Alfonso De la Vega

La Garita de Herbeira

Artículos, solfas y epistolarios

Cohechos y prevaricaciones

Yo divido a los hombres en rebeldes y aprovechados; los primeros hallan el ser bueno en la Ética, los segundos en la ocasión de colaborar con la Feliz Gobernación.” (Miguel Espinosa, Escuela de Mandarines)

Un gran misterio dentro de un enigma es el del estrepitoso aumento de supuestos enfermos del sobornavirus, la mayoría “asintomáticos” en el argot mohatrero oficial, es decir no enfermos en la práctica pero que engordan la gusanera estadística y el pilla pilla oficial. Una cantidad aún mayor que durante la primavera y sin embargo, afortunadamente con casi nula influencia en la mortalidad.

Es verdad que ahora se hacen muchos test y que la mayoría fallan de modo que en realidad, más allá de crear falsas alarmas que “justifiquen” el actual despotismo de nuestra casta cleptocrática parasitaria no hay demasiado problema sanitario relevante ni en necesidad de hospitalizaciones ni en fallecidos POR sobornavirus.

Ahora bien la explicación del enigma es que el BOE del 17 de junio establece toda una pedrea de pasta fresca a repartir entre las burocracias autonómicas por supuesto afectado. Y, a pillar que son dos días y la ocasión pintan calvo que el dinero público no es de nadie, la catedrática dixit.

Este asunto mohatrero típico del monipodio español me recuerda a un ilustre escritor ruso, Gogol, que fue un alma atormentada que sufrió mucho. Aunque hay muchas diferencias sustanciales, hoy Rusia dispone de un gran estadista y nosotros una cosecha, crianza y reserva de inútiles, y / o vendidos al oro de Soros, también existen ciertos parecidos profundos entre España y Rusia. La Pardo Bazán, estudiosa de la novela rusa y hoy tan de actualidad por lo de su antiguo pazo en Meirás, comparaba a España con Rusia: “dos pueblos antiguos y a la vez jóvenes que aún ignoran adónde les empujará el porvenir, y no aciertan a poner de acuerdo la tradición con las aspiraciones”.

Se considera a Gogol como el padre de la novela realista rusa. Su primera obra, “El Inspector”, es la historia de una corrupción equivocada. No en el sentido moral, que todas lo son, sino en el de sobornar a destinatario equivocado. Los corruptores, los caciques locales, confunden a un pobre diablo recién llegado con el temido inspector que viene a revisar la situación desde la capital. Primero censurada, luego autorizada expresamente por el propio zar Nicolás I, su estreno en San Petesburgo constituyó un gran escándalo. No obstante, gustó mucho en Moscú, con un público diferente y más sensible al asunto criticado. Dejo al amable lector su aplicación al caso español.

Después de este gran éxito, Gogol escribió la que se considera su obra maestra “Las almas muertas” que refleja con singular humor y maestría la peculiar situación de la sociedad rusa en relación con la servidumbre. El protagonista, Chichikov, consejero de Estado, propietario viaja por motivos particulares.  Muy “particulares” aprovechando la existencia de instituciones tradicionales como los siervos y la relativa inoperancia de la administración rusa, salvo en la cuestión represiva policial. En el caso de España, la eficaz sería Hacienda.

A Chichikov se le ocurre que puede aprovecharse del retraso con el que la administración zarista actualizaba el censo de siervos varones, “almas”, en su terminología, comprándoselas a sus antiguos propietarios. Estos se benefician al librarse de pagar la contribución que les correspondería hasta que fueran dados oficialmente de baja y el pícaro puede utilizarlos como ejército fantasma, como prenda ficticia para conseguir sus propias concesiones o proyectos ante la burocracia zarista.

Chichikov tiene ahora muchos nombres. Se encuentra desdoblado en múltiples personalidades y partidos políticos. Poco antes de morir, Gogol quemó una segunda parte de sus aventuras de modo que no sabemos cuál sería el final previsto por el Autor. Pero acaso el final no está escrito por el Autor sino por los personajes. Suponiendo que, como mucho nos tememos, ya no estemos todos muertos.

Muertos, eso sí, pero cotizantes para nuestros corruptos próceres borbónicos que aunque de incompetencia demostrada en resolver algo útil para sus expoliados súbditos, sin embargo son capaces de afeitar un huevo a la hora de arrebañar dineros ajenos y pillar poder y negocio. No sé. Lo mismo ordenan censurar a Gogol en las redes por “fake”, fraudulento y subversivo.

Nota: la imagen del virus con corona procede de la toma de posesión en Galicia

 

 

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