Ciudad, que havía sido origen de tantos males y que havía quitado a la Monarquía tantos Reynos. El Rey se excedió en clemencia y la conservó aunque abatida. El gobierno de Barcelona se dio al marqués de Lede; y Capitán General del Principado se quedo el Príncipe de Sterclaes. Bervich paso a la Corte…“    

 

Como puede apreciarse algunos de los problemas históricos permanecen:

El aprovechamiento de las discordias entre españoles más o menos instigadas o inducidas desde fuera por nuestros enemigos para empobrecer y destruir nuestra nación.

La violencia del populacho cuando caen o se debilitan las leyes.

Un clero indígena ultra que fomenta la discordia y el fanatismo.

La intención de la oligarquía levantisca de aliarse entonces con los enemigos turcos, ahora con la morisma invasora.

La sangrienta entronización de los Borbones tras la Guerra de Sucesión supuso graves pérdidas para España, de vidas, haciendas y territorios, entre ellos Gibraltar. Así como una imparable decadencia que empezó a plasmarse en el Tratado de Utrech.

Hoy, por desgracia la nueva restauración borbónica en esta etapa final continúa los desaguisados con manifestaciones similares a las ce entonces. Tras la pérdida del Sahara, las ciudades españolas en África están amenazadas, también Canarias. Y la propia Cataluña puede ser la siguiente parte de la España en proceso de desmembramiento y devastación nacional.

Parece ser que nunca escarmentamos. Una y otra vez los mismos errores.

 

 

 

 

 

Entradas feeds. XHTML y CSS válidos. Tema WordPress basado en GimpStyle diseñado por estudiocaravana.